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  PREMIOS ALANDAR 2006

Entrega de los Premios alandar
Utopía al alcance de la mano

Fernando Torres


A las siete y media de la tarde. En el Colegio Mayor Chaminade. El que no estuvo se lo perdió. Lo sentimos un montón. Pero los que estuvimos tuvimos un subidón de esperanza que nos animó a seguir en la brecha durante mucho tiempo. Y la sensación de que a nosotros ya no nos para nadie. Por un rato la utopía se nos hizo cercana, la sentimos al alcance de la mano. El corazón no nos cabía en el pecho y quién sabe si alguno de los presentes no se quedó un poco preocupado de la fuerza con que batía el suyo.
Todo lo contrario de otros ambientes eclesiales en los que huele a rancio y alcanfor (de ejemplo nos sirva lo del cardenal de Madrid que pidió expresamente a las religiosas que deseasen participar en la procesión del Corpus que lo hicieran con hábito, en caso contrario no tendrían acceso al espacio reservado para las religiosas).
Los premios alandar son una cita anual e inaplazable para la esperanza. Los que no han ido este año, se lo han perdido. Lo sentimos por ellos. Lo peor ha sido que los hayan cambiado por el fútbol (tenemos la sospecha de que algunos cayeron en la tentación de sustituir alandar por un partido del Mundial). Y, claro, nunca el fútbol constituirá una fuente de esperanza comparable.

Todo esto no lo dice el que suscribe, que no es más que un cronista y testigo, sino las personas que asistieron al acto. Vayan por delante sus palabras, conseguidas a golpe de micrófono. Uno decía: “Estar aquí renueva la esperanza, llena de razones para vivir y creer”. Para otra estaba claro que “siempre es una gozada venir, es una celebración de una Iglesia distinta, diferente, que no está en la provocación por estar sino al lado de los que tiene que estar y lo celebra”. Me encontré con uno que era la primera vez que participaba y me dijo que “he descubierto más personas cerca de mí que pensamos parecido. Es una pena que sea un grupo tan reducido porque estoy seguro de que hay muchos que compartimos un mismo sentir y pensar y que no han venido sólo porque no se han enterado. Es una pena porque si se hubieran enterado, seguro que habrían venido”. Luego se alargó contándome que habría que hacer propaganda en los periódicos, en la radio y en la televisión y este cronista soñó por un momento que quizá algún día alandar se anunciará en prime-time en televisión pero luego se dio cuenta de que quizá no sea ni lo nuestro ni lo del Evangelio por aquello de que Jesús optó siempre por lo sencillo y marginal.

Otras se expresaban con mucho entusiasmo: “Me ha parecido estupendo, fantástico. Quizá porque yo misma me siento un poco rebelde con muchas cosas, me ha parecido todo más fantástico”. Y el grupo, aunque pequeño, hacía que los asistentes se sintiesen confortados: “Lo que más me ha gustado es ver que no estamos solos. Durante un tiempo he llegado a pensar que estaba fuera de la Iglesia y de todo lo que había creído desde pequeña. Pero ahora veo que hay una alternativa y me gusta. No es la Iglesia tradicional en la que hace mucho que no creo. Es otra Iglesia más viva”. Su compañera se animó ante el micrófono y dijo: “Esto ha sido maravilloso, genial, estupendo. Me ha encantado el sentido del humor de todos los que han intervenido, del acto en general, el espíritu abierto, la forma de estar la gente. Y la música ha sido genial. Me ha emocionado de verdad”.Una persona me dijo: “En este acto hemos salido de la clandestinidad porque la mayor parte del tiempo estamos rodeados de gente que tiene unas ideas completamente distintas. Y aquí nos sentimos verdaderamente libres y respiramos una libertad que nos hace mucha falta a todos”. Hasta había una joven venida del otro lado del océano que dijo que “me ha gustado mucho la música, la intervención de Juan Masiá y las Donas que dijeron que iban a decir sólo dos palabras pero dijeron muchas más y muy valiosas”.

Todo esto y mucho más fue la entrega de los premios alandar de este año de 2006. Unos premios que consisten en una pequeña figura de la tortuga icono de la revista. La tortuga que lenta pero segura lleva la Buena Noticia del Evangelio, que no para de caminar, que no se detiene y que es muy longeva.El acto comenzó con la intervención de la directora de la revista, Charo Mármol. Había que dar la bienvenida a todos los participantes. En un tono coloquial nos habló de la revista, de sus esfuerzos y desvelos para conseguir que salga adelante a pesar de los pesares. Todo ello a pesar del servicio de correos que sube continuamente sus tarifas y pone en dificultades la economía de una revista pequeña como alandar. Aún así, la revista sale cada mes. Ahora también en formato electrónico. Sí, alandar ya ha entrado en la era de la tecnología. Claro que todo eso aumenta las dificultades económicas. Es cuestión de que todos seamos conscientes de ello y aportemos un poco más. Para mantener abierto está vínculo de unión entre los que piensan que el Evangelio tiene todo que ver con la libertad y la fraternidad y nada con las exclusiones y las condenas.

