Ya ha concluido la primera parte del Sínodo extraordinario de los obispos sobre la Familia, el primer gran evento eclesial convocado por el papa Francisco. El resumen de las reuniones ha sido aprobado con placet por los asistentes al sínodo, aunque con desacuerdos en algunos de los puntos más polémicos. El documento final arroja luces y habla sin grandes tapujos de cohabitación y matrimonios civiles. Pone el acento en las relaciones caracterizadas por “profundo afecto” y por “capacidad de pasar pruebas”, se fija en el amor y en el sufrimiento, más que en la norma y la letra.

Para tener conclusiones claras habrá que esperar todavía al año que viene, cuando se vuelvan a reunir los padres sinodales y se materialicen las ideas que este año se han debatido. Los próximos meses serán un tiempo para “madurar con verdadero discernimiento espiritual las ideas propuestas y encontrar soluciones concretas a las tantas dificultades e innumerables desafíos que las familias deben afrontar”, tal y como señaló el pontífice en el discurso final del sínodo.

Desde que se nombró a Francisco como papa y se empezó a respirar un aire nuevo, en alandar hemos lanzado una mirada de esperanza hacia el Vaticano. Hemos pedido que las palabras y los gestos trasciendan y se conviertan en hechos, en medidas prácticas, en cambios necesarios. Parecía que tardaban en producirse pero da la sensación de que, al fin, están al llegar.

Entretanto, hay quienes niegan la realidad, quienes se aferran a que el sínodo no cambiará la doctrina sino que solo lanzará tibias propuestas pastorales, quienes se quedan en el inmovilismo. Son temas mayúsculos para una Iglesia enquistada en siglos de oscuridad. Hay, incluso, rumores de que se podrían estar desarrollando complots contra el papa porque su actitud no gusta en determinados círculos jerárquicos. “Sospechosamente circula en el Vaticano la opinión de que Francisco, al identificarse más con los círculos de izquierda y alejarse de los de derecha, está viviendo muy peligrosamente”, afirmaba un informe publicado por el diario alemán Die Zeit.

No se trata de derechas ni de izquierdas, sino de avanzar y de mirar la realidad, a las personas con sus vidas y sus luchas. Avanzar a un paso que ya parece trote y que dentro de unos meses podrá ir, incluso, al galope. Lo que podemos decir con seguridad es lo de aquel poema de Goethe –que no Don Quijote–: “sus estridentes ladridos solo son señal de que cabalgamos”.