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Verbo Divino


Breves


La Directiva europea

La Conferencia Episcopal Española mostró a comienzos de julio su preocupación por la nueva Directiva europea sobre la repatriación de inmigrantes ilegales, pidiendo a los políticos europeos que garanticen los derechos de estas personas. Especialmente, los obispos advertían “sobre el trato con los inmigrantes que son 'retenidos' y devueltos a sus países y con los menores no acompañados, tanto en los plazos de retención, en la forma de devolución a sus respectivos países”. Se unían así a las críticas expresadas el pasado 3 de julio por otros episcopados europeos y americanos, entre ellos los obispos de Guatemala, que en un mensaje consideraban que la Directiva es “excesivamente restrictiva y no ofrece garantías suficientes para el respeto de los Derechos Humanos de los migrantes”.

Cristianos en China
El Chicago Tribune publicó un reportaje sobre el crecimiento del cristianismo en China. Las estadísticas indican que las iglesias cristianas (en clandestinidad la mayoría) cuentan con 70 millones de fieles, una cifra similar a la de los miembros del propio partido comunista. Además cada día hay más cristianos que también son miembros del partido. Durante décadas, la mayoría de los cristianos de China se reunieron en clandestinidad, evitando llamar la atención por temor a ser detenidos y ser acusados de "perturbar el orden público". Pero cada vez se hace más visible la manifestación pública de la fe en la población china y estos temores van desapareciendo.

Cristianos en Australia
Con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud se han dado los datos del catolicismo en Australia. Este país tiene una población de 20 millones 700 mil habitantes, de los que 5 millones 704 mil son católicos; es decir el 27,56 por ciento de la población. Existen 33 circunscripciones eclesiásticas, 1.390 parroquias y 109 centros pastorales de otro tipo. Actualmente hay 65 obispos, 3.125 sacerdotes, 7.950 religiosos, 40 miembros laicos de institutos seculares y 8.192 catequistas. Los seminaristas menores son 83 y los mayores 244.

 Septiembre 2008 nº 250 - IGLESIA

La Iglesia en los comienzos de alandar
Carlos F. Barberá
Recuerdo que, en uno de los primeros Congresos de Teología, un teólogo –se me ocurre un nombre pero no me atrevo a darlo por miedo a que la memoria me traicione- declaró ante la asamblea: “Hace tiempo pensaba que a esta Iglesia sólo le quedaban unos pocos años; después me convencí de que, si empujábamos un poco, cambiaría en unos diez o veinte; ahora ya estoy seguro de que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”.
Si se combina esta predicción con la ley de Murphy –“si algo puede salir mal, saldrá mal”- no cabe duda de que los pronósticos se han cumplido.
El legendario portero seminarista de Ramón Masats

En realidad, cuando en 1983 comenzó a publicarse alandar, todo apuntaba a que la Iglesia de siempre estaba ya manos a la obra cerrando las puertas a piedra y lodo. Lástima que a los padres fundadores del periódico no se les ocurriera la idea de la publicación unos años antes, cuando había por doquier signos de que “otra Iglesia era posible”.

Y es que los años sesenta fueron a partes iguales los de la utopía y la ingenuidad: en el año 66, ciento treinta curas de sotana salían a la calle en Barcelona para protestar contra las torturas a un estudiante y fueron dispersados a porrazo limpio por la policía; en el 68, veintinueve sacerdotes madrileños firman una declaración manifestando su deseo de renunciar a la paga del Estado; también por esa época una asamblea de cristianos de base propone para obispos al P. Llanos, a Mariano Gamo, a Carlos Jiménez de Parga y a mí mismo... Esas cosas pasaban.

Obispos

Sin embargo alandar aparece por primera vez en 1983 y los sucesos ya han perdido su ingenuidad. Es el año en que se jubila precipitadamente a Tarancón y llega a Madrid D. Angel Suquía.

Pero antes de continuar quiero proponer un test al lector. Propongo a continuación una docena de nombres: José Ignacio Munilla Aguirre, Francisco Pérez González, Carlos López Hernández, Agustín Cortés Soriano, Vicente Jiménez Zamora, Julián Barrio Barrio, Casimiro López Llorente, Ángel Rubio Castro, Demetrio Fernández González, Jaume Pujol Balcells, Bernardo Álvarez Afonso, José Manuel Lorca Planes. ¿Le suena al lector alguno de estos nombres? Pues son los de los obispos de doce diócesis españolas. Si “por sus obras los conoceréis”, parece que apenas deben tener obras. O quizá es que, como decía Voltaire refiriéndose a una institución de su tiempo, “son tan buenos que nunca han dado nada que hablar”.

