Los mellizos de Dios
Creyente

Los mellizos de Dios

Se llaman Dieudonné y Kobine. Son centroafricanos. El uno se apellida Nzapalainga y es arzobispo de Bangui, la capital de su país y, desde noviembre pasado, el cardenal más joven de la iglesia católica, con su medio siglo de vida recién cumplido. El otro lleva el nombre de Layama y es imán de la mezquita central de la misma ciudad. En su tierra los conocen como los “mellizos de Dios”. Que, en realidad, son tres, porque hay que añadir un tercer mellizo a la hermandad: Nicolas Nguerekoyame, pastor de la Alianza Evangélica de la República Centroafricana.

Jesús vive: ¡feliz Pascua!
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Jesús vive: ¡feliz Pascua!

Amigas y amigos de alandar: ¡feliz Pascua! Comparto con vosotras y vosotros el hecho de que durante la Pascua la vida recobra un sentido especial, al menos para mí.

En primer lugar, la Pascua supone para mí traer a mi mente el recuerdo de un pueblo que recobró la libertad dejando atrás largos años de dura esclavitud. Me refiero, sencillamente, al pueblo de Israel, que consiguió liberarse del yugo opresor del imperio de Egipto. Una situación que acabó convirtiéndole en objeto de explotación y en pura mercancía.

Todo comenzó con una fiesta
Creyente

Todo comenzó con una fiesta

Todo comenzó con una fiesta. No será la primera vez que encontremos a Jesús festejando y celebrando. Sabemos que no escatimaba en proximidad, en afecto y ternura, en fiesta, en canto y corazón agradecido.

Alrededor de la mesa fue restañando heridas, acogiendo historias, rehaciendo humanidad. Los evangelios lo presentan como a un hombre al que le gustaba celebrar la vida con esa medida tan propia del Espíritu, remecida, rebosante. Aquello le trajo más de una crítica: «Comilón y borracho» llegaron a llamarle, «amigo de recaudadores y pecadores», con quienes comparte de igual a igual el pan de la vida.

Hay miradas que matan
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Hay miradas que matan

En la memoria de Israel había quedado grabada la historia de Ana, una mujer que no podía tener hijos y que se veía sometida a los insultos y el desprecio de Feniná, la otra mujer de su marido Elcaná (1 Sm 1:1-10). Ana es una mujer afligida, con una amargura en el alma que la deshace en un llanto desconsolado. Su vida desgarrada se transforma en una oración conmovedora. Cuando el profeta Elí la vea orar en el Templo la tomará por una mujer que debía estar borracha y la tratará como a tal, recriminándole su actitud. La mirada de Elí, el hombre religioso, es una mirada de la que sale juicio y rechazo.

Mujeres refugiadas y migrantes. El rostro femenino del Dios que está a la puerta y llama
Creyente

Mujeres refugiadas y migrantes. El rostro femenino del Dios que está a la puerta y llama

Tan solo con este título podíamos suponer lo que se iba a escuchar el 1 de febrero en la primera sesión del Seminario Mujeres en diálogo, organizado por el Instituto Superior de Pastoral de Madrid.

Pero la ponente era Patricia Fernández, Patuca, abogada comprometida con las causas de las y los desfavorecidos, atenta a lo que sucede en la frontera sur, mujer del Evangelio desde su comunidad de San Carlos Borromeo y apasionada desde esa urgencia evangélica que penetra la importancia de lo que, día a día, se encuentra en forma de personas vulnerables… Ella supo llevarnos con una fuerza impresionante desde nuestros asientos más o menos confortables hasta las personas, nombres e historias que están llamando a nuestra puerta.

A ti, mujer
Creyente

A ti, mujer

Amigo/a de alandar: permíteme que en esta ocasión sea mi corazón quien hable y que, en vez de “teología”, sean sentimientos los que de él afloren. Además, si uno lo piensa despacio, una teología sin sentimientos, ¿para qué sirve? Por ello, quiero hacerte partícipe, de la “teología sentimental” que mi corazón me ha dictado.

Querida madre, hermana, compañera, amiga o mujer a quien quiero por distintos motivos y razones, entre ellas la más importante, como es el hecho de participar de la misma humanidad que la mía como hombre que soy.

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