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Antes hubo que encontrar un título. Como cualquiera
de los posibles que se puedan imaginar estaba ya registrado,
a alguien se le ocurrió la frase tópica:
“se hace camino al andar” y de ahí,
en un rapto de inspiración, llegó el título
buscado: Alandar.
No había aún una estructura jurídica
ni fuentes claras de financiación ni un local
propio (se comenzó en el estudio de la arquitecta
Pilar Contreras) ni una red de distribución.
Sólo un grupo de colaboradores y una gran dosis
de buena voluntad.
El número uno
En ese primer número comenzaba la colaboración
mensual de Martín Valmaseda bajo la rúbrica
de “A quien corresponda”. Con variaciones
en el título y con gran éxito de público,
la colaboración se mantendría durante
largos años.
También en el primer número comenzaba
un cómic con la historia de la diócesis
de Madrid, firmado por mí mismo. Pocos sabían
que la diócesis tenía sólo 130
años de existencia y que el primer obispo le
mató de tres disparos un cura llamado Galeote.
Y así sucesivamente.
En diciembre apareció un personaje, Don Green,
pacifista y ecologista, ideado por Juan Miguel Quirós.
Muy pronto, el ámbito acotado –la diócesis
de Madrid- se quedó corto: por ejemplo, en noviembre
de 1984 se publicaba un reportaje sobre la crisis del
YA, un año después aparecía la
figura de Diamantino García, cura obrero y emigrante
en la vendimia francesa... Alandar era ya un periódico
de información nacional.
A los dos años, en diciembre de 1985, Cortés
publicaba una página entera sobre el nacimiento
de Jesús con el título “Y el Verbo
se hizo pis”. Una página a la vez tierna
y crítica que tuvo gran éxito. Dos meses
después comenzaría el “Cántico
de las criaturillas”, del que se habla en otras
páginas de este número, y en marzo de
1998 la tira “Abba”.
Caminos en paralelo
Alandar empezó su recorrido precisamente en el
momento de la llegada de Angel Suquía a la diócesis.
Cuatro años después los vientos restauradores
soplan con fuerza: en marzo de 1987 el colectivo “Curas
en Madrid” publica su informe “Madrid, ¿una
diócesis a la deriva?”; en junio se releva
a Juan Martín Velasco al frente del Seminario;
en diciembre Vida Nueva despide a Pedro Miguel Lamet,
Julián del Olmo, Antonio Cano y Ramón
Ajo. De todo ello da cumplida cuenta Alandar, entre
otras cosas porque los tres últimos son colaboradores
suyos.
Entretanto ha habido una entrevista de Julián
del Olmo con el cardenal Suquía, a quien la revista
no hace mucha gracia. Dada la condición de clérigo
de Julián y como medida cautelar, asume la dirección
de Alandar Pilar Contreras.
En diciembre de 1985 aparecen los dos primeros folletos
Alandar, de los que se da cuenta en otro lugar de este
número. El primero se titula “Yo no soy
ateo” y recoge una entrevista y diversos textos
de Enrique Tierno Galván. El alcalde de Madrid
muere un mes después.
Se llega así, piano pianito, al número
50. Para entonces Alandar es una sociedad anónima
pero eso no ha acabado con sus problemas económicos
y de cuando en cuando los accionistas o los colaboradores
más próximos han de rascarse el bolsillo.
¡Todo sea por la causa!
A las ONCE milagro
Y sin embargo, en 1990 se produce un pequeño
milagro. La ONCE encarga al periódico una serie
de publirreportajes que van a proporcionar un respiro
económico. Y como consecuencia, también
la posibilidad de comprar un local, porque hasta ese
momento la sede social y el almacén son el estudio
de la directora. En efecto, Alandar se traslada y abre
piso propio. Sin embargo, como los milagros son escasos,
la nueva dirección de la ONCE anula el encargo
y la aportación económica. Vuelven los
apuros.
En el número 50 aparece una nueva sección,
la columna de “La garita”, firmada por Julián
Abad. Atento observador de la realidad, Julián
abordará durante quince años los temas
más dispares con inteligencia y agudeza, dando
siempre que pensar.
