Transexualidad: abrir la mirada a la diversidad humana

Por Rafael San Román y Cristina Ruiz

Sus padres le llamaron Juan, pero ella prefiere ser Marta. La bautizaron como Raquel, pero él siente que es Rodrigo. Son personas transexuales y lo que viven no tiene que ver con el vicio ni con la perversión, no tienen una confusión transitoria ni se han dejado llevar. Lo que viven nace de lo más profundo de sus entrañas y es su identidad.

Son casos que empiezan a manifestarse desde la primera infancia, sus historias cada vez comienzan antes. O más bien habría que decir que sus historias cada vez están siendo escuchadas antes porque probablemente siempre ha sido así desde que el homo sapiens es homo sapiens. La transexualidad siempre ha estado ahí pero la sociedad en general adolece de un gran desconocimiento sobre ello.

En realidad lo trans* es un término paraguas que sirve para englobar diferentes manifestaciones de la diversidad sexual y de género que no obedecen a las normas establecidas sobre lo que es un hombre y una mujer y lo que es masculino o femenino y eso sigue generando cierta confusión. Dicho de otra manera, aún no se entiende bien qué es la transexualidad. Por ejemplo, todavía hay mucha gente emplea el término “hermafroditismo” para referirse a ella o la confunden con la orientación sexoafectiva, que se refiere al tipo de personas por las que alguien se siente atraído, no a si alguien se siente hombre, mujer o alguna otra categoría.

Cuando un bebé nace se le asigna un sexo dependiendo de sus genitales visibles, pero la diversidad humana es inmensa y, tal y como explican en Chrysallis, una asociación que agrupa a familias con menores transexuales, “la identidad sexual depende del cerebro y no de los cromosomas o de la configuración de los órganos reproductores”. En este sentido, señala la asociación en sus materiales, “alrededor de los dos años las personas comenzamos a ser conscientes de nuestra identidad sexual” y los niños y niñas transexuales “muestran de forma espontánea su disconformidad con el sexo asignado al nacer”. Para esta entidad lo principal es conseguir el bienestar de estos menores, escuchar y observar evitando corregirles o reorientarles.

Todavía hay mucha gente emplea el término “hermafroditismo” para referirse a la transexualidad o la confunden con la orientación sexoafectiva

Hablan de indicios que pueden ayudar a los padres y madres a comprender mejor lo que sucede. Niños que se colocan fulares a modo de melena o que constantemente se quieren vestir con ropa femenina. Niñas que se resisten a que les pongan diademas y lazos, que nunca quieren ir con falda. Son algunas conductas que pueden servir como pistas pero que deben ser encuadradas en una evaluación más completa de la identidad con el género y de la identidad sexual. De hecho no siempre se dan de esa manera porque “todas las personas son diferentes y, por lo tanto, no hay dos formas iguales de vivir y mostrar la propia identidad”.

Estos niños y niñas crecerán y se convertirán, cada uno por caminos muy diversos y tal vez dolorosos, en mujeres transexuales –como se conoce a aquellas personas a quienes se asignó género masculino al nacer y se identifican con el femenino– y hombres transexuales –el caso contrario para quienes nacieron mujeres y se sienten hombres. Esta terminología es la que está más extendida, refiriéndose a la persona con el género con el que se identifica, aunque ni siquiera haya iniciado un proceso médico de cambio de sexo o no se vista con ropa del género que siente como suyo. Su diversidad va mucho más allá de los tópicos.

Unamirada pedagógica a la transexualidad

El mundo ya no puede dividirse categóricamente en rosa y azul.

Socialmente se asumen ciertas creencias sobre la totalidad de las personas transexuales, como que todas ellas se someten a tratamientos médicos, sobre todo quirúrgicos, para hacer una transición hacia su sexo sentido. Se asume que la mayoría de las mujeres transexuales son prostitutas o que todas las personas transexuales padecen un gran malestar psicológico respecto a sus cuerpos, como si todo en su vida estuviera marcado por la angustia y el deseo de cambiar radicalmente su fisionomía, sobre todo sus genitales. Pero nada de esto es necesariamente cierto.

