ALANDAR y la historia
Veinte años no es nada (ya lo
dice el tango)
Juan Ignacio Cortés Algunas cosas
han cambiando, indudablemente, desde que salimos a la
calle un fausto día de octubre del año
del Señor de 1983, “con la mochila llena
de papeles (escritos a la luz de la vida)”. En
aquel entonces se cumplía el primer año
de un Gobierno socialista en España que todavía
suponía una esperanza; no éramos del todo
europeos, aunque estábamos cerca; y, en vez de
a Bush II, sufríamos los delirios imperialistas
de un Reagan enfangando en la guerra sucia en América
Latina.
Los años del PSOE
La sociedad española nadaba entonces menos en
la abundancia y parecía más esperanzada
y menos cínica. Mucha gente seguía creyendo
que era posible que nos convirtíesemos en un
país no alineado, y ALANDAR reflejaba la lucha
de multitud de colectivos, muchos de ellos de raigambre
cristiana, para impedir nuestra entrada en la OTAN.
En el número de febrero de 1986, que salio a
la luz días antes del referédum, se ironizaba
con las famosas palabras de Felipe González –ya
saben, aquello de “OTAN, de entrada no”.
El titular del comentario de primera era “OTAN,
de salida sí”.
Unos meses atrás, el periódico había
publicado la foto del mismo González y del ministro
de Exteriores, Fernando Morán, firmando el tratado
de adhesión a lo que entonces era la Comunidad
Económica Europea. ALANDAR hacía votos
para que la Europa de los 12 tuviese una dimensión
bíblica. Nos explicamos citando al agudo comentarista
de entonces: “en la simbología numérica
de la Biblia, eso del doce viene a querer decir algo
así como colectividad, grupos compacto, solidaridad
y demás... Ojalá nosotros... inauguremos
en Europa la era de lo que ese número es capaz
de significar”.
En España preocupaba el paro, la droga, la irrupción
de las sectas y el comienzo de la inmigración
extranjera. Temas que, junto a otros como la situación
de las prisiones o el maltrato femenino, siempre tuvieron
cabida en nuestras páginas. A veces, mucho antes
que en los titulares de los grandes medios.
La inmigración siempre ha sido un tema de la
casa. ALANDAR siempre ha luchado
en favor de un modelo de sociedad capaz de integrar
solidariamente a las personas llegadas de otras partes
del mundo, huyendo de las miserias políticas
o económicas. En enero de 1986, unos meses después
de la aprobación de nuestra aberrante primera
Ley de Extranjería, un amplio reportaje de Nieves
San Martín hablaba de la existencia de 350.000
inmigrantes “ilegales” en España.
En él se podía leer: “ciertamente,
no es la ley con la que estrenar una situación
democrática ni una situación de integración
europea”. Y la autora recordaba cosas tan evidentes
(y tan olvidadas por muchos, entonces y ahora) como
que “ilegal no es igual a delincuente”.
Las venas abiertas de América Latina
Los ochenta avanzan rápido. ALANDAR reflejaba
las tribulaciones de un pueblo centroamericano en guerra
entre sí y con el Imperio. Muchas veces, eran
los representantes de las Iglesias populares de Nicaragua,
El Salvador o Guatemala los que nos contaban las pruebas
a las que se ven sometidos sus martirizados y acosados
pueblos por creer que es posible otra sociedad distinta
y mejor. Más al sur, Chile luchaba por expulsar
a Pinochet del poder. Algo que conseguiría, a
medias, en 1990.
Reagan atacaba Libia en 1986, pero la cosa se quedó
en un bombardeo. Sobre el ex actor norteamericano metido
a líder mundial, un comentario del malogrado
Javier Osés, a la sazón obispo de Huesca,
y un referente para todos los que creíamos y
creemos que también otra Iglesia es posible,
aseguraba: “resulta blasfemo que el señor
Reagan se apoye nada menos que en la Biblia para apoyar
sus tesis armamentistas que nunca se podrán justificar
ni ante Dios ni ante los hombres”.
En la URSS y en Europa del Este, la cosa empezaba a
tambalearse. La economía no daba para más
y la superpotencia pretendidamente comunista comenzaba
su largo y agónico proceso de rendición
ante el poderío económico-militar estadounidense.
En octubre de 1988, ALANDAR reflejaba la intervención
del ministro de Exteriores soviético ante la
XLIII Asamblea General de la ONU: “No queremos
luchar; el amor es aún una posibilidad, aunque
remota”.
Volvamos a España. ALANDAR, al igual que muchos,
se mostraba decepcionado con la política del
PSOE. En mayo de 1986 se celebraban elecciones generales
adelantadas. Bajo el irónico título de
Que usted lo vote bien, comentábamos, en portada:
“el PSOE llegó al poder enarbolando la
bandera de la ética, pero se olvidó de
ella rápidamente. En este sentido, ha dejado
perder una ocasión única para demostrar
que no todos los políticos son iguales”.
