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Hace 14 años un grupo de cristianos socialistas
vascos creó un grupo de trabajo dentro del Partido
Socialista con la convicción de que entre cristianismo
y socialismo hay una afinidad de valores que pueden converger
en bien de la sociedad. “Al final, entre la igualdad
que preconiza la izquierda y la opción por los
pobres del Evangelio hay una gran afinidad”, dice
Carlos García de Andoin, actual coordinador federal
de Cristianos Socialistas. Ahora mismo este grupo del
PSOE tiene dos senadores y dos diputados. Carlos García
de Andoin es licenciado en Psicología y Teología, |
además de estudiar Ciencias Políticas, tiene 45
años, está casado y tiene dos hijos. Afirma que
“nuestra tarea va más allá del debate entre
la Iglesia y el Estado. Pretendemos que el Partido Socialista
escuche a la parte de la sociedad cristiana que reivindica unos
valores y que esta parte de la sociedad confíe en el
Partido Socialista como un lugar hacia el que llevar las demandas
políticas”. El que fuera director del Servicio
Diocesano de Formación del Laicado de la diócesis
de Bilbao y concejal en el Ayuntamiento de Sestao, asegura que
“pretendemos ser un puente de inserción de cristianos
que quieren plantearse una acción política, porque
la causa de los pobres también se juega en el Boletín
Oficial del Estado”.
¿Cómo se siente cuando escucha de boca
de un obispo que es incompatible ser católico y socialista?
Creo que esta afirmación tiene poca consistencia. Primero
sociológicamente, ya que en España son millones
los católicos practicantes que identifican la política
del Partido Socialista con los valores del Evangelio. El 46%
del electorado del PSOE se declara como católico practicante
y llega a un 68% el de los que se identifica como católico.
Sé que el argumento sociológico no es definitivo,
por eso podemos ir a una comparativa de lo que son las políticas
socialistas con lo que es la Doctrina Social de la Iglesia
(DSI), con la que hay una gran convergencia en temas como
la doctrina sobre el desarrollo de los pueblos, la paz, la
centralidad de la persona en la economía, etc. Reconociendo
que hay puntos de discrepancia con los planteamientos morales
de la Iglesia, como aborto, matrimonios homosexuales, se puede
decir que hay otros muchos de convergencia, por los que me
atrevo a decir que gracias al socialismo también avanza
el Reino de Dios.
¿Cómo diría que son en estos
momentos las relaciones entre el Gobierno y la Jerarquía
eclesiástica?
Es evidente que esta legislatura a comenzado con mayor serenidad
que la anterior. El conjunto de los actores políticos,
sociales y religiosos que en la legislatura pasada extremaron
su acción de oposición están experimentado
una especie de revisión sobre la misma. Esto lo experimenta
también la Iglesia. El cardenal Rouco que hoy preside
la CEE es diferente al que ha estado estos años ‘sólo’
como cardenal de Madrid. En este sentido señalaría
la desgana mostrada para la venta del libro en el que se recoge
una larga entrevista, que en un principio probablemente respondiera
a un intento de denuncia y crítica, y que sin embargo
ahora no es adecuado. Además de Roma ha llegado un
mensaje claro, porque ha visto que el Episcopado español
está dividido, no en lo doctrinal pero sí en
la forma de ejercer la acción pública evangelizadora
de la Iglesia y las relaciones con el Gobierno.
¿La reforma de la ley libertad religiosa, que
seguramente se abordará en la segunda parte de la Legislatura,
puede ser un tema conflictivo?
La Ley de Libertad Religiosa indudablemente va a someter a
debate las creencias en nuestra sociedad democrática.
La transición supuso un ánimo de reconciliación,
un pacto constitucional sobre cuál debía ser
el lugar de la Iglesia católica en sus relaciones con
el Estado, pero creo que el cambio que se ha dado en la sociedad
habla de la necesidad de volver a dialogar sobre lo que se
habló hace 30 años. Sería muy importante
llegar a una comprensión de la laicidad en términos
de convivencia, de tolerancia y no en términos de arma
arrojadiza de unos contra otros. Estamos ante esa oportunidad.
Habrá sus tiras y aflojas, pero por parte de los obispos,
por lo que sé, no es una ley que se perciba como algo
‘contra’.
¿Esta revisión puede servir para ‘calmar’
a los sectores más duros con la Iglesia dentro del
PSOE, que preconizan, entre otras cosas, la revisión
de los Acuerdos Iglesia-Estado?
La posición mayoritaria del partido es una posición
de prudencia. A pesar de que pueda apetecer a muchos sectores
‘poner a la Iglesia en su sitio’, mas cuando se
la ha visto actuar como un adversario político, se
impone un planteamiento de responsabilidad. En el Parlamento
ha habido cuatro ocasiones en que iniciativas de Izquierda
Unida, Ezquerra Republicana de Cataluña y del Bloque
Nacionalista Gallego han ido en esa dirección, sin
embargo el PSOE ha votado en contra. Y la acción del
Gobierno en esta materia ha estado presidida por la prudencia
y también observando el proceso de cambio en la sociedad
española. Por otro lado, sí creo que hay algunos
aspectos que se pueden modificar, como la presencia de la
Iglesia en el Ejército o lo que se refiere a las ceremonias
de Estado. Este tipo de avances se pueden realizar sin entrar
en una revisión de acuerdos globales, aunque los acuerdos
no van a ser eternos.
Una de las críticas más fuertes que
está recibiendo el Gobierno es por la implantación
de la asignatura Educación para la Ciudadanía.
En este tema lo primero que hay que clarificar es que la adaptación
de la asignatura al ideario de los colegios católicos
fue el recurso utilizado por FERE para defenderse ante los
obispos. Lo que FERE acordó con el Gobierno fue el
currículo. ¿Qué ocurre?, pues que a pesar
de haber acordado básicamente el currículo y
no viendo Ricardo Blázquez, entonces presidente de
la CEE, problemas, hubo obispos que siguieron presionando.
La manera de salir al paso de las críticas que hacían
estos prelados a la FERE fue pedir ‘un papel que justifique
lo que hacemos’.
Pero se sigue viendo la asignatura como una imposición
moral al derecho de los padres para educar a sus hijos.
Aquí conviene señalar que hoy en la
escuela hay educación en valores, aunque no haya asignatura.
También hay que decir que la concepción cristiana
de la educación es una educación en valores
y nunca sólo en términos de instrucción.
Ha habido tres argumentos que han llevado a la Unión
Europea a recomendar la propuesta de este tipo de currículo
en la enseñanza. La primera razón fue que la
convivencia democrática necesita de la participación
y resulta que el 80% de los jóvenes europeos no vota;
la segunda ha sido la violencia escolar, que hay que atajar,
y la tercera es el muticulturalismo que está generando
la inmigración. Todos ellos son argumentos integrales
para la educación. ¿Esto excluye la educación
de los padres? No, para nada, aunque indudablemente debe ser
en términos de cooperación con ellos. Los padres
tenemos la primera responsabilidad, sin duda, pero no tenemos
la única. De hecho hay padres que cometen verdaderas
barbaridades con sus hijos y si dejáramos la educación
sólo a los padres podríamos ir también
a una selva. Hace falta el concierto de padres, de escuela,
de medios de comunicación, de Estado, de iglesias,
etc, de todos, intentando que esta sociedad sea cada día
mejor, más justa, más solidaria, más
libre.
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