Entrega de los Premios alandar
Utopía al alcance de la mano
Fernando Torres
A las siete y media de la tarde. En el Colegio Mayor
Chaminade. El que no estuvo se lo perdió.
Lo sentimos un montón. Pero los que estuvimos
tuvimos un subidón de esperanza que nos animó
a seguir en la brecha durante mucho tiempo. Y la
sensación de que a nosotros ya no nos para
nadie. Por un rato la utopía se nos hizo
cercana, la sentimos al alcance de la mano. El corazón
no nos cabía en el pecho y quién sabe
si alguno de los presentes no se quedó un
poco preocupado de la fuerza con que batía
el suyo. |
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Todo lo contrario de otros ambientes eclesiales en los
que huele a rancio y alcanfor (de ejemplo nos sirva lo
del cardenal de Madrid que pidió expresamente a
las religiosas que deseasen participar en la procesión
del Corpus que lo hicieran con hábito, en caso
contrario no tendrían acceso al espacio reservado
para las religiosas).
Los premios alandar son una cita anual
e inaplazable para la esperanza. Los que no han ido este
año, se lo han perdido. Lo sentimos por ellos.
Lo peor ha sido que los hayan cambiado por el fútbol
(tenemos la sospecha de que algunos cayeron en la tentación
de sustituir alandar por un partido del
Mundial). Y, claro, nunca el fútbol constituirá
una fuente de esperanza comparable.
Todo esto no lo dice el que suscribe, que no es más
que un cronista y testigo, sino las personas que asistieron
al acto. Vayan por delante sus palabras, conseguidas a
golpe de micrófono. Uno decía: “Estar
aquí renueva la esperanza, llena de razones para
vivir y creer”. Para otra estaba claro que “siempre
es una gozada venir, es una celebración de una
Iglesia distinta, diferente, que no está en la
provocación por estar sino al lado de los que tiene
que estar y lo celebra”. Me encontré con
uno que era la primera vez que participaba y me dijo que
“he descubierto más personas cerca de mí
que pensamos parecido. Es una pena que sea un grupo tan
reducido porque estoy seguro de que hay muchos que compartimos
un mismo sentir y pensar y que no han venido sólo
porque no se han enterado. Es una pena porque si se hubieran
enterado, seguro que habrían venido”. Luego
se alargó contándome que habría que
hacer propaganda en los periódicos, en la radio
y en la televisión y este cronista soñó
por un momento que quizá algún día
alandar se anunciará en prime-time
en televisión pero luego se dio cuenta de que quizá
no sea ni lo nuestro ni lo del Evangelio por aquello de
que Jesús optó siempre por lo sencillo y
marginal.
Otras se expresaban con mucho entusiasmo: “Me ha
parecido estupendo, fantástico. Quizá porque
yo misma me siento un poco rebelde con muchas cosas, me
ha parecido todo más fantástico”.
Y el grupo, aunque pequeño, hacía que los
asistentes se sintiesen confortados: “Lo que más
me ha gustado es ver que no estamos solos. Durante un
tiempo he llegado a pensar que estaba fuera de la Iglesia
y de todo lo que había creído desde pequeña.
Pero ahora veo que hay una alternativa y me gusta. No
es la Iglesia tradicional en la que hace mucho que no
creo. Es otra Iglesia más viva”. Su compañera
se animó ante el micrófono y dijo: “Esto
ha sido maravilloso, genial, estupendo. Me ha encantado
el sentido del humor de todos los que han intervenido,
del acto en general, el espíritu abierto, la forma
de estar la gente. Y la música ha sido genial.
Me ha emocionado de verdad”.Una persona me dijo:
“En este acto hemos salido de la clandestinidad
porque la mayor parte del tiempo estamos rodeados de gente
que tiene unas ideas completamente distintas. Y aquí
nos sentimos verdaderamente libres y respiramos una libertad
que nos hace mucha falta a todos”. Hasta había
una joven venida del otro lado del océano que dijo
que “me ha gustado mucho la música, la intervención
de Juan Masiá y las Donas que dijeron que iban
a decir sólo dos palabras pero dijeron muchas más
y muy valiosas”.
Todo esto y mucho más fue la entrega de los premios
alandar de este año de 2006. Unos
premios que consisten en una pequeña figura de
la tortuga icono de la revista. La tortuga que lenta pero
segura lleva la Buena Noticia del Evangelio, que no para
de caminar, que no se detiene y que es muy longeva.El
acto comenzó con la intervención de la directora
de la revista, Charo Mármol. Había que dar
la bienvenida a todos los participantes. En un tono coloquial
nos habló de la revista, de sus esfuerzos y desvelos
para conseguir que salga adelante a pesar de los pesares.
Todo ello a pesar del servicio de correos que sube continuamente
sus tarifas y pone en dificultades la economía
de una revista pequeña como alandar.
