Adversarios “amigos”


Las críticas al papa Francisco no vienen únicamente de los sectores y personas que han sido descritas en los artículos anteriores. Con otro tono y otro alcance, provienen de quienes, de acuerdo con su figura, sus palabras y sus actitudes, echan de menos medidas de más alcance que esperaban y no llegan.

José María Castillo, por ejemplo, lo formula así: “Y, sin embargo, todavía hay que preguntarse: ¿qué le falta a este papa en su nueva forma de ejercer el papado? Le falta modificar, a fondo y por completo, la gestión de la Curia Vaticana”. Pero añade: “Es evidente que eso no se puede hacer en cuatro días. Ni siquiera en dos o tres años. Como también es cierto que Francisco está trabajando a fondo en este complicado asunto. Por eso, lo que nos atrevemos a pedirle es que –lo antes que pueda– convierta el enorme y solemne tinglado de la curia en una Comisión Consejera Mundial del Obispo de Roma, ‘cabeza del Colegio Episcopal’ (LG 22), recuperando el gobierno sinodal de la Iglesia, tal como se hizo durante el primer milenio de su historia”.

Lo que ha hecho es magnífico pero no es suficiente para que la Iglesia sea Evangelio y gracia para la humanidad en el siglo XXI

Como se ve, la crítica va acompañada de disculpas y de esperanza. Es el caso de Frei Betto, recordando primero su pasado y su postura teológica pero enseguida encontrando puntos de adhesión. “Bergoglio nunca se destacó por denunciar violaciones de derechos humanos cometidas por los militares, como lo hicieron los obispos Novak y Angelelli, este último muerto en un accidente de tráfico, en 1976, que muchos creen que fue provocado por los militares. El superior de los jesuitas argentinos y actual papa prefirió actuar tras bastidores a favor de los perseguidos. Bergoglio es doctrinalmente conservador. Que no se espere de él que admita la unión civil de los homosexuales y el fin del celibato obligatorio. Sin embargo, la elección del nombre de Francisco simboliza cuatro dimensiones características del santo de Asís: 1) Francisco dejó claro desde el principio que sus prioridades no iban a ser el aborto, el matrimonio homosexual y el divorcio, 2) la opción por los pobres, 3) el amor por la naturaleza y 4) la reforma de la Iglesia.

Los enemigos de Francisco también se encuentran más cerca

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Otros son más desconfiados, dan menos crédito a la esperanza. Así, en alguno de sus artículos, Joseba Arregui: “Yo no esperaba tanto, lo reconozco con mucho gusto. ¡Gracias, papa Francisco! Eso lo primero. Pero todo ello no basta. Lo que ha hecho es magnífico y nadie puede pedirle más a un hombre de 78 años, pero no es suficiente para que la Iglesia sea Evangelio y gracia para la humanidad en el siglo XXI. No basta con un papa bueno. Juan XXIII fue un papa bueno, inauguró una primavera. Pero pronto volvió el  invierno, porque todo había quedado en manos del papa siguiente y luego del siguiente, cada uno investido de poderes absolutos. Y el mismo riesgo sigue perdurando.

El problema no es el papa, sino el papado. Después de un papa innovador puede llegar otro restaurador, como Juan Pablo II o Benedicto XVI. Y quede claro que no juzgo sus personas. Eran humanos. Pero el sistema era y sigue siendo inhumano”.

El problema no es el papa, sino el papado. Después de un papa innovador puede llegar otro restaurador

Un tema en el que se esperaba una decisión definitiva es el de los divorciados vueltos a casar. No se ha producido y, por ejemplo, Juan M. Bedoya lo ve así: “Sin ánimo de molestar, cabría decir que la montaña ha parido un ratón. Han sido tantas las esperanzas suscitadas ante esta exhortación apostólica que, como en la fábula del parto de los montes, se esperaba un documento trascendental y decisivo. Francisco no se mueve de la doctrina tradicional. Define los problemas, pero deja las soluciones en manos de obispos y sacerdotes, muy divididos en las materias que afectan a la familia, el matrimonio y los diversos modos de vivir el amor en pareja”.

Por ahí van las críticas de los amigos del papa, que no todos comparten. Están los que opinan que Francisco no va a tomar nunca decisiones muy radicales –le supondrían un excesivo coste- pero va a ir abriendo rendijas que han de ser aprovechadas por el pueblo cristiano. El tiempo dirá si son unos u otros los que tienen razón.

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