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Problemas asiáticos

Ricardo Olmedo

Martes 1ro de febrero de 2011
Publicado en alandar nº275


Foto. One Voice Crying.En algunas regiones asiáticas la situación de persecución contra los cristianos se ha vuelto en los últimos tiempos especialmente virulenta. En India, por ejemplo, a finales de agosto de 2008, casi 300 aldeas del interior del estado de Orissa, sufrieron el ataque contra los cristianos a manos de extremistas hindúes. Varias decenas de muertos y cientos de heridos fue el trágico balance. Además, seis mil familias vieron cómo sus hogares eran destruidos y 270 iglesias y capillas fueron profanadas. El asesinato del líder hindú Swami Lakshmanananda, quien había hecho una campaña contra el cristianismo, fue la excusa que esgrimieron los radicales para sus ataques. Aunque un grupo maoísta reivindicó el atentado, sus seguidores dijeron que se trataba de un complot de la comunidad cristiana.

Desde entonces, todavía hay personas que no han podido volver a su tierra, de la que tuvieron que huir por la violencia fundamentalista. En Nondóguiri me encontré con un grupo de unas cincuenta familias que han pasado un calvario yendo de un lugar a otro. En uno de los campos de refugiados les envenenaron el agua. En otro, cuando encontraron la ayuda de las religiosas de la Madre Teresa de Calcuta, las autoridades les obligaron a salir. Tras un angustioso periplo se han asentado aquí con la promesa del gobierno local de construirles viviendas. Lo que nadie sabe es cuándo se cumplirá la promesa. Vivir bajo una lona y tener que buscarse la vida con unas azadas rudimentarias, trabajando una tierra ingrata, no es la mejor de las situaciones. Mientras esperan que se hagan realidad las promesas de las autoridades, los miembros de esta comunidad cristiana trabajan la tierra para sobrevivir.

No muy lejos de allí, en la localidad de Mandakia, también se produjeron ataques violentos contra los cristianos del lugar. La mayoría salió corriendo a refugiarse en los bosques cercanos en cuanto se enteraron de que había disturbios. Otros tuvieron peor suerte y perdieron su vida de una forma muy cruel.
Kishor y Rebati forman un joven matrimonio que ha vuelto al pueblo tras los incidentes. Con pocos medios y mucha ilusión han rehabilitado su casa que, afortunadamente, no fue destruida por completo. Rebati huyó embarazada al bosque y en el campo de refugiados nació su hijo Yosua, que ahora tiene tres meses. Kishor me cuenta lo que pasó: “Cuando comenzó el ataque, mataron a un vecino y lo despedazaron. Después comenzaron a destrozar y quemar las casas. Huimos a la selva. Desde lejos podíamos ver el fuego y el humo. Luego nos enteramos de que habían matado a otros dos vecinos”.
Rafael Cheenath, arzobispo de Cuttack–Bhubaneswar, me cuenta que la situación es de cierta normalidad: “No hay muertos, no hay ataques, pero hay un gran miedo ante la posibilidad de que vuelvan a atacar. No se sabe. Muchos de los criminales están libres, moviéndose por ahí, amenazando a las personas”.

Realmente, indagando en los motivos profundos del malestar anti-cristiano lo que hay es un motivo socio-político: “los misioneros cristianos, la Iglesia, han estado trabajando con los más pobres de entre los pobres –comenta el arzobispo. Especialmente con las castas bajas y las tribus, los que no pertenecen al sistema hindú de castas. Nuestro trabajo se ha dirigido, desde hace décadas, hacia ellos, para desarrollar y formar a estas personas. Este grupo ahora se encuentra mejor. No es que sean ricos, pero no están como antes. En el tema educativo, están mejor formados y han conseguido un trabajo digno. Hablamos de las castas más bajas y de los “sin casta”. Y los radicales hinduistas están en contra de esto porque cuestiona su autoridad”. Este trabajo de desarrollo y de dignificación de quienes son considerados “intocables” subvierte un orden social establecido y eso no convence a muchos.

Los abusos contra los cristianos también tienen un cobertura legal. En Orissa existe desde hace cuarenta años un decreto-ley de libertad religiosa que exige que para declararse cristiano hay que acudir a las autoridades del distrito para solicitar el correspondiente permiso. Muchos piensan que es una disposición legal destinada a impedir la libertad religiosa.

El caso Asia Bibi en Pakistán

En los últimos meses, el caso de Asia Bibi, la mujer cristiana condenada a muerte en Pakistán, ha hecho correr ríos de tinta. Fue acusada de blasfemia por sus compañeras de trabajo y en noviembre del pasado año un tribunal de primera instancia de Nankara, en Punjab, la condenó a la horca por blasfemia. Tras ello, se levantó una oleada de protestas en muchos países. Incluso Benedicto XVI se pronunció para pedir la liberación de Asia. El presidente paquistaní “intentó” conceder el indulto pero grupos islamistas se manifestaron en contra e incluso el Tribunal Superior de Lahore rechazó el indulto del presidente del país. Un imán ofrece 6.000 euros a quien mate a la cristiana cuando salga de prisión. Las manifestaciones en contra de la liberación continúan.

La ley de la blasfemia fue introducida en el código penal de Pakistán en los años ochenta, durante el mandato del dictador Muhammad Zia ul Haq. El 95% de los juicios a los acusados por blasfemia no tienen base.

El pasado 4 de enero, Salman Tasir, gobernador del Punjab fue asesinado por un miembro de su propia guardia personal. La figura de Tasir había saltado a las primeras páginas cuando el pasado noviembre fue el político más relevante, casi el único, que se opuso a la ejecución de Asia Bibi. Tasir no sólo criticó el caso de Asia sino que condenó esas leyes y propuso su derogación.



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