La palabra de los premiados

Charo dio paso a Mari Patxi Ayerra, receptora del premio alandar el año pasado y que este año se encarga de presentar al “Col·lectiu de Dones en l’Església”, representado para la ocasión por Mari Pau Trayner y Montserrat Grau. Mari Patxi presentó con su estilo claro y directo a este grupo de mujeres catalanas que pretenden hacerse un hueco en la Iglesia y decir su palabra ecuménica en favor de las mujeres. Recibieron el premio “por su lucha incansable reclamando el lugar de la mujer en la Iglesia, como voz que clama en el desierto? pero sin cansarse nunca de estar empezando siempre”. Un premio merecido a la utopía que nos hace sentirnos a todos más llenos de esperanza.

A continuación intervino Carlos Fernández Barberá, socio fundador y director de alandar durante muchos años, conocido de todos por sus escritos. Subió al estrado para presentar al jesuita y profesor de Bioética Juan Masiá, recientemente apartado de su cátedra en la Universidad Pontificia Comillas como consecuencia de las presiones de los de siempre. Carlos dijo muchas cosas de Juan. Todas buenas. Pero el cronista quiere subrayar tres cosas de las que dijo. Primero, que Juan es un hombre que ha querido promover el diálogo en una sociedad crispada. Segundo, que el premio se le da por su defensa de la libertad. Y, tercero, que Juan es un cristiano libre. Eso ya es decir casi todo lo bueno que se puede decir de una persona. Juan Masiá recogió su tortuga y prometió seguir haciendo camino al andar.

El último premiado era el cantautor Luis Guitarra. Tuvo un presentador de lujo en Siro López. ¿Quién no conoce a Siro López, una persona creativa donde las haya que ha puesto sus cualidades al servicio del Evangelio y de la libertad de los hijos de Dios? Con coleta y todo, Siro subió al estrado y presentó a Luis Guitarra como un músico que se esfuerza por reunir dos realidades hoy separadas pero que han estado unidas durante siglos: el arte y el Evangelio, la belleza y la Iglesia. Porque la belleza y el arte pueden y deben ser maneras de transmitir la Buena Nueva. Siro entregó el premio a Luis Guitarra por haber sido capaz de crear nuevas formas de distribución de su música cantando siempre a los preferidos de Jesús de Nazaret.

Así como Mari Pau Trayner, Montserrat Grau y Juan Masiá agradecieron su premio con unas palabras, Luis Guitarra no tomó la palabra sino la guitarra. Interpretó unas cuantas canciones, acompañado por su grupo, y nos transmitió lo que transmite en sus conciertos: esperanza y cercanía con los marginados y abandonados. Fue su forma de darnos las gracias y de invitarnos a seguir caminando, aunque sea al paso lento de la tortuga.

El acto ya estaba para terminar. Pero la entrega de los premios alandar no ha sido nunca un rito formal sino un encuentro de amigos. Entre todos nos fuimos pasando unas bandejas con algo para picar. Y compartiendo esas pocas cosas nos encontramos unos con otros. Éramos los mismos del principio pero ahora nos unía el mensaje de esperanza que suponen año tras año los premios ALANDAR. El diálogo se hizo fluido, compartiendo experiencias y gozos. En el fondo no era otra cosa que compartir en fe fraternal la esperanza que nos anima a seguir viviendo el Evangelio al andar.


