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 MOVIMIENTOS SOCIALES

La todavíanocracia
Martín Valmaseda

Llamemos a las cosas por su nombre. Sería horrible que todos los que leen ALANDAR supieran griego. Como supongo que no es así, les voy a explicar una palabreja. Yo tampoco sé griego, pero como me lo contaron se lo cuento: Cuando una palabra termina en «cracia» tiene algo que ver con «mandar». Plutocracia es cuando mandan los ricos (porque «pluto», además del perro de Wait Disney, significa rico). Gerontocracia es cuando mandan los más viejos. Aristocracia es el mandato de los mejores (y nosotros nos lo creemos; nos creemos que un aristócrata es mejor...).

Y «¿Democracia?». «Demos» es pueblo. Así que democracia es cuando manda el pueblo. ¡Que le estoy viendo!... Que le estoy viendo torcer el gesto y preguntar: «¿Y dónde manda el pueblo?».

Pues ¿no se cansan de decir que este país, por ejemplo, es una democracia? Y se les llena la boca diciendo «democracia». Suelen decir más bien deMOcracia, así, hinchando la boca al decir MO... Y no digamos cuando uno afirma: «yo soy deMOOOcrata». Pero hay muchos que se siguen preguntando: ¿Y dónde manda el pueblo?

Claro, comparado con lo que había antes, la democracia «orgánica», que no sabíamos de qué órgano se trataba y hasta había opiniones sobre que era un órgano muy concreto... Comparado con lo que había antes, sí, hay un respirillo. Pero como intentamos llamar a cada cosa por su nombre les pregunto a ustedes que son gente inquieta: ¿Se puede llamar democracia a esta democracia?

Para adornarla se la suele llamar a ésta: democracia «occidental». Occidere tiene que ver con morir. Espero que no sea democracia moribunda.

Lo cierto es que nos atiborran la cabeza con eso de que estamos en deMOOOcracia, pero me huelo que falta todavía mucho para poder emplear con propiedad esa palabra. Hasta me atrevo a pedir a la Real Academia de la Lengua que prohíba usar esa palabra, por ahora.

Porque digo yo: ¿A qué se llama «mandar el pueblo»? ¿A que cada cuatro años nos ponen unas listas, más o menos cerradas, de unas personas que sólo conocemos en fotos y de cintura para arriba?

¿Que tenemos que poner unas cruces junto a unos nombres y luego esos nombres, durante cuatro años, pueden hacer lo que les dé la gana, hasta saltarse a la torera las promesas que habían hecho?

Al fin de los cuatro años se les cambian los collares a los perros o los perros a los collares y comienza otra campaña de comedura de coco. Lo que influye en la elección es, más que la honradez o la capacidad (que son difíciles de analizar), la guapura, la facilidad de palabra, el arte del publicista, el sitio donde están colocados los carteles y, sobre todo, el dinero que tiene cada uno para hacer la campaña y pagar buenos «spots» de televisión.

Pues, francamente o popularmente, yo me resisto a llamar a eso democracia. Desde luego que es mejor que lo de los señores de horca y cuchillo medievales y que lo de hace cuarenta años. Pero de eso a llamarlo gobierno del pueblo...

Mientras les saquen a golpes a los jornaleros andaluces de las fincas, mientras se siga torturando y se eche tierra encima de las torturas, mientras el pueblo tenga muy poco que decir en los periódicos y en la televisión, porque siempre son algunos los que allá parten el bacalao, mientras los parados y los pobres tengan que correr con los gastos del progreso... a mí que no me lo llamen democracia... que no me digan que el pueblo manda.

Por eso ruego a la Real Academia que apruebe una nueva palabra en el diccionario: la «todavíanocracia»...; por eso: porque todavía no.

(Columna publicada en los años 80 y reproducida en el nº 200 de Alandar,
septiembre de 2003)
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