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 Marzo 2008 nº 246 - DESDE OTRO PRISMA

El sentido de la vida
Antonio López Baeza

ME HE PREGUNTADO, muchas veces, por el sentido de mi vida:
¿Todo esto, para qué? ¿Vale la pena el sufrimiento que la vida conlleva, desde el nacimiento a la sepultura?
¿Servirá para algo, para alguien, todo el esfuerzo desarrollado para ser fiel a mí mismo
y cultivar mi originalidad personal y mi misión en este mundo?
Me he preguntado, multitud de veces, sobre el sentido de mi vida.
Y la respuesta, unánime, ha sido:
Tu vida no tienen sentido sin el sentido de la vida de los demás.
No tiene (ni puede tener) sentido nacer y morir, amar, luchar y sufrir,
si no es para edificar en el tiempo el espacio abierto del abrazo más firme y universal.
¡No hay sentido para el "yo", fuera del "nosotros"!
No hay auténtica libertad humana
donde ser libre no consiste en haber roto todos los lazos
del miedo al "otro" y de la ambición que levanta fronteras y cajas fuertes
a fin de defender "lo mío" frente a las necesidades del otro.
No hay libertad que nos libere (y… ¿qué es un humano sin libertad?),
donde un hombre o una mujer, por el mero hecho de ser persona humana,
no pueda dirigirse a otra persona humana
con el nombre de "hermano" en los labios
y los brazos abiertos para la entrega y el perdón.
¡El sentido de la vida es la vida misma vivida como vocación al abrazo!

El sentido de la vida es la aportación de lo que cada uno es,
para que todos lleguen a ser el que cada uno está llamado a ser.
El hombre libre, realizado, que se ha encontrado a sí mismo,
es una persona que se sabe enviada para que todos lleguen a ser, igualmente, libres, realizados, uno con su propio destino.
El hombre libre no cifra su felicidad en alcanzar sus metas individuales, si dichas metas no consisten
en la alegría del ser compartido,
en la admiración y alabanza de lo bueno que en todos encuentra,
y en la lucha solidaria y arriesgada para que a nadie falte
el respeto sagrado y el alimento del amor.

He orado, infinidad de veces, al Señor de la Existencia,
para pedirle luz en mi sendero,
valor en todas mis acciones,
esperanza en el corazón de todos mis fracasos.
Y su respuesta, unánime, sentida vivamente en mi corazón, ha sido:
El Sentido esta dentro: dentro está la Libertad, la Creatividad, el Amor.
Sólo bebiendo en el pozo soterrado de tu vida interior, de tu misteriosa interioridad,
llegarás a ser tú mismo Agua Viva, agua reconfortante y renovadora, para la sed secular de tus hermanos;
y experimentarás, a su vez, la sed más insaciable, esa sed que te empujará
a buscar y buscar, en las aguas más remotas,
hasta poder beber en las Fuentes Increadas del Amor Creador.
¡El Sentido de la Vida sólo puede consistir en llegar a ser Uno con todo el Universo!
¡Como Yo, el Eterno Viviente, soy Uno, con cada una de mis criaturas, en la intimidad de su sediento Corazón!

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