Cómo acompañar la violencia de género desde la Iglesia

Cómo acompañar la violencia de género desde la Iglesia

Según los datos oficiales, las mujeres que sufren violencia por parte de sus parejas suelen permanecer inmersas en esa relación entre cinco y diez años, el 70% nunca abandona al maltratador. Estas cifras visibilizan una realidad social que forma parte de nuestro día a día, de nuestras parroquias y que, en muchas ocasiones, permanece silenciada e inmersa en el secreto familiar. Estas cifras nos exigen que hagamos un esfuerzo por aprender a mirar la realidad para poder así ayudarlas. Existe una red de atención a mujeres víctimas de violencias de género, podemos hacer una gran labor si la conocemos, trabajamos coordinadamente y somos capaces de aprender a acompañarlas hasta estas manos profesionales.

En la parábola del buen samaritano (Lc 10, 25 – 35) podemos encontrar las claves del cómo y el hacia dónde: caminar con los ojos abiertos, tener encuentros que “enjuguen las heridas” e “ir a la posada”.

Violencia de género: no son cosas de la edad

Violencia de género: no son cosas de la edad

Es una de las realidades de maltrato más invisibilizadas y no por ello menos graves. Si las personas mayores son un colectivo de por sí casi inexistente en el debate mediático y político, los abundantes casos de violencia machista a partir de los 65 años quedan socialmente silenciados.
La falta de denuncias y, muy especialmente, de acompañamiento endurecen la cotidianidad de muchas mujeres que llevan décadas sufriendo en silencio.
El maltrato dentro de la pareja no es exclusivo de una determinada edad. Muchas veces se prolonga durante años y las estadísticas demuestran que las mujeres más mayores son las que menos denuncian.

“Me llamo Lucía y he sido maltratada desde que nací. Ahora tengo setenta años, pero mi vida empezó a los cincuenta, cuando el hombre con el que me casé salió de mi casa y de mi vida”.

“Los idiomas no son sexistas, ni xenófobos. Los usos lingüísticos son los que causan desigualdad”

“Los idiomas no son sexistas, ni xenófobos. Los usos lingüísticos son los que causan desigualdad”

Amelia Barquín, filóloga y feminista, es profesora de Educación Intercultural y de Educación y Género en la facultad de Humanidades y Educación (HUEZI) de Mondragon Unibertsitatea. Ofreció en el Foro Gogoa una charla sobre Los lenguajes con que construimos la desigualdad.

Amelia Barquín se reconoce y habla como feminista. Es también filóloga. ¿Cuál sería una definición atinada de feminismo?

Bueno. En el diccionario se pueden encontrar acepciones precisas. A mí me gusta una definición de la escritora y periodista Nuria Varela, que dice que “el feminismo pretende que los seres humanos sean lo que quieran ser y vivan como quieran vivir, sin un destino marcado por el sexo biológico con el que hayan nacido”. Esa definición hace hincapié en la igualdad y en la libertad. Marina Subirats, feminista y educadora, escribió que “cada ser humano debe ser libre para elegir aquellas actitudes que le son afines, debe poder combinar las características masculinas o femeninas que habitan en su persona y poder hacerlo desde la libertad, en la dosis y en las circunstancias que le parezcan más convenientes”. ¿Quién dice que la ternura es una cualidad femenina o que la valentía es un valor masculino? Ambas cosas, ternura y valentía son cualidades humanas.

La Virgen María también denunciaría

La Virgen María también denunciaría

Empiezo mi artículo de este mes con una frase con la que una amiga centroamericana convencía a otra para que abandonara su domicilio y acudiera a un servicio de protección contra la violencia machista. Desde entonces lo cantamos como consigna en las manifestaciones del 8 de marzo y el 25 de noviembre. La religión puede ser el opio del pueblo y, en ese sentido, también de las mujeres o, por el contario, un punto de apoyo importante para su liberación. Todo depende. Depende, entre otras cosas, de cómo leamos la Biblia y el Evangelio, domesticándolos y sometiéndonos a su patriarcalización o desde una hermenéutica de la liberación o de la sospecha. Mi amiga centroamericana lo tenía claro. No en vano ella abandonó a su marido agresor con tres hijos y embarazada después de leer el Magnificat y ponerse debajo del manto de la virgen de su pueblo

Las cifras del maltrato

Las cifras del maltrato

En materia de violencia de género hay una preocupación cada vez mayor: una de cada cuatro adolescentes reconoce haber sufrido alguna vez coerción por parte de su pareja. Pero las jóvenes no identifican esas conductas como violencia de género: sólo el 10% se identifica como víctima.