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Recuerdo que, en uno de los primeros Congresos de Teología,
un teólogo –se me ocurre un nombre pero no
me atrevo a darlo por miedo a que la memoria me traicione-
declaró ante la asamblea: “Hace tiempo pensaba
que a esta Iglesia sólo le quedaban unos pocos
años; después me convencí de que,
si empujábamos un poco, cambiaría en unos
diez o veinte; ahora ya estoy seguro de que las puertas
del infierno no prevalecerán contra ella”.
Si se combina esta predicción con la ley de Murphy
–“si algo puede salir mal, saldrá mal”-
no cabe duda de que los pronósticos se han cumplido. |
| El legendario portero seminarista de
Ramón Masats |
En realidad, cuando en 1983 comenzó a publicarse alandar,
todo apuntaba a que la Iglesia de siempre estaba ya manos a
la obra cerrando las puertas a piedra y lodo. Lástima
que a los padres fundadores del periódico no se les ocurriera
la idea de la publicación unos años antes, cuando
había por doquier signos de que “otra Iglesia era
posible”.
Y es que los años sesenta fueron a partes iguales los
de la utopía y la ingenuidad: en el año 66, ciento
treinta curas de sotana salían a la calle en Barcelona
para protestar contra las torturas a un estudiante y fueron
dispersados a porrazo limpio por la policía; en el 68,
veintinueve sacerdotes madrileños firman una declaración
manifestando su deseo de renunciar a la paga del Estado; también
por esa época una asamblea de cristianos de base propone
para obispos al P. Llanos, a Mariano Gamo, a Carlos Jiménez
de Parga y a mí mismo... Esas cosas pasaban.
Obispos
Sin embargo alandar aparece por
primera vez en 1983 y los sucesos ya han perdido su ingenuidad.
Es el año en que se jubila precipitadamente a Tarancón
y llega a Madrid D. Angel Suquía.
Pero antes de continuar quiero proponer un test al lector.
Propongo a continuación una docena de nombres: José
Ignacio Munilla Aguirre, Francisco Pérez González,
Carlos López Hernández, Agustín Cortés
Soriano, Vicente Jiménez Zamora, Julián Barrio
Barrio, Casimiro López Llorente, Ángel Rubio
Castro, Demetrio Fernández González, Jaume Pujol
Balcells, Bernardo Álvarez Afonso, José Manuel
Lorca Planes. ¿Le suena al lector alguno de estos nombres?
Pues son los de los obispos de doce diócesis españolas.
Si “por sus obras los conoceréis”, parece
que apenas deben tener obras. O quizá es que, como
decía Voltaire refiriéndose a una institución
de su tiempo, “son tan buenos que nunca han dado nada
que hablar”.
Es que en julio de 1985 llegaba a España como nuncio
Mario Tagliaferri con un encargo muy concreto de Juan Pablo
II: “la renovación en profundidad de la Iglesia
en España, víctima de las destructivas fuerzas
de la secularización y descristianización y
de esa moda de considerar aceptable la reducción del
Evangelio al ámbito de lo estrictamente privado”.
Así se anunció y a lo largo de diez años
el obispo italiano cumplió con creces el encargo. Nunca
más un obispo semejante a los Tarancón, Díaz
Merchán, Setién o los más jóvenes,
Iniesta, Echarren, Palenzuela, Osés... Son, parodiando
a Arzalluz, unos tales López y Fernández.
Sacerdotes
Y después de los obispos, les tocó el turno
a los curas. El año 1984 Juan Martín Velasco,
entonces rector del seminario de Madrid, afirmaba en unas
declaraciones: “Nuestra diócesis tiene casi cinco
millones de habitantes de los que la mayor parte habitan en
la periferia de la ciudad y desde unas circunstancias muy
peculiares que son las de un mundo obrero perteneciente a
una zona industrial que es de las más importantes de
España. Sin excluir la presencia de los seminaristas
en los otros sectores de la ciudad, queremos que salgan sensibilizados
hacia los problemas de ese mundo que es el mayoritario y que
creemos debe ser objeto de prioridad en la acción pastoral
de la diócesis.
Insistimos en un tipo de sacerdote más encarnado en
la realidad social, en el mundo en el que ejerce el ministerio
y más preocupado por la tarea evangelizadora, sin que
esto lleve, por supuesto, a oponer la tarea evangelizadora
a la administración de los sacramentos y a la atención
y la presidencia del culto, pero sí creemos que el
talante de los sacerdotes del día de mañana
debe ser más de apóstoles encarnados en el mundo
en que viven y tratando de evangelizarlo desde el interior”.
