El pasado día 25 de marzo tuvo lugar en la Ciudad de los Muchachos, en el Vallecas que Alberto Iniesta tanto amó, el encuentro que conmemoraba los 40 años de la Asamblea de Vallecas y, para tal evento, se reunieron trescientas personas para agradecer a Alberto su testimonio de discípulo de Jesús, su trabajo y ayuda de pastor para que pudiéramos pasar, apoyados en el espíritu que dimanaba del Concilio Vaticano II, del nacional-catolicismo, un catolicismo autoritario de formas y exterioridades sociales, a un cristianismo de profundidad, de compromiso con la transformación de la sociedad y de reconocimiento de la dignidad y derechos de las personas. Pasar, en definitiva, de ser “creyente religioso” a ser seguidor de Jesús, con todas las consecuencias, inseguridades y riesgos, como nos explicó José María Castillo en su bella reflexión de la tarde.
Se pretendió recordarle, pero sobre todo rescatar su legado, lo más valioso de su actuación, de sus escritos, de su profunda humanidad, ponerle en valor aquí y ahora, reconocerle como el profeta que fue, como el profeta que es.