Por Ana Gamarra Rondinel

En las últimas décadas, la mayoría de los países de la Unión Europea (en adelante UE) se vieron afectados por cambios económicos y sociales que a su vez influyeron sobre la equidad y la eficiencia de los sistemas tributarios. Así, en estos años, las medidas adoptadas en materia fiscal en los países de la región -y en consecuencia en España- tienden hacia un sistema fiscal cada vez más regresivo. Esto ha agravado los dos grandes problemas del modelo tributario español: “la anemia recaudadora y la falta de progresividad”[1]. Es decir, en España quienes más ganan y más tienen no pagan más impuestos, lo que afecta a la progresividad y por tanto a la equidad del sistema tributario. Entonces, cabe que nos preguntemos: ¿esta tendencia es la más óptima en estos tiempos de crisis económica y desigualdad social? A esta interrogante trataré de responder desde las dos funciones del sistema fiscal: la recaudación (eficiencia) y la redistribución (equidad). Asimismo, propondré algunas alternativas y terminaré con una conclusión.

 La recaudación

La economía española está sumergida en una crisis que ha traído a flote el gran problema del sistema tributario. Durante estos años se ha satanizado el supuesto “excesivo” gasto público español, alegando que el desbalance fiscal es producto del mismo. Sin embargo, si comparamos el gasto público del 2012[2], España gastó (en tanto por ciento del PIB) un 15% menos que el promedio de la UE y ocupó el puesto 22 en el ranking de gasto por debajo de todos los países avanzados (salvo Irlanda) y de varios de los menos avanzados (Letonia, Hungría, Eslovenia, entre otros). Entonces, puede que el problema no recaiga sobre el gasto, sino sobre los ingresos públicos que están entre los más bajos de la UE a pesar de que los tipos de los principales impuestos (IVA, IRPF, IS) estén iguales o por encima de la media europea[3].

Para resolver este desbalance la solución óptima y más esperada era que la reforma fiscal (2014)  corrigiera la anemia recaudatoria atacando a sus dos causas fundamentales: el fraude fiscal y las innumerables bonificaciones, deducciones y vías de elusión fiscal que suponen unos 51.100 millones de euros[4].

La redistribución

La función redistributiva de los impuestos muchas veces es opacada por la función recaudatoria, para evaluar la equidad del sistema se utiliza comúnmente dos criterios: la Equidad Horizontal (EH) y la Equidad Vertical (EV). La primera (EH) sostiene que todos los que tienen la misma (o similar) renta deben pagar los mismos (o similares) impuestos; por tanto, para evaluar la EH en el sistema se debe analizar si las familias reciben un trato diferente siendo iguales, desde un punto de vista económico. En el presente sistema fiscal observamos la persistencia de beneficios fiscales injustificados (bonificaciones, deducciones y exenciones) los cuales tienen un efecto negativo sobre la EH porque hacen que los contribuyentes iguales reciban un trato diferente, distorsiona las decisiones de los individuos, merma los recursos y atenta contra la justicia del sistema.

[quote_right]Adjetivar la tributación como compasiva significa hacer que la tributación sea sensible y reaccione ante el sufrimiento de los últimos de la sociedad[/quote_right]

El segundo criterio de equidad, la EV, está relacionado con el grado de progresividad del sistema tributario y con su función redistributiva porque logra que la distribución de la renta posterior al pago de impuestos sea mayor a la distribución de la renta antes de los mismos. Sobre la cuestión de quién soporta la mayor carga impositiva en el sistema tributario español, la evidencia empírica demuestra que son las rentas medias, los trabajadores y las familias endeudadas, que son quienes tienen menor margen de elusión fiscal al estar totalmente controladas sus rentas a través de la nómina. Asimismo, el actual sistema fiscal favorece a las rentas altas porque carece de medidas sobre la fiscalidad patrimonial y mantiene la injusta diferencia entre rentas del trabajo y rentas del capital al imponer una tasa menor al rendimiento del ahorro (intereses, dividendos, fondos de inversión y seguros).