En su libro Trans*exualidades. Acompañamiento, recursos de salud y recursos educativos, el doctor en sociología y ciencias políticas Lucas Platero hace referencia al desajuste existente entre las expectativas de la sociedad sobre la sexualidad de las personas y cuál es el impacto del mismo: “Es posible que parte de nuestra sociedad siga pensando que la sexualidad, la identidad y la (des)identificación con los roles de género son temas tabú, especialmente cuando se refiere a la juventud o la infancia. Estas reticencias contrastan con la importancia que tiene la diversidad de la ciudadanía de nuestras sociedades, de todas las edades. Hace más evidente que convivimos con mitos e ideas erróneas que dificultan la aceptación de las personas trans*. Y más aún si son jóvenes. Bajo el mito de la «inocencia de la infancia» y su protección, los y las menores son desposeídos de su derecho a poder disentir con las expectativas que los adultos proyectamos sobre ellos y ellas”.

Como también sucede con homosexuales, bisexuales y lesbianas, la realidad de las personas transexuales es mucho más amplia de lo que se puede percibir a través de los escasos ejemplos a los que el gran público tiene acceso con los medios de comunicación de masas. Es importante insistir en el hecho de que gran parte de estas creencias extendidas, que suelen estar bastante desajustadas de la realidad, se asientan sobre una concepción de la sexualidad rígidamente binaria (“el mundo se divide en hombres y mujeres”) y en reducir el ser hombre o mujer a la genitalidad: hombre es esa persona que tiene genitales de hombre, mujer es esa persona que tiene genitales de mujer. De esta manera, a gran parte de la sociedad se le escapa un punto de partida importante a la hora de entender lo trans* en general y la transexualidad en particular: en realidad, hombre es más bien una persona que se siente hombre, independientemente de sus caracteres sexuales, y lo mismo sucede con las mujeres.

“Cuando conoces a tus primeras personas trans ya has experimentado esa sensación de estar ante una persona que tiene un género no tan definido, ni tan tajante, ni tan estricto como te venden que sería lo ‘normal”, afirma Pablo Peinado en su informe Vidas trans, realizado a partir de su trabajo de campo con personas transexuales inmigrantes, editado por Transexualia en colaboración con la Comunidad de Madrid.  

Pobreza, estigma y vunerabilidad

Algunas personas transexuales, sobre todo mujeres y muy a menudo mujeres inmigrantes, ejercen la prostitución como una forma de subsistencia. Ahora bien, que esta realidad exista no debe confundirse con la realidad de todas las personas transexuales. En otro punto de su informe, realizado a través de varias entrevistas a hombres y mujeres transexuales, Pablo Peinado afirma que “transexualidad y prostitución no tienen nada que ver pero desgraciadamente pocas salidas laborales se ofrecen a muchas mujeres transexuales que llegan a España y a las que no les queda más salida que ejercer esa profesión en condiciones con demasiada frecuencia de inseguridad física y jurídica”.

Gran parte de las creencias sobre la transeuxalidad están bastante desajustadas de la realidad y se asientan sobre una concepción de la sexualidad rígidamente binaria

En este contexto, la ONG madrileña Imagina Más trabaja para reducir las desigualdades dentro del colectivo compuesto por mujeres transexuales en situación de exclusión social a través de diversos programas destinados a facilitar el acceso al sistema sanitario, social, legal y laboral de este colectivo.

