Paz Battaner es, desde este mes, miembro de la Real Academia Española. Es la decimoprimera mujer elegida en toda la historia de la RAE sobre quinientos varones. Actualmente, una de las ocho sobre 44. Y eso que, como ella recuerda, son las madres las principales trasmisoras de la lengua a sus hijos y por eso hablamos de lengua materna. Pero una cosa es la feminización de la vida pública y otra el uso del “ellos y ellas”.

¿Qué es la lengua?

La lengua está muy estudiada pero es un misterio todavía. Podemos decir que es un sistema de comunicación, que es un sistema que se tiene a sí mismo o podemos estudiar la lengua desde el punto de vista cognitivo, en la mente humana, pero todavía tiene un intríngulis que no se sabe muy bien. Es innata al género humano y hay maravillas como niños que inventan una lengua si viven apartados y son capaces de generar una lengua que nadie más entiende. Parece que es totalmente necesaria al género humano pero es un misterio, porque no terminamos de conocer qué hay detrás de esa capacidad que tenemos de inventar palabras, de inventar la vida, como yo dije en el discurso de entrada a la Academia.

¿Qué le sugiere a usted “en el principio era el Verbo”?

Para mí la palabra “verbo” es la predicación, no es la denominación, es en lo que verdaderamente consiste la lengua, la creación es el verbo; luego Adán pone nombre a las cosas, pone etiquetas, denominaciones. Verbo es la palabra que crea, porque las otras son etiquetas. Es el predicar, el hacer un juicio, dar un valor.

¿Qué aporta el lenguaje religioso, lleno de palabras abstractas, en las que es usted especialista, a la lengua?

Yo he tenido una formación religiosa y he leído a Santa Teresa, San Juan y todos me han enseñado. El sentimiento religioso hace que uno se exprese de forma exigente y difícil. Para expresar el sentimiento religioso hay que recurrir, como Santa Teresa, a unas metáforas preciosas, porque son cosas difíciles de expresar con palabras corrientes. De modo que el lenguaje religioso ha aportado muchísimo.  Y eso porque hemos vivido la religión, porque gentes creyentes o con dudas han buscado unas maneras de expresar esos sentimientos que son muy nobles porque hay detrás una experiencia honda. Yo he vivido en clase que, ante determinados temas religiosos, los chicos se ríen; hay muy poca formación religiosa, no en el sentido de creyente sino de saber lo que es la religión, aunque no se crea.

Y eso, ¿es una pérdida?

Claramente. El sentimiento religioso es algo profundo que todo el mundo ha de conocer y respetar. Luego, la creencia es otra cosa, es un sentimiento y no se puede imponer. Pero acercarse a ello y respetarlo creo que sí.

Paz Battaner habla sobre el sentimiento y el lenguaje religioso

Paz Battaner delante de la Real Academia Española. foto Lala Franco

Saber más sobre el hecho religioso, ¿nos ayudaría abrir la mente?

Sobre todo a profundizar, porque el sentimiento religioso es algo muy interior, de modo que ayudaría a profundizar. Pero hoy los niños lo que escuchan es “Jesús es tu amigo” y así no se va lejos, hay que saber más. La religión apunta a lo profundo. Por eso el lenguaje religioso llega a unos análisis impresionantes y a uno textos que se pueden leer también desde otros puntos de vista.

¿Habría que dar formación religiosa en la escuela, por tanto?

Pero no vehiculada siempre por quienes se consideran que tienen la bendición de la religión. Por ejemplo, el que la teología solo se estudie en universidades pontificias yo encuentro que, comparado con el mundo protestante, es una pérdida. Pero eso ha sido el poder de la Iglesia y esto inhibe de un acercamiento de otra manera.

¿Puedo preguntar usted hoy cómo se considera?

Me considero agnóstica pero respeto muchísimo porque sé que el sentimiento religioso llega a una profundidad muy grande. Pero el poder que ha tenido la iglesia no es la religión, hay que diferenciar.

¿Cuál es el estado de nuestra lengua?

Yo soy optimista. Si lo miramos históricamente estamos en una situación que no hubiera podido pensarse hace 100 años. Porque hay mucha más gente que sabe leer y escribir, porque las relaciones con los que hablan nuestra lengua al otro lado del Atlántico están muy bien. Reconocemos la variedad de modalidades pero tenemos un núcleo común con todo lo americano que hace que las que personas que saben leer y escribir no tengan ninguna dificultad de entenderse. Y casi todos los que hablamos castellano leemos: yo he tenido todavía alumnos de padres analfabetos y en una generación habían pasado de analfabetos a tener un bachillerato superior, de modo que la lengua está en muchas mejores condiciones. Ahora, que tengamos la sensación de que está influida por el inglés o de que la gente joven no la cuida corresponde a un momento histórico. Siempre ha habido influencia de las lenguas del poder, el francés en un momento, hoy el inglés. Esto nos influye, pero yo soy optimista.

¿Qué hace la Academia por la lengua?

La Academia sabe muy bien que el español tiene muchos puntos centrales, que no todo se centra en Madrid como en algún momento ha podido pasar. Esta es una labor que ya hace años que ha emprendido la Academia. Hay que ir con tacto reconociendo que hay otros centros de radiación de la lengua, hemos de ver de hacer coherente todo esto, pero se trata de reflexionar sobre ella, porque la lengua va sola. El diccionario siempre va detrás de lo que la gente dice, no puede ir a la misma velocidad. En ocasiones la Academia ha propuesto algo y ha triunfado el anglicismo y no lo propuesto, porque triunfa lo que el uso establece, el uso de quienes tienen cuidado con la lengua, que sirven de referencia. Pero ese grupo habla como todo el mundo, la lengua no es de los académicos sino de la gente que la habla.

Entonces acabaremos diciendo médica y jueza y los niños y las niñas…

A lo mejor no. Esto es una cuestión social más que lingüística. Si hay ambigüedad y se quiere marcar que es una mujer se puede poner. Otra cosa es repetir: por ejemplo, diciendo niños y niñas. Eso es una reiteración en español, no hace falta, la gramática de la Academia ha sentado lección en eso y yo lo comparto. Una cosa es que digamos “tengo una médica de cabecera”, porque queremos significar que es mujer. Ahora, cuando hablo de médicos y médicas, eso es una tontería. El genérico masculino va con las lenguas romances y hay que enseñar que es inclusivo de los dos géneros. No podemos decir “los las vi”; cuando decimos “los vi” incluye el femenino, hay cosas que son imposibles y creo que eso la Academia lo tiene muy solucionado en la nueva gramática, dedica muchas páginas a explicarlo. Que es como hablamos. Y otra cosa es la lucha de la mujer por tener peso en la sociedad. Son cosas diferentes.

Hablemos de la labor de la escuela en materia de lengua.

Antes, leer y escribir era lo primero que se aprendía. Hoy los niños tienen que saber qué alimentos tienen que tomar, cómo tienen que cruzar la calle… El currículum se llena de estas cosas y se vacía de lo que es reflexión sobre la lengua. Y ahí sí se podría incidir en la lengua y los chicos tendrían amor por ella. Si uno tiene amor tiene responsabilidad en cómo la usa, si la desprecia entonces no. Si ven que es un mecanismo para conectar con el otro, para hacer comunidad, para entender lecturas apasionantes, entonces la amarán.