Iglesia: ni contigo ni sin ti
Raquel Ortiz de Luzón
En la portada del primer número
de Alandar, en una larga declaración de intenciones
titulada Caminante, no hay camino se podía leer
lo siguiente:
“La información religiosa en nuestro
caso tiene un sentido amplio, tan amplio como el campo
de preocupación y de acción de los cristianos
comprometidos en la construcción del Reino de Dios
ya aquí en la tierra.(...) Queremos ser expresión
de una Iglesia que vive y camina en la óptica y
en la dinámica del Concilio Vaticano II atenta
a los signos de los tiempos”.
Bueno, pues la primera, en la frente. Alandar recogía
y hacía suyas las peticiones del Congreso de Teología
de aquel año de 1983: “como contribución
de la Iglesia española a la causa de la paz y por
fidelidad a la pureza del Evangelio, pedimos la desmilitarización
del clero castrense y que se prohíba la presencia
de armas en las misas”.
Frente a esa página, las primeras cartas al director
pedían pluralismo de verdad en la Iglesia, se solicitaba
para Madrid un obispo con un perfil de “hombre
para el pueblo” y se criticaba el papel de
la mujer en la Iglesia. ¿Ha pasado mucho ó
poco tiempo desde que se escribieron esas cartas?
Alandar siempre siguió con interés el devenir
de la Conferencia Episcopal y no dejaba pasar una para
ofrecer su punto de vista. A los pocos meses del nacimiento
de la revista, el arzobispo Díaz Merchán
era reelegido presidente de la Conferencia, lo que para
nuestra publicación se consideraba entonces un
“continuismo renovador”.
En abril de 1984, salía a la luz un polémico
estudio de Ratzinger sobre la teología de la liberación.
Entre otros disparos a la línea de flotación
de este pensamiento teológico, el cardenal alemán
decía que esa teología es un “peligro
fundamental para la fe de la Iglesia cuya gravedad es
frecuentemente infravalorada porque no entra en alguno
de los esquemas de herejía existentes hasta hoy”.
En los primeros años, a lo largo de diferentes
artículos se intentaba despejar la duda que aún
no estaban bien encajados los engranajes de la Iglesia
con los hábitos democráticos del país.
“Los cristianos en una sociedad democrática
–escribía un articulista- nos sentimos como
peces en su agua natural; nadando, perplejos, en un mar
de pluralismos y entre contradicciones y discernimientos.
Perplejos pero no confusos, no despistados, no descomprometidos”.
El Papa camino de América
En 1984, Juan Pablo II pasaba por España camino
de América para iniciar las celebraciones del quinto
centenario de la evangelización de ese continente.
Este complejo asunto dio mucho que hablar y que escribir
a partir de entonces en las páginas de Alandar.
Una cita de los libros de Chilam Balam ponía el
dedo en la llaga: “los muy cristianos llegaron
aquí con el verdadero Dios; pero eso fue el principio
de la miseria nuestra”.
Por su parte, Pedro Casaldáliga, otro de los grandes
personajes eclesiales asiduos en las páginas de
esta revista, ya escribía en esa época:
“en mi corazón, yo le he pedido a Juan
Pablo II que se venga a Centroamérica, antes de
que sea tarde, si quiere hacer visitas de buen pastor”.
En 1985, se daba noticia del nombramiento de tres
nuevos obispos auxiliares para Madrid. La diócesis
de Madrid se confirmaba como una fructífera cantera:
García-Gasco, Pérez Fernández-Golfín
y Javier Martínez. Al mismo tiempo se dejaba claro
que se había levantado cierta marejada crítica
ante el perfil conservador de los nombrados. Por cierto,
Suquía era entonces nombrado cardenal.
Hablando de obispos, pocos son los que, en estos años
accedieron a hablar con Alandar, tampoco la publicación
estaba muy interesada en conocer las opiniones de algunos
de ellos. Sí lo hacía el desaparecido Javier
Osés, quien reconocía que “el
reto para la Iglesia es identificarse como una auténtica
comunidad de Jesús, porque sólo así
se evangeliza”.
El famoso “grupo de los 300” aparecía
por las páginas de Alandar. Estos sacerdotes madrileños
enviaban una carta a Suquía con ocasión
del nombramiento de los obispos auxiliares. Poco después
hacían público su proyecto pastoral en el
que abogaban por el diálogo intraeclesial, una
auténtica Iglesia de los pobres y un horizonte
de esperanza y de utopía.
En 1985, un artículo de fondo profetizaba: “en
poco tiempo vamos a asistir en España al desembarco
del movimiento católico italiano Comunión
y Liberación”. Se basaba en lo que se
cocía en varias parroquias madrileñas, en
alguna que otra conferencia pronunciada y en ciertas maniobras
eclesiales.