Y entretanto ¿qué han dicho los obispos?
Pues salvo esa primera intervención del cardenal
Suquía, nada. Al comienzo hubo alguna colaboración
de Iniesta y después nada. Durante unos años
se envió el periódico –no sé
ahora por qué- a Echarren y a Uriarte y al final,
tras su silencio pertinaz, se les borró de la
lista.
En noviembre de 1985, se hace cargo del periódico
como director Ramón Ajo. Periodista de origen
segoviano, estaba en la redacción de Alandar
desde sus comienzos y su nombramiento coincide con el
anuncio de que Alandar comenzará a salir con
cuatro páginas más -es decir, veinte-,
del proyecto de edición de libros y del de pasar
a ser una publicación quincenal. Ni uno ni otro
llegarán a buen puerto.
Una barca a la deriva
La vida sigue y la de la Iglesia se caracteriza por
una deriva inquietante hacia el centralismo y el control
romanos. En su número 56 Alandar publica la “Declaración
de Colonia”, un documento muy crítico firmado
por casi 200 teólogos europeos. Junto al texto
del documento el periódico publica los comentarios
y reacciones.
En mayo de 1989 Alandar se hace eco de alguna marejada
en la COPE y de las quejas del gobiernos socialista
por los continuos ataques al gobierno de esa emisora.
Años más tarde -junio de 1997- Alandar
publicará un dossier sobre le emisora católica
que le traerá bastantes críticas, también
entre sus lectores habituales. Un mes después
es el Ya el que está en crisis y en peligro los
puestos de trabajo de sus empleados.
La vida de la Iglesia está llena de luces y sombras.
Alandar refleja unas y otras: El asesinato de los seis
jesuitas y las dos mujeres en El Salvador, los 50 años
de Taizé, la división en el carmelo teresiano...
Pero entretanto la empresa Alandar ha comprado un local
y el periódico ha cambiado de director. El nuevo
director soy yo mismo, que me incorporo a una tarea
en la que permaneceré diez años.
Antes he dicho que los obispos han ignorado siempre
Alandar. Una excepción: Nicolás Castellanos,
obispo de Palencia, presenta en 1991 su renuncia y va
como misionero a Bolivia. Alandar le despide cariñosamente
y desde entonces recibe siempre sus cartas de navidad
y pascua con un párrafo autógrafo de amistad
y de ánimo.
A finales de 1991 Correos nos juega un par de malas
pasadas. La primera corresponde más al esperpento
nacional, se refiere a cómo y dónde hay
que entregar los periódicos y la contamos en
el número de noviembre.
La segunda es la subida del franqueo en un 1.500 por
100, lo que obliga a subir el precio del periódico
y el de la suscripción.
Hasta ahora no se ha hecho referencia a la página
de humor, que refleja a menudo el excelente de Martín
Valmaseda, que glosa la actualidad por medio de una
fotonovela y que reproduce estampitas, oraciones o fotos
de la vasta colección del esperpento católico.
En enero de 1992 las páginas centrales publican
un calendario de todo el año con su rúbrica
diaria. Por ejemplo: 7 de enero: “se van los reyes”.
8 de enero: “se quedan lo camellos”; 30
de noviembre: San Elmañana; 1 de diciembre: San
Eloy, etc. etc.
En marzo de ese mismo año aparece en portada
un titular: “Necesitamos 35 hombres justos”,
es decir, justamente 35 hombres (o mujeres) que aporten
100.000 pesetas. Los encontramos. A la vez muere el
padre Llanos, muere también Fernando Urbina,
beatifican a Escrivá de Balaguer. Como contrapartida,
Alandar comienza una sección titulada “Buenas
noticias”.
Alandar no es ajeno a los fastos del 92 y en octubre
publica un “Romance de la otra tierra” dedicado
al V Centenario. En noviembre se concede el premio Nobel
de la Paz a Rigoberta Menchú.
