Inés Arrimadas en el Parlament de Catalunya

Inés Arrimadas es ya bien conocida por la sociedad catalana tras su paso por el Parlament. Foto. EFE

Arrimar es un verbo sorprendente puesto que entre sus diversas acepciones (ver el DRAE) hay algunas de ellas antagónicas. Seguramente la primera que viene a la mente es la de acercarse y así es como decimos que las parejas de enamorados van “bien arrimaditos” o para llevar adelante una tarea común “arrimamos el hombro”.

Pero tiene otra acepción totalmente opuesta: usado con nombres expresivos de cosas materiales, sirve para señalar que se deja o abandona la profesión, ejercicio, etc., simbolizados por ellas. Así es como “arrimar el bastón” significaría abandonar el cargo, “arrimar los libros”, dejar los estudios o, incluso “arrimar a alguien”, apartar o privarlo de la confianza de uno.

Y todo ello viene a cuento de la diputada de Ciudadanos Inés Arrimadas, recientemente aterrizada en el Congreso de los Diputados pero ya bien conocida por la sociedad catalana tras su paso por el Parlament de Catalunya, donde fue Jefa de la Oposición en virtud de la victoria del partido Ciudadanos con 36 escaños el 21 de diciembre de 2017, la consulta excepcional convocada por el Presidente del Gobierno Mariano Rajoy a partir de la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

Recién llegada a Madrid ya ha llevado a cabo algunas acciones para presentarse a nivel nacional, como la polémica asistencia a la manifestación del Orgullo en Madrid o sus gesticulaciones faciales durante la sesión de investidura de Sánchez. Anteriormente había sido conocida por su colección de carteles en el plenario, por su decisión de arrimar –en el sentido de apartar– al President Quim Torra, evitando cualquier contacto, reunión o entente con éste o por sus polémicas visitas a poblaciones diversas con objetivo de polemizar y generar confrontación. En una de ellas, Tortosa en julio de 2018, parte de la ciudadanía actuó sabiamente arrimándola –en el sentido de ignorar–en su paseo por la ciudad. De ahí surgió una nueva acepción para el verbo en cuestión, “hacer un Tortosa”.

En el ámbito personal se arrimó –en el sentido de acercarse– para casarse con un político de Unió Democrática de Catalunya, quien tiempo después fue arrimado, o se dejó arrimar –en el sentido de apartar– al sector privado. Con la crisis de identidad del partido naranja, hay quien ya especula si Arrimadas se habrá arrimado –en el sentido de acercar– a Albert Rivera para arrimarlo –en el sentido de apartar– en un futuro.

Mal vamos en la gestión del día a día de lo público con las actitudes de apartamiento, cada vez más extendidas entre la clase política: vetos a personas, líneas rojas en las negociaciones, “cordones sanitarios” a determinadas opciones políticas con excusas diversas –nacionalistas, independentistas, terroristas, populistas…–, parecen ir en la misma línea de la exclusión. Por suerte los y las ciudadanas tenemos la oportunidad cada cuatro años de arrimarnos –en el sentido de acercar– a una u otra opción o de arrimarlos –en el sentido de apartar– fuera del espacio político. Y por suerte, también somos cada vez más conscientes de la incongruencia de fijar nuestra confianza ciega y eternamente en una opción y de la necesidad de valorar a nuestros representantes cada periodo electoral, depositando nuestra confianza en unas u otras opciones políticas, según nuestro propio parecer.