Justo un año después, otras elecciones.
Esta vez, parlamentarias, autonómicas y municipales
y europeas. El comentario de ALANDAR: “la verdad
es que el boom político de los años setenta
ha pasado y en la actualidad los españoles hemos
empezado a estar de vuelta sin apenas haber ido.
Pero en ALANDAR seguíamos apostando por otro
modelo de sociedad y dando cancha a la gente que pensaba
que era posible y luchaba por conseguirla. Así,
seguíamos los pasos de los objetores de conciencia
que, desilusionados con la ley de 1988, a la que acusaban
de recortar un derecho, más que de regularlo,
buscaron nuevas caminos de lucha antimilitarista. Así
nacieron la insumisión y la objección
fiscal. Y, pese a las limitaciones de la ley, la opción
por la Prestación Social Sustitutoria de miles
de jóvenes españoles –es cierto
que por razones bien diferentes, desde las de la comodidad
a las de la conciencia- lograron acabar con el Servicio
Militar Obligatorio.
Conforme el país iba saliendo del sopor de los
40 años de paz y de las convulsiones de la transición,
íbamos abriendo los ojos al mundo y a sus problemas.
Las hambrunas etíopes, los testimonios de los
numerosos misioneros que España tenía
–y tiene- repartidos por el mundo y la labor al
principio casi clandestina de ONGDs eran los revulsivos
que iban haciendo mella en nuestras conciencias. Entonces,
nadie sabía qué era eso del 0,7, ni un
crédito FAD, ni el comercio justo.
La gente se enteró un poco de todo ello gracias
a la profética iniciativa de un grupo de utópicos,
miembros de la Comisión 0,7% de la Asociación
Pro Derechos Humanos de España.
¿El fin de la historia?
Con los ochenta definitivamente atrás, llegaron
al fin algunas utopías, como la de la Revolución
Sandinista en Nicaragua. Pero nacían otras, como
la esperanza, que ahora vive momentos de gran incertidumbre,
que supuso el surgimiento del Ejército Zapatista
de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas. El
muro había caído y la URSS se desintegró
sin remedio, aunque los vientos de libertad en Europa
del Este vinieron acompañados también
de desilusión y de las terribles guerras de los
Balcanes, cuyas heridas aún no han cicatrizado.
Las numerosas guerras de África, con sus millones
de víctimas en Sierra Leona, Congo, Sudán,
Burundi, Angola, Ruanda, Liberia o Costa de Marfil,
casi todas ellas tenían un denominador común:
la lucha encubierta de las potencias occidentales por
el control de los inmensos recursos minerales del continente
negro.
En España, mientras tanto, el PSOE cedía
al poder al PP en 1996 y nuestro comentarista de portada
se preguntaba si de Málaga no habríamos
caído en Malagón. Si ya con el PSOE proliferaban
la ETTs y el empleo precario, la cosa no podía
por menos que ir a más. Como ha ido a más
la presión policial sobre la inmigración.
Por otra parte, problemas como el terrorismo o la existencia
de ocho millones de pobres en España (Cáritas
dixit) no desaparecían. FILESA dejaba paso a
las stock options de telefónica, el despropósito
del Prestige o la altanería con que Aznar nos
metió en la Segunda Guerra del Golfo jugando
a ser potencia mundial .
Pese a todo, en esta hora oscura del amanecer, que diría
Casaldáliga, seguimos alandando, esperando sumar
y animar a alandantes. Porque (dejénme ponerme
cursi) en medio del negro cielo sigue habiendo estrellas
que brillan. Ahí está la constelación
brasileña, con su Lula da Silva, su Iglesia luchadora,
su MST. Ahí está la ATTAC y el Foro Social
Mundial. Ahí está la demostración
de ciudadanía de la sociedad española
protestando contra la guerra de Irak...
Como rezaba una declaración de Cristianisme i
Justicia reproducida en la portada de ALANDAR hace más
de 10 años: “a lo largo de la historia
se han vivido momentos tan preocupantes como el presente
o más. En épocas de crisis pueden “redescubrirse”
mejor los valores solidarios que han permitido al ser
humano desarrollarse a lo largo del tiempo y abrir espacios
de participación política, económica
y social... Afortunadamente, la historia no ha terminado...
Como instituciones cristianas, no queremos ni perder
la esperanza a que la Encarnación de Jesús
nos convoca, ni dejar de avanzar a través de
la dureza de esta vida, de la que también participó
Jesús. A ello invitamos a todos”. En suma,
que la historia continúa abierta y que, como
dicen en Brasil, a luta continua, companheiro.
(Artículo publicado en el nº 200 de Alandar,
septiembre de 2003)
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