El resultado de las pasadas Elecciones Generales supuso para muchas personas un tremendo “uf”, un respiro entrecortado de alivio. A pesar de que la ultraderecha entraba en el Congreso con la nada desdeñable cantidad de 24 diputados y diputadas, el número era bastante inferior a lo que el miedo de la última semana de campaña sugería y no lograban formar gobierno. Un “uf” agridulce porque parece que en nuestro país se ha logrado contener la realidad que no está logrando contener Europa pero al mismo tiempo la sensación de que ya están ahí, con un poderoso altavoz, fondos públicos y capacidad de influir en decisiones parlamentarias.

Ahora, en apenas unos días, volveremos a estar citados a las urnas para responder ante las elecciones europeas, municipales y autonómicas. Unos comicios que tienen cierto regusto a segunda vuelta rápida y ante los que no se puede bajar la guardia. Sí, hay que volver a votar. Pero, ¿basta con eso?

Sin duda la participación en unas elecciones con el voto es un ejercicio democrático ciudadano de primer orden, un derecho conquistado tras muchos años de lucha ante el que merece la pena responder. Sin embargo, la democracia no se agota aquí. Ante el nuevo escenario que se abre, en el que discursos machistas, racistas y homófobos van a estar en las instituciones toca ejercer la ciudadanía desde abajo. Volver a tejer redes. Redes de solidaridad, de cuidados, de empatía, de pedagogía. Cuidarnos y poner en valor para evitar que esos discursos calen en la sociedad.

Sólo así, votando y tejiendo, se podrá detener definitivamente a la bestia.