Es casi imposible llevar la cuenta. Tanto de los casos de corrupción y estafa que no paran de salir día tras otro como de la cantidad de millones robados de los impuestos del pueblo. En el primero de los casos por el ritmo vertiginoso de una actualidad que en el último mes nos ha regalado más de un imputado al día. En el segundo, porque se trata de cifras tan elevadas que se nos escapan de no usarlas nunca. Aún así, se hace imprescindible bucear en los datos para poder construir la magnitud real del engaño, atreverse a ir más allá de los primeros números.

Porque, puestos a dimensionar el coste concreto de la estafa, ¿qué tal si empezamos a medir el dinero desfalcado en vez de en millones en servicios públicos recortados? ¿Y si hiciéramos una tabla en la que se visibilice qué nos ha supuesto específicamente lo malversado por uno u otro político corrupto? El robo de este supuso tantas escuelas, tantos servicios ambulatorios y tantas prestaciones por dependencia. El de aquel, la reconstrucción en tantos municipios de Haití (qué vergüenza grande, señor Ignacio González).

Comienza mayo y, con él, la memoria del 15M volverán a hacer retemblar las calles y las plazas de nuestra geografía. Quizá sea buen momento para recordar qué nos hizo salir en aquella primavera de 2011, un buen momento para recuperar el empoderamiento que ganamos y ahora parece dormido. Si no hay oposición que plante cara a este Gobierno corrompido, le tocará oponerse al pueblo.