Luis Guitarra. Premio a la creatividad
Anduvo siempre por caminos de compromiso, por comunidades de base. Siempre buscando y siempre con la guitarra y las canciones a cuestas. Trabajó en ONG’s dedicadas a la solidaridad, viajó por todo el mundo y conoció la miseria y la marginación. De repente, desde su fe, toda esa vida comenzó a formar parte de la suya propia.
Por el camino se encontró con Ana y entre los dos crearon dos nuevas vidas. Los dos viven juntos ahora el camino del compromiso y del servicio a los marginados.
Viven en un barrio de Madrid donde hay ya casi más inmigrantes que “nacionales”. Su casa es algo parecido a lo que algunos religiosos y religiosas llaman una “comunidad de inserción”, pero da la impresión de que tomado en serio de verdad. En su casa se reúne un grupo de personas para hacer oración. Desde su casa, Ana ha organizado un sistema de microcréditos para ayudar a las mujeres del barrio en sus dificultades, inútil decir que a la hora de prestar ayuda no se pregunta por la fe ni por la nacionalidad ni por los papeles.
Luis sigue tocando, dando conciertos, componiendo y haciendo de su arte una forma de llegar al corazón de los que escuchan. Pero no le gustaba lo de entrar en el canal comercial de distribución. Así que se puso el mundo por montera y echó un órdago a la grande. Vendería sus discos pero sin ponerles precio. “El precio lo pones tú”. Ese es su lema. Los beneficios son para una ONG que ha fundado él mismo y que redistribuye ese dinero hacia las personas que son el tema de sus canciones. Ha conseguido que hasta los profesionales con los que trabaja en la música se pongan en línea. Cuando preguntó al del estudio de grabación cuánto le iba a cobrar se encontró con la sorpresa de que éste le dijo: “El precio lo pones tú”.



Col·lectiu de Dones en l’Església.
Premio a la utopía

“Estamos cansadas de ser hermanas”. Así nos sacude a todos la representante de este grupo. Son mujeres, de esas que tradicionalmente en la Iglesia no han tenido ni voz ni voto. A lo más para barrer la Iglesia. Pero ellas han despertado, se han levantado y quieren hacernos ver a todos que eso no puede ser, que no es justo, que no es evangélico. Quieren favorecer la aparición de una nueva estructura eclesial desde la paridad.
Son mujeres normales, profesionales, amas de casa. Pero profundamente creyentes en el Evangelio. Cuando han dirigido su mirada a la Iglesia, a la nuestra, han visto la falta de coherencia real con el mensaje evangélico.
No tiene presencia en la estructura actual. No son religiosas, no ocupan cargos de responsabilidad, no tienen cátedras. Por eso se sienten enormemente libres para hablar, para plantear retos y desafíos a la comunidad. ¿Cómo las van a callar? Los mecanismos tradicionales no sirven en este caso. De repente, las que no tenían voz, han abierto la boca y dicen su palabra. Es una palabra adulta y responsable. Es una palabra inclusiva y ecuménica. Miran a la mujer no sólo en la Iglesia sino en el mundo. No sólo en nuestra religión sino en todas las religiones. Hacen su aportación desde su perspectiva de mujeres. Desde ahí leen el Evangelio, lo interpretan y lo aplican a la situación actual. Y sin pretenderlo se han convertido en revolucionarias y objeto de la ira de algunas jerarquías. Pero ellas siguen erre que erre porque creen en la utopía: una iglesia y una comunidad donde la persona sea acogida y aceptada tal y como es, donde se respeten las conciencias y las diferentes opciones sin que quede hueco para ninguna marginación.
www.cdonesesglesia.org

Juan Masiá. Premio a la libertad
Es un hombre mayor. A primera vista no da la impresión de ser un tipo conflictivo ni nada parecido. Más bien comunica un cierto aire de serenidad y paz. Quizá le venga de haber participado muchas veces en la ceremonia del té en el Japón donde pasó muchos años dando clases en la Universidad de Sophia y asesorando en temas de bioética a la conferencia episcopal nipona. Allí estaba feliz y tranquilo, cuando los superiores pensaron que haría una labor mucho mejor en la Universidad Pontificia Comillas y también dedicado a temas de bioética. Tampoco le quedaba mucho tiempo para jubilarse y es de suponer que la vuelta a la patria no le disgustaba. Pero España estaba y está un tanto agitada y crispada.
Tanto en lo político como en lo eclesial. Parece que el diálogo abierto y franco no es fácil. Ahí se llevó la gran sorpresa. Su experiencia en Japón había sido muy otra. Al recibir el premio nos contó que una vez le llamó el obispo de su diócesis para comer con él. Pasaron un buen rato charlando durante el almuerzo. Y sólo al final el obispo le dijo que le había invitado para cumplir con la indicación que le había hecho el nuncio de que le tenía que llamar para avisarle de las cosas que escribía y decía. Como le había invitado a comer, pues ya había cumplido. Aquí se encontró con un ambiente diferente. Tan diferente que un año y pico más tarde, ha sido removido de su cátedra y le han ofrecido la jubilación anticipada. Todo por ser libre en su disentimiento, por prestarse al diálogo abierto.
Dice Juan Masiá que le gustaría un estilo diferente de jerarquía y que no deberíamos tener miedo a la confrontación fraternal de las diversas posturas. Porque sólo así podremos remejernos –en la elección del término se ve que es un hombre clásico– y encontrar todos juntos, al andar, la verdad.

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