Aún así, la revista sale cada mes. Ahora
también en formato electrónico. Sí,
alandar ya ha entrado en la era de la
tecnología. Claro que todo eso aumenta las dificultades
económicas. Es cuestión de que todos seamos
conscientes de ello y aportemos un poco más. Para
mantener abierto está vínculo de unión
entre los que piensan que el Evangelio tiene todo que
ver con la libertad y la fraternidad y nada con las exclusiones
y las condenas. La palabra de los premiados
Charo dio paso a Mari Patxi Ayerra, receptora del premio
alandar el año pasado y que este
año se encarga de presentar al “Col·lectiu
de Dones en l’Església”, representado
para la ocasión por Mari Pau Trayner y Montserrat
Grau. Mari Patxi presentó con su estilo claro y
directo a este grupo de mujeres catalanas que pretenden
hacerse un hueco en la Iglesia y decir su palabra ecuménica
en favor de las mujeres. Recibieron el premio “por
su lucha incansable reclamando el lugar de la mujer en
la Iglesia, como voz que clama en el desierto? pero sin
cansarse nunca de estar empezando siempre”. Un premio
merecido a la utopía que nos hace sentirnos a todos
más llenos de esperanza.
A continuación intervino Carlos Fernández
Barberá, socio fundador y director de alandar
durante muchos años, conocido de todos por sus
escritos. Subió al estrado para presentar al jesuita
y profesor de Bioética Juan Masiá, recientemente
apartado de su cátedra en la Universidad Pontificia
Comillas como consecuencia de las presiones de los de
siempre. Carlos dijo muchas cosas de Juan. Todas buenas.
Pero el cronista quiere subrayar tres cosas de las que
dijo. Primero, que Juan es un hombre que ha querido promover
el diálogo en una sociedad crispada. Segundo, que
el premio se le da por su defensa de la libertad. Y, tercero,
que Juan es un cristiano libre. Eso ya es decir casi todo
lo bueno que se puede decir de una persona. Juan Masiá
recogió su tortuga y prometió seguir haciendo
camino al andar.
El último premiado era el cantautor Luis Guitarra.
Tuvo un presentador de lujo en Siro López. ¿Quién
no conoce a Siro López, una persona creativa donde
las haya que ha puesto sus cualidades al servicio del
Evangelio y de la libertad de los hijos de Dios? Con coleta
y todo, Siro subió al estrado y presentó
a Luis Guitarra como un músico que se esfuerza
por reunir dos realidades hoy separadas pero que han estado
unidas durante siglos: el arte y el Evangelio, la belleza
y la Iglesia. Porque la belleza y el arte pueden y deben
ser maneras de transmitir la Buena Nueva. Siro entregó
el premio a Luis Guitarra por haber sido capaz de crear
nuevas formas de distribución de su música
cantando siempre a los preferidos de Jesús de Nazaret.
Así como Mari Pau Trayner, Montserrat Grau y Juan
Masiá agradecieron su premio con unas palabras,
Luis Guitarra no tomó la palabra sino la guitarra.
Interpretó unas cuantas canciones, acompañado
por su grupo, y nos transmitió lo que transmite
en sus conciertos: esperanza y cercanía con los
marginados y abandonados. Fue su forma de darnos las gracias
y de invitarnos a seguir caminando, aunque sea al paso
lento de la tortuga.
El acto ya estaba para terminar. Pero la entrega de los
premios alandar no ha sido nunca un rito
formal sino un encuentro de amigos. Entre todos nos fuimos
pasando unas bandejas con algo para picar. Y compartiendo
esas pocas cosas nos encontramos unos con otros. Éramos
los mismos del principio pero ahora nos unía el
mensaje de esperanza que suponen año tras año
los premios ALANDAR. El diálogo se hizo fluido,
compartiendo experiencias y gozos. En el fondo no era
otra cosa que compartir en fe fraternal la esperanza que
nos anima a seguir viviendo el Evangelio al andar.
Luis Guitarra.
Premio a la creatividad
Anduvo siempre por caminos de compromiso,
por comunidades de base. Siempre buscando
y siempre con la guitarra y las canciones
a cuestas. Trabajó en ONG’s dedicadas
a la solidaridad, viajó por todo el
mundo y conoció la miseria y la marginación.
De repente, desde su fe, toda esa vida comenzó
a formar parte de la suya propia.
Por el camino se encontró con Ana y
entre los dos crearon dos nuevas vidas. Los
dos viven juntos ahora el camino del compromiso
y del servicio a los marginados.
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Viven en un barrio de Madrid
donde hay ya casi más inmigrantes que
“nacionales”. Su casa es algo
parecido a lo que algunos religiosos y religiosas
llaman una “comunidad de inserción”,
pero da la impresión de que tomado
en serio de verdad. En su casa se reúne
un grupo de personas para hacer oración.