Es que en julio de 1985 llegaba a España como nuncio Mario Tagliaferri con un encargo muy concreto de Juan Pablo II: “la renovación en profundidad de la Iglesia en España, víctima de las destructivas fuerzas de la secularización y descristianización y de esa moda de considerar aceptable la reducción del Evangelio al ámbito de lo estrictamente privado”. Así se anunció y a lo largo de diez años el obispo italiano cumplió con creces el encargo. Nunca más un obispo semejante a los Tarancón, Díaz Merchán, Setién o los más jóvenes, Iniesta, Echarren, Palenzuela, Osés... Son, parodiando a Arzalluz, unos tales López y Fernández.

Sacerdotes

Y después de los obispos, les tocó el turno a los curas. El año 1984 Juan Martín Velasco, entonces rector del seminario de Madrid, afirmaba en unas declaraciones: “Nuestra diócesis tiene casi cinco millones de habitantes de los que la mayor parte habitan en la periferia de la ciudad y desde unas circunstancias muy peculiares que son las de un mundo obrero perteneciente a una zona industrial que es de las más importantes de España. Sin excluir la presencia de los seminaristas en los otros sectores de la ciudad, queremos que salgan sensibilizados hacia los problemas de ese mundo que es el mayoritario y que creemos debe ser objeto de prioridad en la acción pastoral de la diócesis.

Insistimos en un tipo de sacerdote más encarnado en la realidad social, en el mundo en el que ejerce el ministerio y más preocupado por la tarea evangelizadora, sin que esto lleve, por supuesto, a oponer la tarea evangelizadora a la administración de los sacramentos y a la atención y la presidencia del culto, pero sí creemos que el talante de los sacerdotes del día de mañana debe ser más de apóstoles encarnados en el mundo en que viven y tratando de evangelizarlo desde el interior”.

Como ya es sabido, en junio de 1984 Suquía cesa a Juan como rector del seminario de Madrid y desde entonces éste se va convirtiendo cada vez más en una fábrica de sacerdotes todos vestidos por el mismo sastre y cortados por el mismo patrón y, a lo que parece, no muy capaces de “encarnarse en la realidad social”. De hecho, cuando hace poco ha sido necesario encontrar un párroco para la Cañada Real de Madrid no ha habido forma de encontrarlo en las filas de esos “nuevos curas”.
Lo más curioso es que la defenestración de Martín Velasco dio lugar en Madrid a un movimiento de curas –los “300 curas en Madrid”- reivindicando que quedase al frente del seminario Andrés García de la Cuerda, que estaba en el anterior equipo. Con tan buen resultado que se quedó... hasta hoy. Hay veces en que es mejor quedarse en casa y –según la conocida maldición del gitano- no meterse en aventuras porque te pueden salir bien.

Hay que recordar que un año antes de comenzar alandar los socialistas habían ganado las elecciones con una mayoría aplastante, justo a tiempo de recibir al Papa Juan Pablo II en su primer viaje a España. Entonces tuvo lugar el famoso discurso de Compostela con la apelación a Europa para que recobrase sus raíces. Ello dio lugar a un volumen colectivo aparecido en Francia titulado “El sueño de Compostela”, en el que se hacía una crítica radical de las aspiraciones del Papa pero de todos modos ahí comenzó ese plan de “nueva evangelización” que parece que aún dura pero que nadie –salvo quizá los “kikos”- sabe en qué consiste.

Los críticos más avisados advierten entonces que, para el Papa, España es la “Polonia de Occidente”, sin darse cuenta de que la actuación de las iglesias española y polaca a lo largo del siglo XIX ha sido completamente opuesta. Mientras que la primera estuvo siempre unida al pueblo y a la pequeña burguesía en sus aspiraciones sociales y nacionales, la española ligó sus destinos al de la alta burguesía y estuvo alejada siempre de las aspiraciones del pueblo. Pero el hecho es que, desde esas ideas, el viaje del Papa viene a dar un espaldarazo a los nuevos tiempos. En Santiago el anfitrión por excelencia es Rouco –porque habla alemán- y en 1984 ya es Arzobispo de Santiago. Ya está en marcha el cambio en la acción pastoral de la Iglesia española. Por desgracia, sus frutos han sido ostensiblemente magros.

Allí comenzó también una dinámica de la jerarquía respecto al partido socialista que curiosamente ha invertido el conocido refrán. La nueva formulación suena así: “Dame pan y te llamaré tonto”.

En efecto, en 1987 don Angel Suquía hace una apelación a Felipe González para que le ayude a financiar la terminación de las obras de la Almudena. Dicho y hecho: una cena con autoridades políticas y financieras trae la promesa de 2.000 millones de pesetas y la continuación de las obras hasta su finalización. El propio Felipe González, Joaquín Leguina como presidente de la Comunidad autónoma y Tierno Galván como alcalde de Madrid aportan cantidades sustanciosas.