Teresa Navazo y Bárbara Mainieri, dos de las trabajadoras sociales de esta asociación, describen a partir de su experiencia diaria con estas mujeres algunas de las particularidades que las convierten en personas especialmente vulnerables: “En el colectivo coexisten realidades como la falta de apoyo familiar, el abandono escolar, la inmigración irregular, el uso de drogas, el ejercicio de la prostitución, la infección por VIH y otras infecciones de transmisión sexual, problemas de salud mental, pobreza, aislamiento social, alta exposición a violencia de género verbal, emocional y física y la inaccesibilidad al sistema laboral y de salud”.

Algunas de las dificultades a las que se enfrentan las mujeres transexuales con mayor vulnerabilidad social en realidad afectan potencialmente a todo el colectivo, si bien se hace necesario redoblar los esfuerzos destinados a paliar la exclusión de los casos más extremos. Cuando se les pregunta sobre las mayores dificultades a las que se enfrentan las personas transexuales con las que trabajan, Navazo y Mainieri lo tienen claro: “Los efectos de la estigmatización se añaden a otros factores vitales que vuelven vulnerables a las personas transexuales: el impacto directo del estigma sobre la salud, el rechazo de la familia, el acoso y la desvinculación escolar, la discriminación en el empleo y la vivienda, la falta de oportunidades y la exclusión social tienen efectos graves en la salud de este colectivo”. El dinero, como tantos otros ámbitos de la vida, juega un importante papel en la salud de las personas: “Contribuye a la falta de oportunidades y reproduce el efecto indirecto de la estigmatización, al privar a las personas afectadas de los medios necesarios para acceder a los servicios”, apuntan estas profesionales.

El prejuicio transfóbico

Como se ha señalado anteriormente, existen multitud de creencias erróneas sobre las personas transexuales y muchas de ellas derivan en un rechazo injustificado hacia este colectivo. “La transfobia es una situación de enorme trascendencia”, afirman Navazo y Mainieri. Por si no fuera poca la afectación que las personas transexuales experimentan en todos los ámbitos de su vida, el prejuicio de los demás empeora notablemente esta situación.

«This is what trans looks like»

Campaña «This is what trans looks like»

Para estas trabajadoras sociales, “además del sufrimiento que genera la propia transexualidad, existe el rechazo social, en muchas ocasiones incluso familiar, provocando un aislamiento profundo que merma la autoestima, llegando en muchas ocasiones al suicidio”. Como explican desde Imagina Más, el vivir como las mujeres y hombres que sienten que son ha supuesto para muchas personas transexuales embarcarse en un complejo proceso de rupturas: con la familia, con el sistema educativo y muchas veces también con su lugar de procedencia, “provocando la inmigración, el ejercicio de la prostitución y el estar expuestas a infecciones, consumo de drogas y a materiales nocivos para llevar a cabo su proceso de transición que les pueden llegar a provocar la muerte”.

Teresa y Bárbara tienen gran experiencia combatiendo esta forma explícita o insidiosa de ejercer violencia contra las personas transexuales, sobre todo contra aquellas que padecen una situación de mayor vulnerabilidad: “Los prejuicios son justamente juicios de valor sin tener conocimiento real de las personas, que tienen como raíz estereotipos, falsas asociaciones de ideas, etc. Por ello consideramos que la educación en la diversidad y la visibilidad de las personas trans en ámbitos educativos, laborales y sociales normalizados es fundamental para la inclusión del colectivo”.

Por supuesto, no se trata de tolerar la existencia de “gente rara o anormal” junto a nosotros ni de concederles de manera condescendiente algunos derechos que reconozcan mínimos en su dignidad, sino de derechos y dignidad de máximos, siguiendo un riguroso criterio de justicia. No en vano, “la transexualidad –añaden las trabajadoras sociales de Imagina Más- ha estado presente a lo largo de toda la historia de la humanidad. Por lo tanto, las instituciones o personas que persisten en una actitud de marginación o transfobia, alegando que todo ello se trata de una enfermedad, un capricho o una simple intención de llamar la atención, cometen un error de discriminación gravísimo y colocan su particular piedra en un muro que la historia, así como la ciencia y la justicia del ser humano, se ocuparán de derribar más tarde o más temprano”.

