Datos para no dejar a ninguna mujer atrás

Si afirmo que hablar hoy de la situación de la mujer en el mundo sigue siendo un tema que, en determinados ámbitos, levanta ampollas, creo que no exagero. En el siglo XXI, en ningún país del mundo está reconocida, en la práctica, la igualdad de género. Es decir, muchos países en sus constituciones reconocen dicha igualdad, incluso sus respectivas legislaciones, pero la realidad convierte en papel mojado los textos legislativos, porque la igualdad formal no significa igualdad real.

Los puntos conflictivos nacen, en primer lugar, de la confusión de conceptos. Si acudimos al diccionario de la RAE, vemos que una de las acepciones del término género es “grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico”. El género es un conjunto de características sociales, culturales, políticas, psicológicas, jurídicas y económicas que la sociedad asigna a las personas de forma diferenciada a los hombres y a las mujeres, características que varían a lo largo de la historia. El sexo es definido por la RAE como “condición orgánica, masculina o femenina de los animales y las plantas”, es decir, el conjunto de características físicas, biológicas, anatómicas y fisiológicas de los seres humanos que los definen como hombre o mujer.

Si queremos abordar las desigualdades de género nos encontraremos en un ámbito tan vasto que conviene identificar algún aspecto concreto. Me permito destacar el referido a la falta de información, a la escasez de datos acerca del género. Para muestra, desde el Banco Mundial se apunta que menos de un tercio de los países tienen datos relativos al trabajo informal y al emprendimiento desglosados por sexo. Falta también información del acceso de las mujeres a móviles e Internet o del registro de votantes. Según el Banco Mundial, la necesidad de datos es imprescindible para afrontar las desigualdades de género y revertir una realidad tan injusta como actual.

Según Naciones Unidas, existen datos pero de mala calidad, resultado de mediciones sesgadas, lo que se traduce en estereotipos de género que distorsionan la realidad

La carencia de datos abarca los relativos a la mortalidad materna, la salud de las adolescentes, la exclusión del sistema educativo o los resultados de aprendizaje, según destaca Emily Courey, directora ejecutiva de Data2X, una plataforma colaborativa para mejorar la calidad, accesibilidad y uso de datos relativos a género, mejorando, en la práctica, la vida de las mujeres y de las niñas de todo el mundo. Se trata de una iniciativa promovida por la Fundación de las Naciones Unidas que, junto con otros organismos y entidades, pretenden obtener datos de la vida de las mujeres que contribuyan a avanzar hacia la igualdad de género y, por ende, hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio “sin dejar a nadie atrás”.

Según las Naciones Unidas, muchas veces existen datos pero de mala calidad, resultado de mediciones sesgadas, lo que se traduce en estereotipos de género que distorsionan la realidad. La desigualdad de datos contribuye a aumentar las desigualdades de género. El Grupo Asesor de las Naciones Unidas para la revolución de datos afirma que, por un lado, se están abriendo grandes brechas entre las personas que tienen información y las que no la tienen; por otro lado, está aumentando la desigualdad debido a la falta de información desglosada por sexos, siendo las mujeres el sector de población más afectado, unos 3.500 millones de mujeres que habitan el planeta, porque no se diseñan políticas ni estrategias válidas para afrontar las desigualdades.

El Primer Foro Mundial de Datos de las Naciones Unidas, reunido en Sudáfrica el pasado mes de enero, sentó las bases para la “revolución de datos” con el objetivo de implementar la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible “sin dejar a nadie atrás”. Confiemos en que la recopilación de datos sirva para no dejar a ninguna mujer atrás.

 

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