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 Septiembre 2008 nº 250 - OPINIÓN - ESCALERA AL CIELO

1983
Carlos Ballesteros


Si cuando fue la rebelión de abril me hubieran matado con ellos
yo no te habría conocido:
y si ahora hubiera sido la rebelión de abril
me hubieran matado con ellos. (Ernesto Cardenal)


Si alandar hubiera nacido en 1984 esta columna seria mucho más fácil de escribir. Con sólo hacer referencia a Orwell y su Gran Hermano tendría ya escritos, como poco, dos párrafos sobre ese genial mundo donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal: opresiva, totalitaria e indeseable, donde el Estado omnipresente obliga a cumplir las leyes y normas a los miembros del partido totalitario mediante el adoctrinamiento, la propaganda, el miedo y el castigo despiadado
Pero no. A los fundadores sólo se les ocurrió iniciar esta aventura en 1983, un año que, por mucho que busques en Google, Wikipedia y demás no destaca por casi nada. Llevábamos cinco años de pontificado de Juan Pablo II, fue el año en que este Papa visitó Nicaragua y humilló públicamente en el aeropuerto a Ernesto Cardenal, el ministro-sacerdote de la boina. El premio Nobel de la Paz fue para Lech Walesa y el Cervantes para Rafael Alberti. Murió Joan Miró. Nació Bart Simpson y el baloncesto en silla de ruedas se consagró como deporte olímpico.

En España nos acostumbrábamos a vivir en libertad democrática. Un año antes había arrasado el PSOE con su lema “por el cambio” y aunque se empezaban a notar esas transformaciones sociales y políticas, lo más patente era el desarrollo económico y de infraestructuras, muy impulsado por la celebración el año anterior del mundial de futbol. Los movimientos sociales eran casi desconocidos: no había casi ONGs, salvo las ligadas a la Iglesia (y además no se conocían por ese nombre) y tendrían que pasar aún 10 años para que unos cuantos utópicos acamparan e hicieran huelga por el 0’7 y + en pleno Paseo de la Castellana, entre otros muchos lugares.

Y sin embargo yo recuerdo esos años como de fuerte movilización vecinal. Al menos en mi barrio, en Madrid, yo tenía apenas trece o catorce años y recuerdo los coches pitando en caravana, las canciones protesta difundidas a través de un rudimentario altavoz en la baca de un coche, las plantaciones de árboles a las que bajábamos mi padre y yo los sábados y domingos por la mañana. La Vaguada es Nuestra fue todo un movimiento vecinal de oposición a la construcción de un centro comercial en unos terrenos que demandábamos como de uso ciudadano. La gente del Barrio del Pilar tratábamos de boicotear la aparición en la puerta de nuestras casas de un templo del consumo. Recuerdo incluso a uno que se subió a una grúa para paralizar las obras y los helicópteros de la policía patrullando día y noche para que no se le abasteciera de agua y comida…..Y cuando eso no se consiguió, cuando esa batalla se perdió, se siguieron plantando árboles para que la Avenida de la ilustración (el cierre norte de la autopista m-30) no se produjera, lo cual tampoco se ganó.

Hoy, con la perspectiva de estos 25 años, quiero ante todo y en primer lugar rendir un homenaje desde estas páginas a todos esos vecinos y vecinas que trataban de aprender a vivir en buena vecindad. Tras 40 años de dictadura los barrios, los vecinos querían ser protagonistas de las decisiones que se tomaban en sus casas, en sus parques, en sus hogares. Se salía a la calle y se luchaba por el mundo que se soñaba. Hoy casi todos los que hace 25 años gritábamos en contra de la Vaguada hacemos nuestras compras en ella. En justicia habría que decir que al menos ese centro comercial está integrado en el paisaje urbano, tiene zonas verdes y fuentes y no es como esas moles funcionales actuales de mármol, metal y neones.

En 1983 nacía alandar y algunos, con apenas estrenada la adolescencia comenzábamos a vislumbrar que el mundo giraba en una dirección diferente a la que nos gustaba. Nuestros mayores nos enseñaban a gritar y a cantar, a revolvernos y a protestar de forma creativa, lúdica contar las injusticias, contra los atropellos de los poderosos. Aunque el ministro poeta sacerdote y revolucionario de la boina negra se tuviera que arrodillar en el aeropuerto de Managua, merece la pena seguir cantando


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