En 1993, aprovechando el cuarto viaje del Papa a España, se inaugura la catedral. Joaquín Leguina ha contando así sus impresiones: “Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando llegamos al templo, para esperar dentro la llegada de Juan Pablo II, y los "fieles", que en cantidades apreciables aguardaban fuera, nos abuchearon sin piedad, demostrando una vez más que en este mundo ninguna buena acción queda sin castigo. No sé lo que, en aquella ocasión, pasó por la cabeza de Felipe González, pero por la mía rondó una conseja de mi pobre abuela: “Eso te pasa, niño, por meterte donde nadie te llama”.

Pues algo parecido ha ocurrido también con los acuerdos firmados por la Iglesia y el gobierno de Zapatero en el tema de la financiación de la primera.

Teólogos

Mientras estas cosas tienen lugar en España ¿qué ocurre allende nuestras fronteras? En 1971 Gustavo Gutiérrez ha publicado su libro “Teología de la liberación – Perspectivas”, abriendo así el camino a la primera corriente teológica de importancia producida en el Tercer Mundo.

Por otra parte en 1979 tiene lugar en Nicaragua el triunfo de la revolución sandinista, que ha traído dos importantes novedades. Es la primera revolución en la que han jugado un papel importante los cristianos y es también la primera revolución que se culmina sin represalias. Hay quien establece entre ambos datos una relación de causa a efecto.

Sin embargo ni el libro de Gustavo ni el triunfo en Nicaragua gustan en el Vaticano y se pone en marcha la maquinaria de la contraofensiva. En 1983, ante las cámaras de televisión de todo el mundo, Juan Pablo II amonesta a Ernesto Cardenal, arrodillado para recibirlo en el aeropuerto de Managua. En diciembre de 1984 Fernando Cardenal, jesuita y ministro de educación del gobierno sandinista, es forzado a abandonar la Compañía. En el mismo año José Ratzinger publica el documento “Instrucción sobre algunos aspectos de la teología de la liberación” y entre nosotros Fernando Sebastián tilda a dicha teología de “laboratorio” y acusa a los teólogos latinoamericanos de no ser “teólogos de raza” (sin terminar de explicar de qué raza se trata). Por el contrario Karl Rahner, pocos días antes de morir en abril de 1984, escribió una carta al cardenal Juan Landázuri, de Lima, en la que defendió la ortodoxia de la teología de Gustavo Gutiérrez y de los planteamientos principales de la teología de la liberación.

Y ya que hablamos de teólogos, en 1981 ha tenido lugar el “I Congreso de Teología y Pobreza”, que obtiene un éxito inesperado y que se prolonga hasta hoy en los sucesivos Congresos de Teología, no sin que la Asociación de Teólogos Juan XXIII haya dejado de tener sus problemas con la jerarquía. Quizá es que no son teólogos de raza.

Laicos

Hemos hablado de obispos, de curas y de teólogos. ¿Y qué hacían los laicos? Pues los laicos se mueven en todos los frentes abiertos entonces, que por desdicha en su mayoría siguen estando abiertos ahora: un grupo, “Cristianos por la Paz”, trabaja por ese gran objetivo y por la objeción de conciencia; otros ponen en marcha los “Grupos de Cultura Popular de la Iglesia”, dedicados a la promoción de la mujer; Justicia y Paz inaugura una cátedra ambulante por la paz; otros entran en las cárceles y visitan y ayudan a las personas presas; grupos de la pastoral universitaria montan cada año en el campus de la Complutense un “Día de Solidaridad”; Cáritas abre un centro para transeúntes que dura todavía... La lista podría seguir cubriendo muchas más líneas. Lo que ocurre es que, como sal de la tierra, su trabajo y su estilo aparece sólo esporádicamente en los medios de comunicación

Medios de comunicación

Y hablando de los medios. El Concilio Vaticano II convirtió a la Iglesia católica en noticia diaria y los periódicos abrieron una sección religiosa, degradada más tarde en algunos de ellos a la rúbrica de sociedad.

En 1956 comenzaron en la televisión las emisiones religiosas con una Misa celebrada por el capellán del Caudillo José María Boulart (quien, por cierto, nunca predicaba en las misas ante su distinguido feligrés) Pero es en 1982 cuando se firma un acuerdo entre RTVE y la Conferencia Episcopal española y de ahí surgen los cuatro programas que prácticamente se han mantenido hasta hoy. Lo curioso es que no son esos espacios los que más éxito tienen sino otros emitidos “por libre”: uno, por ejemplo, dedicado a los curas casados y sobre todo la intervención en un programa de Mercedes Milá de una religiosa carmelita, Cristina Kaufmann. Preguntada por la locutora sobre su oración, Cristina improvisa una delante de las cámaras. En días sucesivos, ante la demanda de quienes no han podido contemplarla, hay que emitir varias veces esa intervención. El Espíritu sopla donde quiere.

Y precisamente con la intención de que sople un poco más fuerte, nace alandar. Hasta hoy.


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