Si cuando fue la rebelión de abril me hubieran
matado con ellos
yo no te habría conocido:
y si ahora hubiera sido la rebelión de abril
me hubieran matado con ellos. (Ernesto Cardenal)
Si alandar hubiera nacido en 1984 esta columna
seria mucho más fácil de escribir. Con sólo
hacer referencia a Orwell y su Gran Hermano tendría
ya escritos, como poco, dos párrafos sobre ese genial
mundo donde la realidad transcurre en términos opuestos
a los de una sociedad ideal: opresiva, totalitaria e indeseable,
donde el Estado omnipresente obliga a cumplir las leyes y
normas a los miembros del partido totalitario mediante el
adoctrinamiento, la propaganda, el miedo y el castigo despiadado
Pero no. A los fundadores sólo se les ocurrió
iniciar esta aventura en 1983, un año que, por mucho
que busques en Google, Wikipedia y demás no destaca
por casi nada. Llevábamos cinco años de pontificado
de Juan Pablo II, fue el año en que este Papa visitó
Nicaragua y humilló públicamente en el aeropuerto
a Ernesto Cardenal, el ministro-sacerdote de la boina. El
premio Nobel de la Paz fue para Lech Walesa y el Cervantes
para Rafael Alberti. Murió Joan Miró. Nació
Bart Simpson y el baloncesto en silla de ruedas se consagró
como deporte olímpico.
En España nos acostumbrábamos a vivir en libertad
democrática. Un año antes había arrasado
el PSOE con su lema “por el cambio” y aunque se
empezaban a notar esas transformaciones sociales y políticas,
lo más patente era el desarrollo económico y
de infraestructuras, muy impulsado por la celebración
el año anterior del mundial de futbol. Los movimientos
sociales eran casi desconocidos: no había casi ONGs,
salvo las ligadas a la Iglesia (y además no se conocían
por ese nombre) y tendrían que pasar aún 10
años para que unos cuantos utópicos acamparan
e hicieran huelga por el 0’7 y + en pleno Paseo de la
Castellana, entre otros muchos lugares.
Y sin embargo yo recuerdo esos años como de fuerte
movilización vecinal. Al menos en mi barrio, en Madrid,
yo tenía apenas trece o catorce años y recuerdo
los coches pitando en caravana, las canciones protesta difundidas
a través de un rudimentario altavoz en la baca de un
coche, las plantaciones de árboles a las que bajábamos
mi padre y yo los sábados y domingos por la mañana.
La Vaguada es Nuestra fue todo un movimiento vecinal de oposición
a la construcción de un centro comercial en unos terrenos
que demandábamos como de uso ciudadano. La gente del
Barrio del Pilar tratábamos de boicotear la aparición
en la puerta de nuestras casas de un templo del consumo. Recuerdo
incluso a uno que se subió a una grúa para paralizar
las obras y los helicópteros de la policía patrullando
día y noche para que no se le abasteciera de agua y
comida…..Y cuando eso no se consiguió, cuando
esa batalla se perdió, se siguieron plantando árboles
para que la Avenida de la ilustración (el cierre norte
de la autopista m-30) no se produjera, lo cual tampoco se
ganó.
Hoy, con la perspectiva de estos 25 años, quiero ante
todo y en primer lugar rendir un homenaje desde estas páginas
a todos esos vecinos y vecinas que trataban de aprender a
vivir en buena vecindad. Tras 40 años de dictadura
los barrios, los vecinos querían ser protagonistas
de las decisiones que se tomaban en sus casas, en sus parques,
en sus hogares. Se salía a la calle y se luchaba por
el mundo que se soñaba. Hoy casi todos los que hace
25 años gritábamos en contra de la Vaguada hacemos
nuestras compras en ella. En justicia habría que decir
que al menos ese centro comercial está integrado en
el paisaje urbano, tiene zonas verdes y fuentes y no es como
esas moles funcionales actuales de mármol, metal y
neones.
En 1983 nacía alandar y algunos, con
apenas estrenada la adolescencia comenzábamos a vislumbrar
que el mundo giraba en una dirección diferente a la
que nos gustaba. Nuestros mayores nos enseñaban a gritar
y a cantar, a revolvernos y a protestar de forma creativa,
lúdica contar las injusticias, contra los atropellos
de los poderosos. Aunque el ministro poeta sacerdote y revolucionario
de la boina negra se tuviera que arrodillar en el aeropuerto
de Managua, merece la pena seguir cantando
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