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Signos de muerte y vida

Luis Fermín Moreno

Lunes 5 de abril de 2010
Publicado en alandar nº267


¡Qué quieren que les diga! Es la época. Será que, en este abril pascual, con la primavera recién llegada, los signos de muerte y de vida que habitualmente nos rodean se dejan ver mejor. Más los segundos que los primeros, que por algo vivimos en días de resurrección. Para que se hagan una idea, les cuento los últimos que me han llegado.

Primero, como en los chistes, la mala noticia, que nos llega de la mano de un informe del Pew Research Center’s Forum on Religion and Public Life (www.pewcenter.org). Aunque no sea nuevo, en este siglo XXI tan liberal, “el 70 por ciento de la población mundial está sometido a fuertes restricciones en el ejercicio de su libertad religiosa”. El Pew Forum ha elaborado dos clasificaciones: en función de restricciones gubernamentales, por un lado, y hostilidades sociales o interreligiosas, por otro.

Las restricciones gubernamentales tienen en cuenta las leyes nacionales o locales y las maniobras policiales que impiden enseñar o predicar, prohíben las conversiones, obligan a registrarse a los creyentes o favorecen a una religión determinada. Estas restricciones afectan a católicos, protestantes (principalmente, evangélicos), judíos, budistas e incluso a determinadas minorías musulmanas en países islámicos.

Según este ranking, 43 países tienen un índice elevado o muy elevado de restricciones oficiales. A la cabeza están países mayoritariamente musulmanes como Arabia Saudí, Pakistán, Irán, Egipto, Argelia, Turquía o Indonesia, pero también la Rusia ortodoxa, la India hinduista, la Birmania budista o el Vietnam y la China comunistas y oficialmente ateos.

Las hostilidades interreligiosas miden los actos hostiles, no necesariamente violentos, individuales o colectivos, organizados o espontáneos. En esta clasificación, 41 países tienen una tasa elevada o muy elevada de intolerancia. Aquí también estados musulmanes como Arabia, Pakistán, Irán (“el trío de lo peor”, dice el informe), Irak, Afganistán, Sudán o Somalia, pero figuran igualmente alguno mayoritariamente budista, como Sri Lanka, y mayoritariamente judío, como Israel.

Sumando ambas clasificaciones, resulta que en 64 países hay restricciones a la libertad religiosa. En fin, es de justicia mencionar también las naciones que ocupan los puestos más bajos. Son, por este orden, Brasil, Japón, Estados Unidos, Italia, Sudáfrica y Reino Unido.

Fatua contra la ablación

Los signos de vida son, por naturaleza, menos áridos. Y suelen aparecer donde menos se les espera. En este primer ejemplo, ha sido en la república islámica de Mauritania. Una treintena de ulemas ha lanzado una fatua contra la ablación genital femenina, proclamando no sólo que no figura en el Corán, sino que es una práctica tradicional nefasta para la salud. Esto, en un país donde se mutila al 72 por ciento de las mujeres, tiene más importancia de lo que parece. La ablación era un tema tabú. Ahora que los líderes musulmanes se han decidido a luchar abiertamente contra esta práctica, los imanes podrán hablar en las mezquitas y las madrazas para concienciar a la población.
Este cambio de postura se debe, en realidad, a la organización internacional Tostan, que ha obtenido frutos similares en Senegal, Guinea-Bissau, Gambia o Somalia. La intervención de los líderes religiosos en la erradicación de la ablación se ha demostrado determinante en estos países. Y tampoco son muy difíciles de convencer. Con frecuencia, se oponen porque “creen que la mayoría de la población es favorable a la mutilación”, ha explicado Molly Melching, directora de Tostan. “Incluso los que piensan que es un acto de purificación, acaban aceptando la necesidad de abandonarlo, sobre todo cuando los médicos les informan sobre las consecuencias mortales durante los partos”.

En Somalia, donde la ablación es particularmente dura, y a las mujeres se les ensarta además un arete, 28 comunidades, de gran influencia religiosa, han declarado públicamente el abandono de esta práctica. “Cuando se les explica en su propia lengua los peligros de la ablación y se convencen de que no se pone en cuestión el matrimonio de sus hijas, los habitantes son los primeros en reclamar la intervención de los líderes religiosos”, concluye Melching.

A vueltas con las bodas homosexuales

Otro signo de vida nos llega de varios puntos de la vieja Europa, donde los homosexuales que quieren vivir en el seno de una comunidad cristiana parecen respirar algo mejor. En Bélgica, un sacerdote católico -cuyo nombre, Germain Dufour, merece ser citado por su coraje- ha celebrado en Lieja un matrimonio entre dos hombres. Y en Gran Bretaña, siete obispos anglicanos, miembros de la Cámara de los Lores, han reclamado que se autorice en los lugares de culto, de todos los credos, la unión de parejas homosexuales. En una carta publicada en el diario londinense The Times, los prelados han señalado lo evidente: que “las parejas heterosexuales tienen la opción entre una unión civil y un matrimonio religioso. Las homosexuales no tienen esa opción. Privar a unos creyentes de la oportunidad de intercambiar los votos más importantes de sus vidas en la iglesia o la sinagoga de su elección, según sus ritos, es totalmente discriminatorio.” La vida sigue triunfando.



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