Hacia dónde vamos

La transexualidad ha existido siempre, por tanto, pero su integración normalizada en la sociedad va siguiendo un largo y tortuoso camino. “Consideramos que a nivel de legislación (cambio registral, acceso al proceso de transición, etc.)  se han producido grandes avances, pero que muchas veces no va acompañado de la misma evolución social al respecto”, señalan Navazo y Mainieri. “En este sentido, podríamos decir que el acceso al empleo, pilar fundamental para la inclusión social de  las personas, sería el hacia dónde vamos”.

Los aspectos burocráticos también están flexibilizándose y comenzando a reconocer esta realidad. Por ejemplo en Argentina se aprobó en mayo de 2012 la ley de Identidad de Género por la que más de 4.300 personas trans pudieron inscribir su documento de identidad con el nombre y sexo de elección. En Alemania también se ha flexibilizado la burocracia a la hora de inscribir los nacimientos, al adoptarse el término “tercer género” para atender las necesidades de las personas nacidas intersexuales (aquellas que, al nacer, no tienen sus genitales definidos, un caso que a menudo se ha englobado también dentro de la realidad trans). En la India sí se aplica este “tercer género” a todas las personas transexuales, los ‘hijra’, una comunidad con una larga tradición que, en su mayoría, está formada por hombres que se visten de mujer o personas intersexuales. La diversidad sexual presente en el conjunto de seres humanos va encontrando en cada cultura su forma de expresarse y también su propia forma de ser respetada.

En España la mayoría de las comunidades autónomas cuentan con leyes o protocolos para respetar la identidad de género. La pionera fue Navarra, que ya en 2009 aprobó una ley integral sobre la transexualidad que, sin embargo, no se había desarrollado hasta esta legislatura. La más reciente ha sido la de la Comunidad Valenciana, donde se aprobó el pasado mes de diciembre un protocolo de acompañamiento para garantizar el derecho a la identidad de género, la expresión de género y la intersexualidad en los centros educativos, desarrollado por la Consejería valenciana de Educación.

Este tipo de normas expresan cómo lo más importante es proteger a las personas transexuales desde la primera infancia, evitar el bullying que sufren a menudo y permitir que puedan expresar su identidad sin miedo desde el principio. En muchos casos también es importante facilitar el acceso a tratamientos hormonales que bloqueen el inicio de la pubertad, cuando los caracteres sexuales evolucionan y se definen con más fuerza. Así, por ejemplo a principios de este año, el Departamento de Educación de Navarra puso en marcha un protocolo para la atención de alumnado transexual, que ha atendido ya a ocho menores de entre 4 y 14 años.

La infancia es uno de los puntos clave, pero también la convivencia diaria, los baños de bares y gimnasios, las miradas despectivas… incluso las residencias de ancianos, que tendrán que adaptarse en un futuro a que en ellas puedan convivir personas trans. Todo un reto global para que la sociedad se vuelva más inclusiva, deje a un lado los prejuicios y las etiquetas para descubrir a las personas sin importar el sexo que figura en su partida de nacimiento, el que sienten o el que tienen entre las piernas.

1Los lectores comentaron

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  1. Javi Perti en 29 Enero, 2017

    Un artículo absolutamente genial. Falta mucha formación en la sociedad sobre identidad de género, orientación del deseo, orientación sexual, etc.
    Es sabido que las fobias surgen de la ignorancia, y la ignorancia se cura (eso sí que es una enfermedad cuando se cronifica) con conocimiento.
    Desde la infancia se nos debería ofrecer una educación que englobase el pensamiento crítico y apostase por la libertad de elección. Empezar a ver estas realidades como algo natural es una necesidad básica de nuestra civilización para entender la Humanización y conseguir el respeto y el entendimiento, ambos de la mano en el camino hacia la paz.

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