El miedo va en autobús

Mucho se ha hablado ya, cuando esta revista llega hasta sus hogares, del ubicuo autobús que la organización HazteOír asociada a la secta El Yunque ha estado moviendo por toda nuestra geografía y por distintos platós de televisión. Jamás alquilar un autobús publicitario, con el dinero que puede costar eso, fue más amortizado. No es nuestra intención continuar regalándoles una publicidad que sin lugar a dudas no merecen pero, aparte de felicitarnos por la contundente, sensible y solidaria respuesta ciudadana, si queremos llamar la atención sobre un matiz.

Como de seguro saben nuestros suscriptores más fieles, precisamente el tema de la transexualidad ocupó nuestra portada de hace tres números, un mes antes de la dichosa polémica. Fue con un brillante y pedagógico texto escrito con profunda sensibilidad y pedagogía por Cristina Ruiz y Rafael San Román en el que se trataba de comprender esta realidad y apuntar algunas claves. Pues bien, cuando recuperamos el artículo en nuestras redes sociales para dar una respuesta a la polémica desde otra perspectiva radicalmente opuesta a la de los diseñadores del autobús pero con un claro acento creyente, muchos de los comentarios que obtuvimos no pudieron ser más sorprendentes: nos acusaron de “trabajar para el demonio”, de “no ser Iglesia”, de “marginar a muchos creyentes”… y todo por tratar de meter algo de pedagogía en el debate.

Está claro que cuando el miedo se monta en autobús no hay señales de tráfico ni advertencias viales que lo detengan. Quizá toque esperar a que se detenga y, cuando baje, dialogar.

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