En el mismo número de marzo de 1986 coincidían
dos temas. Se anunciaba la publicación –después
de muchas discusiones- por parte de la Conferencia Episcopal
del documento Constructores de la paz, donde se afirmaba
“es preciso promover todo aquello que nos acerque
a la desaparición de los bloques y al desarme bilateral”.
En la portada de ese ejemplar se anunciaba que había
ganado el “sí” en el referéndum
para la entrada de España en la OTAN.
Un año más tarde, el cardenal Suquía,
que había aparecido mucho en las páginas
de Alandar por la información relativa a la diócesis
de Madrid, vuelve a aparecer, en esta ocasión como
presidente de la Conferencia Episcopal. A su lado, de
vicepresidente, Elías Yanes, su sucesor años
después. El cardenal volvía a ser protagonista
de otra polémica por la destitución de Juan
de Dios Martín Velasco como rector del Seminario
de Madrid, decisión que causó otro revuelo
de importancia.
Otra sonora polémica ocupaba algunas páginas:
la suscitada entre la Coordinadora de la Iglesia de Base
de Madrid y la Comisión Episcopal para la Doctrina
de la Fe, que en noviembre de 1986 publicaba una dura
“nota informativa” sobre el Documento-Programa
de la Primera Asamblea de Cristianos de Base de Madrid.
Estos últimos contestaban: “quisiéramos
saber si esto de la comunión les obliga también
a ustedes los obispos a algo, o alude sólo a la
obligación de los cristianos de estar en comunión
con ustedes”.
Tiempos de silencio
El golpe de timón en Vida Nueva y en mayo
de 1988 la destitución de Juan Antonio Estrada,
José María Castillo de la Facultad de Teología
de Granada y de Benjamín Forcano como director
de Misión Abierta. A los pocos días y en
un ambiente festivo, el arzobispo Lefèbvre hacía
público su cisma en Ecône, dando así
un baculazo tridentino a las autoridades vaticanas. Mientras,
Casaldáliga visitaba el Vaticano, le tenían
que prestar una sotana para ser recibido por las autoridades
y volvía a Brasil con la maleta llena de las reprimendas
que le habían echado en los despachos romanos.
Muere monseñor Proaño, “el obispo
de los indios” y se monta un revuelo en España
por la llegada a los cines de “La última
tentación de Cristo”.
En marzo de 1989 aparecía en las páginas
de Alandar la famosa “Declaración de
Colonia contra la tutela y por un catolicismo abierto”,
firmada por un grupo de teólogos centroeuropeos.
Este texto hizo correr ríos de tinta. Y ya comenzaba
a sonar el nombre de Jacques Gallot, un obispo francés
que había tenido que retractarse de unas declaraciones
sobre la vida familiar y la moralidad sexual. Años
más tarde, el prelado francés se cansó
de rectificar. En esos meses, Haring publicaba sus memorias,
incluidas las actas del proceso que sufrió por
la Congregación para la Doctrina de la Fe y 62
teólogos españoles se solidarizaban con
la ya mencionada “Declaración de Colonia”.
El Papa visita de nuevo España, va a Santiago
y pasa por Asturias, con polémica incluida de ciertos
sectores de la Iglesia de Base de esta región.
Casaldáliga era amenazado de muerte y otros eran
directamente asesinados: Ellacuría y sus compañeros
caían acribillados a balazos. La conmoción
ante el asesinato recorrió todo el mundo y Alandar
se hizo eco de ello.
En 1990, el cardenal Suquía era reelegido
presidente de la Conferencia Episcopal y otro obispo iba
escalando puestos: Rouco se hacía cargo de la Comisión
de Seminarios y Universidades. Mientras, la sempiterna
guerra de las leyes sobre el sistema educativo seguía
manteniendo batallas. En Madrid se repartía una
carta contra la LOGSE para que se leyera en las misas
del domingo. No todos hicieron caso.
También en 1990, la aventura del Hermano Roger,
en Taizé, cumplía cincuenta años.
A lo largo de la historia de Alandar, en sus páginas
siempre hubo hueco para hablar de esta experiencia ecuménica.
La polémica volvía. Esta vez el discurso
de Suquía inaugurando la Plenaria se interpretó
en la prensa así: “el episcopado arremete
con el aborto, el sexo y la LOGSE”. Al acabar
la dura homilía que el cardenal leyó en
la eucaristía, un espontáneo y solitario
aplauso sonó en la capilla. Era de Kiko Argüello.
Sobre este personaje y su obra neocatecumenal, Alandar
dio buena cuenta a sus lectores. Años más
tarde, varios artículos escritos por una especie
de “topo” infiltrado en las filas neocatecumenales
contaron jugosas informaciones.
El Carmelo se dividía y la secesión
tenía un marcado perfil español. El gran
Pedro Arrupe muere y Nicolás Castellanos se marcha
a Bolivia. El obispo de Palencia, amigo de la revista,
siguió manteniendo una fructífera correspondencia
con Alandar y sus cartas y noticias siempre han tenido
espacio en estas páginas.