Como ya es sabido, en junio de 1984 Suquía cesa a Juan
como rector del seminario de Madrid y desde entonces éste
se va convirtiendo cada vez más en una fábrica
de sacerdotes todos vestidos por el mismo sastre y cortados
por el mismo patrón y, a lo que parece, no muy capaces
de “encarnarse en la realidad social”. De hecho,
cuando hace poco ha sido necesario encontrar un párroco
para la Cañada Real de Madrid no ha habido forma de
encontrarlo en las filas de esos “nuevos curas”.
Lo más curioso es que la defenestración de Martín
Velasco dio lugar en Madrid a un movimiento de curas –los
“300 curas en Madrid”- reivindicando que quedase
al frente del seminario Andrés García de la
Cuerda, que estaba en el anterior equipo. Con tan buen resultado
que se quedó... hasta hoy. Hay veces en que es mejor
quedarse en casa y –según la conocida maldición
del gitano- no meterse en aventuras porque te pueden salir
bien.
Hay que recordar que un año antes de comenzar alandar
los socialistas habían ganado las elecciones con una
mayoría aplastante, justo a tiempo de recibir al Papa
Juan Pablo II en su primer viaje a España. Entonces
tuvo lugar el famoso discurso de Compostela con la apelación
a Europa para que recobrase sus raíces. Ello dio lugar
a un volumen colectivo aparecido en Francia titulado “El
sueño de Compostela”, en el que se hacía
una crítica radical de las aspiraciones del Papa pero
de todos modos ahí comenzó ese plan de “nueva
evangelización” que parece que aún dura
pero que nadie –salvo quizá los “kikos”-
sabe en qué consiste.
Los críticos más avisados advierten entonces
que, para el Papa, España es la “Polonia de Occidente”,
sin darse cuenta de que la actuación de las iglesias
española y polaca a lo largo del siglo XIX ha sido
completamente opuesta. Mientras que la primera estuvo siempre
unida al pueblo y a la pequeña burguesía en
sus aspiraciones sociales y nacionales, la española
ligó sus destinos al de la alta burguesía y
estuvo alejada siempre de las aspiraciones del pueblo. Pero
el hecho es que, desde esas ideas, el viaje del Papa viene
a dar un espaldarazo a los nuevos tiempos. En Santiago el
anfitrión por excelencia es Rouco –porque habla
alemán- y en 1984 ya es Arzobispo de Santiago. Ya está
en marcha el cambio en la acción pastoral de la Iglesia
española. Por desgracia, sus frutos han sido ostensiblemente
magros.
Allí comenzó también una dinámica
de la jerarquía respecto al partido socialista que
curiosamente ha invertido el conocido refrán. La nueva
formulación suena así: “Dame pan y te
llamaré tonto”.
En efecto, en 1987 don Angel Suquía hace una apelación
a Felipe González para que le ayude a financiar la
terminación de las obras de la Almudena. Dicho y hecho:
una cena con autoridades políticas y financieras trae
la promesa de 2.000 millones de pesetas y la continuación
de las obras hasta su finalización. El propio Felipe
González, Joaquín Leguina como presidente de
la Comunidad autónoma y Tierno Galván como alcalde
de Madrid aportan cantidades sustanciosas.
En 1993, aprovechando el cuarto viaje del Papa a España,
se inaugura la catedral. Joaquín Leguina ha contando
así sus impresiones: “Nuestra sorpresa fue mayúscula
cuando llegamos al templo, para esperar dentro la llegada
de Juan Pablo II, y los "fieles", que en cantidades
apreciables aguardaban fuera, nos abuchearon sin piedad, demostrando
una vez más que en este mundo ninguna buena acción
queda sin castigo. No sé lo que, en aquella ocasión,
pasó por la cabeza de Felipe González, pero
por la mía rondó una conseja de mi pobre abuela:
“Eso te pasa, niño, por meterte donde nadie te
llama”.
Pues algo parecido ha ocurrido también con los acuerdos
firmados por la Iglesia y el gobierno de Zapatero en el tema
de la financiación de la primera.
