Mujeres refugiadas y migrantes. El rostro femenino del Dios que está a la puerta y llama

Tan solo con este título podíamos suponer lo que se iba a escuchar el 1 de febrero en la primera sesión del Seminario Mujeres en diálogo, organizado por el Instituto Superior de Pastoral de Madrid.

Pero la ponente era Patricia Fernández, Patuca, abogada comprometida con las causas de las y los desfavorecidos, atenta a lo que sucede en la frontera sur, mujer del Evangelio desde su comunidad de San Carlos Borromeo y apasionada desde esa urgencia evangélica que penetra la importancia de lo que, día a día, se encuentra en forma de personas vulnerables… Ella supo llevarnos con una fuerza impresionante desde nuestros asientos más o menos confortables hasta las personas, nombres e historias que están llamando a nuestra puerta.

Para enmarcar su reflexión, fruto de su experiencia, Patuca había elegido la frase del Apocalipsis “El rostro femenino de Dios que está a la puerta y llama” (Ap.3, 20).

Se nos invitó a los y las presentes a acercarnos a la realidad con la mayor honestidad posible y un aspecto importante en este sentido es no separar los movimientos de los refugiados de los movimientos de migrantes.

Patricia Fernández, en un momento de su intervención en el seminario “Mujeres en diálogo”. foto P.M.

Es verdad que la Convención de Ginebra otorga a los refugiados un estatus especial que obliga a su acogida y, así, contempla situaciones como las de algunos grupos perseguidos: los homosexuales, etnias como los gitanos… Pero, ¿qué diferencia existe entre una mujer que huye de la guerra y otra que huye del hambre o las políticas asesinas? Ambas huyen, ambas desean encontrar refugio para ellas y sus familias. La Convención de Ginebra no contempla todavía el hambre como una carencia a defender

Las personas no se mueven por efecto “llamada”, algo que hemos escuchado tantas veces a tantos políticos de la derecha de nuestro país, sino que se mueven por efecto “huída”: sus vidas no se pueden sostener en según y qué situaciones y huir de ellas es el movimiento natural.

Supimos que las fronteras se han ido haciendo cada vez más y más poliédricas. A partir de la guerra de Siria, las no decisiones políticas y los medios de comunicación han focalizado su mirada en la llamada “frontera este” mientras que la frontera sur, a lo largo del norte de Marruecos sigue generando víctimas desde hace treinta años.

¿Qué diferencia existe entre una mujer que huye de la guerra y otra que huye del hambre o las políticas asesinas?

Los movimientos migratorios en general y de las mujeres en particular tienen unos flujos que nos sorprenden, habiéndose llegado a encontrar mujeres dominicanas en la frontera este .

Cuando se cierran fronteras se incrementa la trata de personas y se incentiva el negocio para las mafias porque a más cierre, paso más peligroso… Y eso hay que pagarlo más.

Europa está, estamos, cerrando los ojos a esta realidad, realidad en la que mujeres y niñas huyen de diferentes violencias para caer en nuevas violencias, es el grito de la nueva Agar.

 

Estrategias migratorias

Ahorrar dinero para ponerse en camino, sumarse a un grupo de personas, en principio para estar más protegidas pero que, con frecuencia, deviene en caer en redes de trata.

Hasta en el durante del movimiento migratorio la mujer es discriminada frente al varón y gran parte de su camino está asolado por la esclavitud, quedando también las niñas y niños como propiedad de la red.

 

Violencia en el camino y la llegada

En el camino, con frecuencia las mujeres son objeto de violencia sexual y cuando llegan a España y al resto de Europa dejan de ser personas para convertirse en objetos, generalmente  para satisfacer las necesidades sexuales de los hombres de esos países o en explotación laboral.

Las deudas que contraen están entre los 50.000 y 60.000 euros, lo que las lleva a una espiral de explotación y tráfico sexual, principalmente, que se incrementa de manera indefinida.

Al llegar, en los países las esperan los centros de internamiento o de estancia temporal que, como sabemos, en nuestro país no cumplen las condiciones de trato y otras que les reconozcan como seres humanos vulnerables, que no son delincuentes sino que huyen de sus países.

 

Diálogo

Cuando Patuca terminó su recorrido por esta realidad, se repitió lo que en tantas ocasiones vivimos: se impone un silencio que evoca respeto a las víctimas, evoca pedirles perdón por nuestra incapacidad para ver y actuar. Poco a poco se abren las preguntas compartidas, se ponen en común la consternación y la impotencia, pero también se nos recuerda que esta es inducida, motivada y reforzada desde diferentes ámbitos.

A partir de esa consternación sincera ante la hecatombe y la pasividad con la que asistimos a su desarrollo, siempre surge desde el fondo de la sala la pregunta: ¿qué podemos hacer? Con sinceridad y apremio Patuca nos recordó: ponernos las gafas de ver e ir al encuentro del otro, tomar contacto real con las personas y sus situaciones, vincularnos a redes solidarias de acogida.

Cuando se cierran fronteras se incrementa la trata de personas y se incentiva el negocio para las mafias

Se hace necesario juntarnos, conocer lo que se está haciendo y a quienes lo están haciendo, contactar con redes que crean estrategias de denuncia y apoyo, perder el miedo y ejercer, en definitiva, nuestra ciudadanía.

Y, junto al apoyo y la denuncia política y ciudadana, ejercitar el encuentro y la comunicación. En muchas ocasiones, una vez que las personas inmigrantes o refugiadas llegan, verbalizan: ”Nadie viene a nuestra casa y nosotros no vamos a la de nadie”.

Finalmente se recordó el homenaje que se iba a realizar pocos días después, el 6 de febrero, en recuerdo a los tres años que se cumplirían desde los acontecimientos de la playa de Tarajal en la que murieron varios inmigrantes intentando llegar a las costas españolas, ahogados por los medios que se emplearon contra ellos por parte de la Guardia Civil española, que actuó con gases y pelotas de goma.

Los muertos de Tarajal -y estos días estamos sabiendo de Veronique y su hijo Samuel, ahogados en una patera en el Estrecho- tienen rostro, historia, familia y amigos.

Desde el compromiso con esta situación que estamos viviendo se impone transformar el dolor en justicia, incorporar la reparación en nuestros códigos, algo que parece no existe en nuestra tradición, para así desmontar la impunidad en la frontera sur, en la frontera este… y en cuantas fronteras se sigan cobrando vidas humanas.

Todavía sin comentarios

¿TIENES ALGO QUE DECIR?