Desde su casa, Ana ha organizado un sistema
de microcréditos para ayudar a las
mujeres del barrio en sus dificultades, inútil
decir que a la hora de prestar ayuda no se
pregunta por la fe ni por la nacionalidad
ni por los papeles.
Luis sigue tocando, dando conciertos, componiendo
y haciendo de su arte una forma de llegar
al corazón de los que escuchan. Pero
no le gustaba lo de entrar en el canal comercial
de distribución. Así que se
puso el mundo por montera y echó un
órdago a la grande. Vendería
sus discos pero sin ponerles precio. “El
precio lo pones tú”. Ese es su
lema. Los beneficios son para una ONG que
ha fundado él mismo y que redistribuye
ese dinero hacia las personas que son el tema
de sus canciones. Ha conseguido que hasta
los profesionales con los que trabaja en la
música se pongan en línea. Cuando
preguntó al del estudio de grabación
cuánto le iba a cobrar se encontró
con la sorpresa de que éste le dijo:
“El precio lo pones tú”.
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Col·lectiu
de Dones en l’Església.
Premio a la utopía
“Estamos cansadas de ser hermanas”.
Así nos sacude a todos la representante
de este grupo. Son mujeres, de esas que tradicionalmente
en la Iglesia no han tenido ni voz ni voto.
A lo más para barrer la Iglesia. Pero
ellas han despertado, se han levantado y quieren
hacernos ver a todos que eso no puede ser,
que no es justo, que no es evangélico.
Quieren favorecer la aparición de una
nueva estructura eclesial desde la paridad.
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Son mujeres normales, profesionales,
amas de casa. Pero profundamente creyentes
en el Evangelio. Cuando han dirigido su mirada
a la Iglesia, a la nuestra, han visto la falta
de coherencia real con el mensaje evangélico.
No tiene presencia en la estructura actual.
No son religiosas, no ocupan cargos de responsabilidad,
no tienen cátedras. Por eso se sienten
enormemente libres para hablar, para plantear
retos y desafíos a la comunidad. ¿Cómo
las van a callar? Los mecanismos tradicionales
no sirven en este caso. De repente, las que
no tenían voz, han abierto la boca
y dicen su palabra. Es una palabra adulta
y responsable. Es una palabra inclusiva y
ecuménica. Miran a la mujer no sólo
en la Iglesia sino en el mundo. No sólo
en nuestra religión sino en todas las
religiones. Hacen su aportación desde
su perspectiva de mujeres. Desde ahí
leen el Evangelio, lo interpretan y lo aplican
a la situación actual. Y sin pretenderlo
se han convertido en revolucionarias y objeto
de la ira de algunas jerarquías. Pero
ellas siguen erre que erre porque creen en
la utopía: una iglesia y una comunidad
donde la persona sea acogida y aceptada tal
y como es, donde se respeten las conciencias
y las diferentes opciones sin que quede hueco
para ninguna marginación.
www.cdonesesglesia.org |
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Juan
Masiá. Premio a la libertad
Es un hombre mayor. A primera vista no da
la impresión de ser un tipo conflictivo
ni nada parecido. Más bien comunica
un cierto aire de serenidad y paz. Quizá
le venga de haber participado muchas veces
en la ceremonia del té en el Japón
donde pasó muchos años dando
clases en la Universidad de Sophia y asesorando
en temas de bioética a la conferencia
episcopal nipona. Allí estaba feliz
y tranquilo, cuando los superiores pensaron
que haría una labor mucho mejor en
la Universidad Pontificia Comillas y también
dedicado a temas de bioética. Tampoco
le quedaba mucho tiempo para jubilarse y es
de suponer que la vuelta a la patria no le
disgustaba. Pero España estaba y está
un tanto agitada y crispada. |
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Tanto en lo político
como en lo eclesial. Parece que el diálogo
abierto y franco no es fácil. Ahí
se llevó la gran sorpresa. Su experiencia
en Japón había sido muy otra.
Al recibir el premio nos contó que
una vez le llamó el obispo de su diócesis
para comer con él. Pasaron un buen
rato charlando durante el almuerzo. Y sólo
al final el obispo le dijo que le había
invitado para cumplir con la indicación
que le había hecho el nuncio de que
le tenía que llamar para avisarle de
las cosas que escribía y decía.
Como le había invitado a comer, pues
ya había cumplido. Aquí se encontró
con un ambiente diferente. Tan diferente que
un año y pico más tarde, ha
sido removido de su cátedra y le han
ofrecido la jubilación anticipada.
Todo por ser libre en su disentimiento, por
prestarse al diálogo abierto.
Dice Juan Masiá que le gustaría
un estilo diferente de jerarquía y
que no deberíamos tener miedo a la
confrontación fraternal de las diversas
posturas. Porque sólo así podremos
remejernos –en la elección del
término se ve que es un hombre clásico–
y encontrar todos juntos, al andar, la verdad.
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