Moha Gerehou, presidente de la Federación SOS Racismo, combina su intensa labor de activista antirracista con su trabajo como periodista en eldiario.es. Su empeño en denunciar y hacer pedagogía frente al racismo le ha puesto en el centro de la diana de los xenófobos en multitud de ocasiones. Con todo, no se arredra y el mes pasado lanzó junto a varias personas el movimiento #WeAreMore.

Moha Gerehou afirma que España es, sin duda, racistaPREGUNTA: ¿España es racista?

RESPUESTA: Sin ninguna duda, sí. Vivimos en un mundo en el que por desgracia funciona el racismo. Los distintos territorios operan de una manera u otra, pero España no escapa de ello. A nivel institucional lo vemos en las leyes. La Ley de Extranjería que por el hecho de haber migrado te limita muchísimas posibilidades, como la de trabajar legalmente, con papeles y las mismas condiciones que el resto. A nivel político vivimos en una época en la que lo vemos constantemente. Declaraciones de Pablo Casado que dice que o los inmigrantes se integran o no tienen sitio aquí. El partido Ciudadanos, que ha endurecido este discurso para hablar del cierre de fronteras, militarización de las mismas y criminalización de los que intentan llegar y establecer una vida aquí. A nivel social lo vemos con expresiones: “dúchate que pareces un gitano” o un montón de expresiones que tienen connotación negativa a través de la palabra “negro”. Lo vemos en los colegios, desde pequeño te hacen ser consciente de que eres negro…

P: ¿Cuáles son las conductas racistas más graves que se dan a nivel institucional?

R: Tienen que ver sobre todo con la Ley de Extranjería, que por el hecho de haber migrado te complican la vida, complican que puedas desarrollarte, necesitas tres meses de arraigo para poder estar aquí… Y por tanto eso hace que tengas que desarrollarte en los márgenes de la ley y no puedas acceder a algunos servicios como puede ser la sanidad. Hemos visto cómo pacientes enfermos de cáncer y migrantes no podían acceder a los servicios de sanidad. Es fundamental hacer un trabajo desde las instituciones. Evitar que el color de piel, que el haber migrado, te quite derechos y no te permita acceder a servicios que te corresponden como ciudadano. Se puede hacer mucho trabajo a muchos niveles, ya no solo dentro de las leyes que son racistas, sino en leyes que no tienen perspectiva antirracista. Por ejemplo, hace poco se hablaba de la reforma del alquiler y no se hablaba desde una perspectiva antirracista desde la cual la gente negra o las mujeres con velo directamente no nos podemos plantear una regulación del alquiler cuando ni siquiera podemos pasar una entrevista por nuestro color de piel, por el hecho de haber migrado o por el hecho de llevar velo o ser musulmán. No sólo exigimos que se eliminen las leyes racistas, como la de extranjería, sino aplicar leyes con una mirada antirracista.

P: ¿Y cuáles son aquellas en las que caemos las personas que no queremos ser racistas?

R: Lo vemos en el lenguaje que utilizamos, en nuestro día a día, lo vemos en la mirada que hay hacia la población negra, una mirada criminalizante. Lo vemos en las películas, en las series en las que las personas racializadas siempre aparecemos dentro de unos estereotipos, dentro de unos márgenes. Es muy difícil hacer papeles fuera de ellos. Necesitamos representaciones fieles a la realidad y no centradas en estereotipos.

P: ¿Cómo nos vacunamos contra el racismo y cómo se vacuna al país?

R: Para vacunarnos es importante hacer un movimiento amplio. Pienso en el movimiento feminista que ha conseguido hacer una base social amplísima y llegar a todos los niveles y por tanto a partir de ahí va a ser más fácil que construyan cambio. A través de la educación, a través de la empatía, a través de conseguir en la sociedad mirar con una mirada antirracista… A partir de ahí podremos construir un movimiento, una visión y un modo de vida que consiga poner el antirracismo en el centro. Aunque el racismo nos afecte a las personas migrantes y racializadas es responsabilidad de toda la sociedad combatirlo.

P: ¿En qué consiste el movimiento #WeAreMore?

R: Es un movimiento global que ha surgido como respuesta a toda esa ola reaccionaria racista, machista, homófoba y con la premisa de “ser más”. Hay que llevarlo más allá, no mirarlo desde una perspectiva numérica sino de hacerlo ver, hacerlo valer. Necesitamos acciones, políticas, un movimiento que demuestre que somos más. Tenemos que construir algo que nos permita tanto defender los derechos que ya tenemos como conquistar nuevos derechos. En ese punto estamos. #WeAreMore es una llamada a la unidad dentro de unos consensos sociales. Poder construir y generar un llamado desde el feminismo, ecologismo o antirracismo frente a esa ola reaccionaria. Y establecer nuestra propia agenda, nuestro propio marco.

P: ¿Cuáles son los retos más importantes del movimiento antirracista en el corto plazo?

R: Los retos más importantes del movimiento antirracista en el corto plazo están en conseguir un antirracismo en la agenda política. Por desgracia lo que está en la agenda ahora mismo es el racismo, pero no el antirracismo. Por lo tanto, tenemos que conseguir meterlo en la agenda de los partidos, empezando por aquellos que puedan estar más cercanos. Por otro lado, eliminar los aspectos más agresivos de la Ley de Extranjería. También hablar de una política de fronteras que ahora mismo no está permitiendo que barcos de rescate puedan salir a por personas que se están ahogando o que está criminalizando a la activista Helena Maleno por ayudar a salvar vidas. Por último, a la hora de denunciar casos de racismo, que existan recursos para que ningún caso quede impune y se pueda obtener justicia.

P: ¿De dónde sacas las fuerzas para no tirar la toalla?

R: Yo creo que ya no tengo fuerzas, en realidad. Pero al ser una cuestión que prácticamente es de vida o muerte, te anima a seguir. No hay que olvidar el trabajo colectivo, el hecho de estar mucha gente que nos damos apoyo, cariño, soporte y que hace que den ganas de seguir. La lucha contra el racismo es muy cansada, muy agotadora, en la que se ven pocos frutos pero es una lucha que hay que mirar en perspectiva de legado. Entender que estamos trabajando para que quienes están a nuestro lado vivan un poco mejor, no vivan las injusticias que hemos vivido o las vivan en menor intensidad, y así hasta conseguir erradicarlo. Es un paso muy largo, no se pueden desmantelar cinco siglos de orden racial de la nada, pero sí que creo que tenemos que aportar nuestro granito de arena. Yo no me quedaría tranquilo si, por el hecho de que tal vez yo esos cambios no los fuera a ver, no hubiera hecho nada.