1993: Ratzinger presenta el Catecismo de la Iglesia
Católica. Por entonces el catecismo Alandar llevaba
siete ediciones y treinta mil ejemplares vendidos. Ese
mismo año se jubila Don Green y aparece una tira
firmada por Javier Prat con un nuevo personaje, Don
Inocencio, un obispo “que quiere con los hechos
hacer honor a su nombre”.
En abril el periódico publica una carta abierta
del Arzobispo de Cuenca en Ecuador dirigida a Kiko Argüello,
en la que analiza las comunidades neocatecumenales.
Alandar agota su edición y hasta tiene que hacer
fotocopias para atender a quienes solicitan el texto.
En septiembre aparece el número 100 y una cena
convoca al fundador, a los sucesivos directores, a accionistas,
colaboradores y amigos. Parece mentira que hayan pasado
ya diez años.
En diciembre de 1993 Alandar argumenta en su Crónica
la conveniencia de que la renuncia del cardenal Suquía
sea aceptada. Hay que esperar casi un año para
que esto se cumpla. A este propósito hay que
recordar que en una reunión del consejo presbiterial
de Madrid, el arzobispo había dicho: “Me
arrepiento de que he sido demasiado blando con Alandar”.
La verdad es que, salvo la intervención inicial
que se cuenta al principio, no fue ni blando ni duro.
Nunca (nos) dijo nada.
Todo sube y no sólo los globos
Empieza el año 1995. Sube el papel y Alandar
ha de subir su precio. Sin embargo quiere acompañar
esa subida con una apuesta: el periódico aumenta
en cuatro el número de sus páginas, que
irán destinada a documentos. En efecto, hace
tiempo que se viene notando la imposibilidad de recoger
textos interesantes que se producen en distintos ámbitos.
Desde entonces Alandar ha venido haciéndose eco
de declaraciones, manifiestos, testimonios... En el
número de enero aparecen una carta abierta a
Juan Pablo II, un fragmento de la Carta de Adviento-Navidad
de Setién, una declaración sobre la paz
de la VI Conferencia Mundial de las Religiones, un fragmento
de la encíclica Tertio Millenio Adveniente.
Huelga decir que a lo largo de todos estos años
Alandar ha sido eco de todos los movimientos y grupos
que han ido intentando buscar los pocos resquicios que
deja este mundo globalizado para construir relaciones
y crear instituciones más humanas. Desde el movimiento
0,7 que tuvo en su momento tanta repercusión
o el de la condonación de la deuda externa hasta
el movimiento de objeción fiscal pasando las
iniciativas en el Cuarto Mundo, la noviolencia, el comercio
justo, la banca ética, las experiencias contemplativas
y un larguísimo etcétera que incluye miles
de iniciativas de grupos locales, parroquiales, profesionales...
Y lo mismo hay que decir de la vida de la Iglesia pero
eso se cuenta en otro lugar de este número.
Llega el año 2000, en el que supuestamente se
van a descompensar los ordenadores y se producirán
grandes cambios. El único ordenador de Alandar
ya está descompensado de por sí pero en
cambio se produce el cambio de director. Me llega la
hora de la jubilación y toma el mando de Alandar
Javier Malagón.
Alandar es siempre el mismo pero cada director deja
inevitablemente alguna impronta. La voz de Latinoamérica,
la andadura de Somos Iglesia, el conflicto en el País
Vasco –antes soslayado- empiezan a aparecer con
más frecuencia en las páginas de Alandar.
Sin embargo la presencia de Javier en Alandar dura poco
tiempo. Otros compromisos obligan al periódico
a buscar un nuevo director.
En el año 2000 se ha producido la crisis lamentable
de Manos Unidas que ha supuesto la salida de esa ONG
de colaboradores y colaboradoras muy valiosos. Por carambola
este conflicto tiene efectos beneficiosos para Alandar.
Charo Mármol acepta incorporarse a la dirección
del periódico y lo hace con todo entusiasmo y
energía.
Pero esto ya no es historia sino presente. Por mucho
tiempo y con todo garbo es seguro que seguiremos alandando.
(Artículo publicado en el nº 200 de Alandar,
septiembre de 2003)
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