Consecuentemente, el sistema tributario español es inequitativo, la renta post impuestos se reparte con una mayor desigualdad que la renta antes de impuestos, lo que a su vez incrementa la brecha social y económica del país, siendo España el segundo país de la UE con más desigualdad.

Alternativas fiscales

Proponemos una “tributación compasiva” [5], que supone introducir en el horizonte técnico-económico la ética como medio para recuperar el rostro humano de la economía. En consecuencia, esta propuesta va más allá del egoísmo y la codicia como fundamentos económicos y se abre a otra mirada de la economía desde un punto más solidario. Cuando hablamos de una “tributación compasiva”, lejos de referirnos a una propuesta soñadora e ilusoria estamos proponiendo una alternativa que conlleva una reforma concreta del sistema fiscal.

Para ello debemos retomar la función equitativa y redistributiva del sistema fiscal encarnada en el IRPF. Este impuesto directo tiene una característica que lo diferencia de los demás impuestos: la progresividad. No obstante, las decisiones adoptadas en los últimos años han ido transformando el sistema impositivo en uno más regresivo, de ahí que diversos economistas consideremos que la tributación debe atender primordialmente al principio de progresividad, ya que la importancia de la progresividad es su capacidad de redistribuir la renta a través de la reducción de la desigualdad. Esta afirmación es crucial, por ello mi insistencia en el IRPF porque puede ser un instrumento importante para combatir las dificultades.

Empero, esa capacidad redistributiva del IRPF escasamente mencionada, está desapareciendo cada vez más debido a la existencia de deducciones y bonificaciones (a la vivienda, a los planes de pensiones privados y a las donaciones privadas) injustificadas que añaden complejidad al impuesto, estimulan la elusión, aumentan los costes, aminoran la recaudación y benefician a aquellos que no necesitan ninguna ayuda tributaria porque se encuentran en los tramos más altos de la renta. En ese sentido, proponer una “tributación compasiva” en España en línea con los principios de igualdad y progresividad establecidos en la Constitución española de 1978 supone corregir los graves problemas del sistema teniendo en cuenta sobre todo a los potenciales “perdedores y ganadores” del mismo.

Conclusión

 La propuesta de una “tributación compasiva” lleva implícita una transformación de la racionalidad económica, porque supone un cambio: del egoísmo como principio económico a la compasión como valor tributario. En ese sentido, adjetivar la tributación como compasiva significa hacer que la tributación sea sensible y reaccione ante el sufrimiento de los últimos de la sociedad. Ello entraña tres cuestiones: (a) una nueva forma de tributar desde los últimos o los “perdedores” respetando los principios de la tributación (universalidad y equidad), (b) un retorno a la función equitativa y redistributiva del sistema fiscal encarnada en el IRPF y (c) la corrección de los problemas del sistema fiscal a través de una limpieza de la base del IRPF para una mayor progresividad del sistema.

[1] Joaquín Estefanía, “Impuestos: la sociedad que queremos ser”, en el Diario El País (17/03/2014)

[2]“Estadísticas de hacienda pública”, Eurostat, Statistics Explained (2012). Disponible en: http://epp.eurostat.ec.europa.eu/statistics_explained/index.php/Government_finance_statistics/es

[3] La recaudación de España es un 25 por ciento menos que el promedio (7,5 puntos del PIB). Países como Bélgica, Italia y Francia recaudan más del 40 por ciento que España, incluso Grecia y Portugal recaudan un 10 por ciento más. Ídem.

[4] Fuente: “Indicadores, Coyuntura Nacional e Internacional”, en Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), 2014.

[5] Ver: Ana Gamarra, “Hacia una tributación compasiva” en Revista Páginas Nº235, Setiembre 2014, Ed. CEP, pp. 66-74,