Llegó el 92 con su retahíla de acontecimientos,
pompas, circunstancias, declaraciones, manifiestos, pros
y contras y morían Méndez Arceo y el padre
Llanos. Es beatificado Escrivá de Balaguer, Boff
renuncia a su sacerdocio harto del marcaje de las autoridades
eclesiásticas y Rigoberta Menchú recibe
el Nobel de la Paz.
Al año siguiente, Elías Yanes era elegido
presidente de la Conferencia Episcopal, para Alandar un
“hombre moderado, inteligente y abierto al diálogo”.
Seis claretianos, bien conocidos de todos, eran expulsados
de su congregación y el Papa vuelve a España
a inaugurar la catedral de la Almudena. Otro personaje
sin pelos en la lengua aparece por España y presenta
su libro: “Eunucos por el reino de los cielos”,
de Uta Ranke-Heinemann, que concedió una entrevista
a Alandar. Por su parte, la misionera Pilar Espelosín
contaba las matanzas entre hutus y tutsis y acercaban
a los españoles el espanto de los sucesos de esa
región africana.
Rouco y sus hermanos
Rouco llega a la sede de Madrid y Gaillot vuelve a la
carga publicando “Una Iglesia que no sirve,
no sirve para nada”, mientras los del 0’7
acampaban en la Castellana. Fallece Tarancón y
Alandar le pide a Echarren, en tiempos obispo auxiliar
del cardenal, un artículo donde se escribe: “fue
feliz incluso cuando se sintió marginado por quienes
sólo le debían agradecimiento”.
En 1995, se recuerdan póstumamente las figuras
de dos personajes tan distintos como Diamantino García,
el cura jornalero y Yves Congar, el teólogo dominico.
También aparece con asiduidad otro personaje de
relieve: Samuel Ruiz, que tras el levantamiento zapatista
del año anterior viene ocupando sitio en la información
eclesial. Y una entrevista que Frei Betto, concede a Alandar
viene titulada así: “la eucaristía
es un sacramento socialista”.
A partir de 1996, una iniciativa eclesial original ocupará
regularmente espacios en la revista. La iniciativa “Nosotros
somos Iglesia”, nacida en Austria comienza
a extenderse a otros países. El obispo de Timor
Oriental, Ximénez Belo, recibía el Nobel
de la Paz. Alandar llevaba meses publicando noticias sobre
la situación de Timor.
En septiembre de 1997, un interesante artículo
describía con todo detalle los movimientos del
Opus para ir alcanzando sedes episcopales en América
Latina. A partir de esta época, Alandar opta por
crear una sección nueva titulada “Sucedió
en la Iglesia” en la que se pueden encontrar
jugosas noticias breves sobre la realidad eclesial en
todo el mundo.
En abril de 1998, monseñor Gerardi es asesinado
48 horas después de hacer público el informe
“Guatemala: nunca más”. Otro
obispo, en este caso gallego, llega a las alturas de la
Conferencia Episcopal en 1999. De Rouco se escribe en
un artículo de portada: “cuando un obispo
llega a esas alturas, o es un profeta o se limitará
a hacer lo que la institución espera que haga”.
Ese mismo año muere un profeta: Helder Cámara
y se recogen las interesantes intervenciones de Martini
en el Sínodo de los Obispos de Europa.
Llegó el Jubileo del 2000 y durante ese año
se sucedieron los comentarios sobre el acontecimiento
eclesial y, siguiendo las pautas “alandariegas”,
se pusieron los acentos siguiendo las inquietudes de los
lectores. Y, por fin, se beatificó a Juan XXIII.
Eso sí, en compañía de Pío
IX.
El año 2001 siguió con acontecimientos de
lo más variado, entre otros la censura de varios
escritos de Marciano Vidal, despidos de profesores de
religión, escándalo de Gescartera...
En los últimos tiempos, la información
religiosa de Alandar ha estado más diluida entre
sus páginas, si entendemos como “religiosa”
a cierta información sobre situaciones y personajes
eclesiales. Aunque lo cierto es que, desde un principio,
la Iglesia, el Pueblo de Dios estuvo presente en las páginas
de la revista. Comunidades cristianas populares, cristianos
por el socialismo, movimientos de acción católica,
agentes de pastoral juvenil, parroquias, centro de cultura
popular de la Iglesia, curas casados, movimiento junior,
colectivo de educación de adultos, scouts, cristianos
por la paz, comunidades cristianas de base, religiosos/as
en barrios, curas obreros, insumisos y un larguísimo
etcétera han visto reflejada su vida y su obra
en Alandar.
(Artículo publicado en el nº 200 de Alandar,
septiembre de 2003) |