Categoría: Denuncia profética

Denuncia profética

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Víctimas de la privatización de la guerra

Antiguos niños soldado de Uganda y Sierra Leona están siendo utilizados en Irak y Afganistán, donde se emplean como mano de obra barata para operaciones militares. Estos soldados fueron reclutados para trabajar para Aegis Denfence Services, una compañía militar privada que fue contratada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos en 2004 para llevar a cabo operaciones militares en Irak, según desvela un informe emitido por la cadena de televisión Al Jazeera.

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Argentina: desprecio por los derechos humanos y la educación

¿Por qué el gobierno relativiza lo sucedido en la última dictadura argentina? Desde muchos despachos de la Casa Rosada no dudan en desarrollar “el negacionismo” en relación al número de desaparecidos y los resultados económico-sociales de su proyecto político. Gran parte de los integrantes del gobierno está estrechamente ligada a sectores que participaron o que reivindican la dictadura.

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Esa sangre de la que no se habla

A la mitad de la población mundial en edad fértil se le dice que una vez al mes “se pone indispuesta” y es, por tanto, más débil, más frágil, menos valiosa. Como si de una enfermedad se tratara, nos escondemos y ocultamos algo que es –muy al contrario– un signo de salud, un proceso natural y necesario. Si una mujer en edad fértil dejase de tener la regla… ¡entonces sí que estaría enferma!

“Millones de individuos no llegan a ser personas: su vida es solo producir, consumir y divertirse”

Hay muchas experiencias de innovación educativa en nuestro país: necesitamos construir un banco estatal de buenas prácticas escolares. Debemos fortalecer la influencia del sistema educativo en la disminución de las desigualdades. Para ello, las prioridades en recursos humanos, económicos y sociales en el ámbito educativo han de concentrarse en los sectores empobrecidos. Necesitamos poner en relación y coordinar mejor la acción educativa de la familia, el profesorado y los movimientos que actúan en el tiempo libre y la educación no formal. Precisamos recuperar las sabidurías emancipatorias que hay en las diferentes culturas y explorar las experiencias de las religiones que nos enseñan qué es vivir bien, para liberarnos del modelo de sociedad de mercado.

“Las religiones surgen del miedo a la muerte y también de la afirmación de la vida”

En el siglo XXI Dios no es un dato seguro, ni para la filosofía, ni para las sociedades secularizadas de nuestro tiempo. Dios es, en el mejor de los casos, un postulado, un anhelo, frente a aquella fatal quiebra que tanto le preocupaba a Unamuno, quien no se resignaba a que “nuestro trabajado linaje humano” se reduzca a “una fatídica procesión de fantasmas que van de la nada a la nada”. Pero lo cierto es que, deseos aparte, nada ni nadie puede asegurar que exista Dios. Dios carece ya de detractores empedernidos y de defensores acalorados. Su hegemonía de antaño ha entrado en declive. Dios se ha eclipsado, pero este es, sin embargo, el tiempo de lo religioso. Disminuye el número de creyentes y aumenta el de personas que buscan, por libre, la Trascendencia y una espiritualidad laica.

Crónica del hambre anunciada

Como cada año la escasez llega con la estación de las lluvias a los países del Sahel, una de las zonas del planeta más expuestas al hambre. Cinco meses de hambre predecible y evitable que amenaza a más de 30 millones de personas. Mauritania, Mali, Burkina Faso, Níger y Chad entre los países más afectados donde la vulnerabilidad es crónica y se agrava por los conflictos y la violencia.

Una de cada dos personas vive en la pobreza en el Sahel. El cambio climático provoca sequías e inundaciones cada vez más intensas, frecuentes y menos predecibles que degradan el suelo, único recurso para una población que vive de la agricultura y ganadería de subsistencia. Esta situación significa que la población no puede sobrevivir en momentos de extrema precariedad porque ya arrastran enfermedades y desnutrición que los hace aún más vulnerables.

“La pobreza aquí es explosiva, pero hay una juventud dinámica que nos brinda esperanza todos los días”

La llamaron por teléfono para que oyera los gritos de su marido mientras lo torturaban. La policía de Stroessner quería dar una vuelta de tuerca al dolor. La angustia y el sufrimiento que provocó aquella llamada terminó siendo mortal. Se sintió mal y salió de su casa, nadie la atendió. El miedo la paralizaba. Un infarto acabó por destrozarle el corazón ya herido. Se llamaba Celestina Pérez y era la esposa del hombre con quien estoy ahora, cuarenta años después de aquello.

Me encuentro con Martín Almada en su casa de Asunción. Ya es de noche y a la mañana siguiente tiene previsto viajar a Francia para asistir a unas jornadas universitarias sobre la Operación Cóndor, aquel pacto criminal entre los gobiernos militares de la década de los setenta -Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay- que dejó un reguero de miles de víctimas en esa región del Cono Sur.

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