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El bautizo de Yuan

Yuan además es apátrida: dada su condición no tiene papeles, pero su patria ahora es la comunidad cristiana, “todos somos uno en Cristo Jesús”, que dice San Pablo, esa comunidad que le ha acogido y ese Dios que se le ha hecho presente en la cárcel, en un lugar de muerte donde brota cada día la vida. Fue un día de Pascua en mitad de la Cuaresma. Un día de “paso” de Dios por nuestras vidas, experimentar que Dios puede hacer brotar la vida desde el “pozo”, como decían Yuan que supone la cárcel. En Yuan y en los que estábamos allí sentimos las palabras del Santo de América antes de caer asesinado: “Si me matan, morirá un obispo, pero la Iglesia de Dios que es el pueblo, permanecerá para siempre”. La Iglesia presente, dando a luz desde la fe a un nuevo miembro y arropado por un Dios Padre-Madre que no sabe de papeles sino que saca del pozo a todos los que se ponen cerca de Él.

Desde la cárcel de Navalcarnero: los presos y los pecadores nos preceden en el Reino

Cuando pensamos en las personas que está privadas de libertad siempre nos vienen a la cabeza y al corazón historias terribles que a veces, con todo morbo y lujo de detalles, nos cuentan en los medios de comunicación con el fin de que nos hagamos una imagen de gente despiadada, sin corazón, sin entrañas, gente a la que no merece la pena ni mirar a la cara o gente, como a veces se dice, que no “tiene perdón de Dios”.

Sin embargo, los que tenemos la suerte de poder visitar a diario aquellas galerías, aquellas rejas, aquel lugar de dolor y de esperanza, sabemos que no es así, sobre todo porque sabemos que detrás de cada preso hay un ser humano, hay una persona que, con todos su pecados (como los que tengo yo), alguien con la misma problemática y deseos que tengo yo, que sufre, que llora, que ríe, que tiene proyectos, que se arrepiente… su delito no le impide en ningún momento dejar de ser persona y gozar de su dignidad.

El papa Francisco acoge, como Jesús de Nazaret, a pecadores y presos

Por Javier Sánchez*

El pasado 6 de noviembre, el papa Francisco convocó en Roma “el jubileo de los presos”, algo que no se había hecho nunca o, al menos, como Francisco lo hizo y cuya intención era que pudieran reunirse en Roma personas privadas de libertad, capellanes de prisiones, voluntarios de cárcel y familiares de los presos para poder recibir el perdón y la misericordia de parte del mismo Dios Padre-Madre que a todos nos perdona y nos da la fuerza de su amor.

El pasado 6 de noviembre, el papa Francisco convocó en Roma “el jubileo de los presos”, algo que no se había hecho nunca o, al menos, como Francisco lo hizo y cuya intención era que pudieran reunirse en Roma personas privadas de libertad, capellanes de prisiones, voluntarios de cárcel y familiares de los presos para poder recibir el perdón y la misericordia de parte del mismo Dios Padre-Madre que a todos nos perdona y nos da la fuerza de su amor.

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Compartir la fe y la esperanza en la cárcel de Navalcarnero

Ahora que ya no tengo parroquia porque el señor obispo, como bien sabéis, ha decidido quitármela, tengo que decir que esta comunidad parroquial de Navalcarnero alimenta mi vida como cura y tanto lo hace que en este momento tan duro que estamos, son los presos, “los malos”, los que van dándonos a todos esperanza y los que van haciendo que la fortaleza de Dios y la alegría del Espíritu se nos vaya haciendo presente. En su espontaneidad, en sus apoyos, en sus sonrisas a pesar de tener ellos tanto dolor, Dios se nos manifiesta y nos va diciendo que nos quiere. Una vez más se confirma que son los pobres los que nos evangelizan, los que nos transmiten con su vida “la buena noticia de Jesús de Nazaret”, en ellos descubrimos cada día que el Espíritu del resucitado los llena y los invade de esperanza.

La vida en la cárcel de Navalcarnero

Cuando nunca hemos visitado una cárcel o sólo sabemos de ella por lo que aparece en los medios de comunicación (que, dicho sea de paso, únicamente se encargan de los casos mediáticos y más morbosos), podemos hacernos una imagen falsa y bastante negativa de lo que es una cárcel.

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