Teólogos
Mientras estas cosas tienen lugar en España ¿qué
ocurre allende nuestras fronteras? En 1971 Gustavo Gutiérrez
ha publicado su libro “Teología de la liberación
– Perspectivas”, abriendo así el camino
a la primera corriente teológica de importancia producida
en el Tercer Mundo.
Por otra parte en 1979 tiene lugar en Nicaragua el triunfo
de la revolución sandinista, que ha traído dos
importantes novedades. Es la primera revolución en
la que han jugado un papel importante los cristianos y es
también la primera revolución que se culmina
sin represalias. Hay quien establece entre ambos datos una
relación de causa a efecto.
Sin embargo ni el libro de Gustavo ni el triunfo en Nicaragua
gustan en el Vaticano y se pone en marcha la maquinaria de
la contraofensiva. En 1983, ante las cámaras de televisión
de todo el mundo, Juan Pablo II amonesta a Ernesto Cardenal,
arrodillado para recibirlo en el aeropuerto de Managua. En
diciembre de 1984 Fernando Cardenal, jesuita y ministro de
educación del gobierno sandinista, es forzado a abandonar
la Compañía. En el mismo año José
Ratzinger publica el documento “Instrucción sobre
algunos aspectos de la teología de la liberación”
y entre nosotros Fernando Sebastián tilda a dicha teología
de “laboratorio” y acusa a los teólogos
latinoamericanos de no ser “teólogos de raza”
(sin terminar de explicar de qué raza se trata). Por
el contrario Karl Rahner, pocos días antes de morir
en abril de 1984, escribió una carta al cardenal Juan
Landázuri, de Lima, en la que defendió la ortodoxia
de la teología de Gustavo Gutiérrez y de los
planteamientos principales de la teología de la liberación.
Y ya que hablamos de teólogos, en 1981 ha tenido lugar
el “I Congreso de Teología y Pobreza”,
que obtiene un éxito inesperado y que se prolonga hasta
hoy en los sucesivos Congresos de Teología, no sin
que la Asociación de Teólogos Juan XXIII haya
dejado de tener sus problemas con la jerarquía. Quizá
es que no son teólogos de raza.
Laicos
Hemos hablado de obispos, de curas y de teólogos.
¿Y qué hacían los laicos? Pues los laicos
se mueven en todos los frentes abiertos entonces, que por
desdicha en su mayoría siguen estando abiertos ahora:
un grupo, “Cristianos por la Paz”, trabaja por
ese gran objetivo y por la objeción de conciencia;
otros ponen en marcha los “Grupos de Cultura Popular
de la Iglesia”, dedicados a la promoción de la
mujer; Justicia y Paz inaugura una cátedra ambulante
por la paz; otros entran en las cárceles y visitan
y ayudan a las personas presas; grupos de la pastoral universitaria
montan cada año en el campus de la Complutense un “Día
de Solidaridad”; Cáritas abre un centro para
transeúntes que dura todavía... La lista podría
seguir cubriendo muchas más líneas. Lo que ocurre
es que, como sal de la tierra, su trabajo y su estilo aparece
sólo esporádicamente en los medios de comunicación
Medios de comunicación
Y hablando de los medios. El Concilio Vaticano II convirtió
a la Iglesia católica en noticia diaria y los periódicos
abrieron una sección religiosa, degradada más
tarde en algunos de ellos a la rúbrica de sociedad.
En 1956 comenzaron en la televisión las emisiones religiosas
con una Misa celebrada por el capellán del Caudillo
José María Boulart (quien, por cierto, nunca
predicaba en las misas ante su distinguido feligrés)
Pero es en 1982 cuando se firma un acuerdo entre RTVE y la
Conferencia Episcopal española y de ahí surgen
los cuatro programas que prácticamente se han mantenido
hasta hoy. Lo curioso es que no son esos espacios los que
más éxito tienen sino otros emitidos “por
libre”: uno, por ejemplo, dedicado a los curas casados
y sobre todo la intervención en un programa de Mercedes
Milá de una religiosa carmelita, Cristina Kaufmann.
Preguntada por la locutora sobre su oración, Cristina
improvisa una delante de las cámaras. En días
sucesivos, ante la demanda de quienes no han podido contemplarla,
hay que emitir varias veces esa intervención. El Espíritu
sopla donde quiere.
Y precisamente con la intención de que sople un poco
más fuerte, nace alandar. Hasta hoy.
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