Perú, la difícil presidencia de Castillo

Pocos días antes de las elecciones presidenciales en Perú,  Vargas Llosa escribió un artículo en El País augurando todos los males para la nación si salía elegido Pedro Castillo. Las líneas que siguen son un informe sobre sus logros y dificultades.

Fuente: Salud con lupa

Las elecciones del 2021 se dieron en un contexto económico marcado por una fuerte crisis, fruto de las medidas que se tomaron para enfrentar la pandemia de la COVID-19, que a la fecha ha ocasionado más de 200.000 muertes en nuestro país. Esta situación agudizó y visibilizó los problemas de empleo, ingresos, alimentación, desigualdad y pobreza que afrontaba la población antes de la pandemia. A ello se sumó el colapso del fragmentado sistema de salud y los crecientes problemas de salud mental provocados por las diversas situaciones de angustia, impotencia y desesperación ocasionadas por la pandemia y sus consecuencias.

En el sector educación se generó una alta exclusión del alumnado a todos los niveles, ya sea por necesidad de trabajar para la sobrevivencia o por problemas de falta de fluido eléctrico o conectividad digital. Por otra parte, las mujeres incrementaron considerablemente su carga doméstica debido a la presencia de los niños todo el día en el hogar y el cuidado de los enfermos de COVID.

Vemos pues, que el Perú llegó a las elecciones del Bicentenario sumido en diversas crisis: sanitaria, económica, alimentaria, ética, ecológica y política. Esta última causó que en cinco años se hayan tenido cuatro presidentes y dos congresos. Por todo ello, la ciudadanía demandaba cambios para afrontar estas múltiples crisis.

El actual presidente, Pedro Castillo Terrones, es un maestro rural, campesino, dirigente sindical y rondero (miembro de organización rural, reconocida por la legislación peruana, para la autodefensa contra la delincuencia) que ganó en primera vuelta gracias a su identificación con la población excluida, población que demanda cambios, reconocimiento y está contra el centralismo limeño. A este sector se sumaron, en segunda vuelta, quienes rechazan la corrupción de la líder de Fuerza Popular, Keiko Fujimori.

En los 100 primeros días ya hubo medidas de tinte social.

1.- Ha continuado exitosamente el proceso de vacunación, logrando en los tres primeros meses pasar del 14% de la población vacunada con dos dosis al 56%.

2.- Ha anunciado la reorientación de la política agraria hacia el apoyo a la agricultura familiar, totalmente descuidada por la prioridad dada desde 1990 a la actividad agroexportadora. Decisión importantísima porque en este sector se encuentran los mayores niveles de pobreza y es un sector estratégico porque nos proporciona entre el 75 y el 80% de nuestros alimentos.

3.- Ha declarado en emergencia el sistema educativo público, buscando atender las pérdidas de aprendizajes producidas por la pandemia y la brecha de conectividad que ocasiona que el 69% de estudiantes de cuarto de primaria a quinto de secundaria no tengan computadora ni acceso a Internet; y que solo el 36% de servicios educativos públicos tengan acceso a Internet. Igualmente ha planteado reformular el concurso de ingreso a la carrera docente, que actualmente da demasiado peso a la evaluación escrita de conocimientos.

4.- Ha anunciado la masificación del gas para uso doméstico, para lo cual se han iniciado negociaciones con la empresa concesionaria del gas de Camisea. En las negociaciones también se busca una mayor contribución al desarrollo del país vía impuestos.

5.- Ha planteado la necesidad de una reforma tributaria, para lo cual está pidiendo facultades extraordinarias al Congreso. La presión tributaria en el Perú es una de las más bajas de la región (entre 14-16,6% del PBI), con altos índices de elusión y evasión.

6.- Ha buscado aliviar en algo la economía familiar. Destacan el aumento salarial a los docentes públicos, que estaba retrasado; el haber logrado bajar el precio (que se había disparado) del Gas Licuado de Petróleo (GLP), el otorgamiento de un bono para los hogares más necesitados y la incorporación al sistema público de pensiones (lo que incluye atención de salud) a los que hayan aportado 10 años.

7.- Un relativo buen manejo de la alta conflictividad social, privilegiando el diálogo y no la represión, lo cual no es fácil por la cantidad de conflictos heredados y por el hecho de que muchos de ellos son demandas que llevan años sin resolver. Según la Defensoría del Pueblo, a septiembre del 2021, existen 198 conflictos sociales. Dos terceras partes de dichos conflictos tienen que ver con temas socio ambientales, por la presencia de empresas extractivas (mineras, petroleras) en territorios de comunidades indígenas.

Castillo se enfrenta a grandes retos en la sociedad.

Sin embargo, su gobierno enfrenta una gran inestabilidad, fruto de:

1.- El surgimiento de una ultra derecha clasista y racista, con un discurso anticomunista visceral. Este sector tiene un amplio respaldo de los poderes fácticos, especialmente el empresarial, el religioso (sectores conservadores evangélicos y católicos); y el mediático, que en nuestro país se encuentra altamente concentrado. Además, cuenta con el respaldo de casi el 25% de la Opinión Púbica. El uso descarado de las noticias falsas (ampliamente difundidas por sus medios afines y en las redes) ha logrado alinear ideológicamente a sus partidarios e incluso apelar con éxito a la movilización callejera de los mismos. Su comportamiento nos hace recordar el famoso dicho del Ministro de Propaganda Nazi Joseph Goebbels “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Eso es exactamente lo que sucedió con la narrativa de la ultra derecha del supuesto “fraude en mesa” y hoy con los argumentos que da para propiciar la vacancia presidencial, para lo cual se requieren solo 87 votos en el Congreso.

2.- La entrada en la escena política nacional de una ultraizquierda, mayormente regional o provinciana, anclada en las propuestas ideológicas de los sesenta, sin ninguna capacidad de apreciar la real correlación de fuerzas o plantear alianzas (incluso con la llamada izquierda moderna); y con poca capacidad de gestionar eficientemente el aparato del estado.

3.- El vaciamiento del centro político, aprisionado por la polarización entre la ultra derecha y la ultra izquierda que hoy dominan el escenario político nacional; pero también por la ausencia de liderazgos y propuestas alternativas sólidas.  Su importancia reside en que pueden inclinar el fiel de la balanza hacia uno u otro lado a nivel del Congreso de la República.

4.- Un Congreso donde priman los intereses de grupo, sin afiliaciones partidarias sólidas, pues 47% de los actuales congresistas se inscribieron en partidos por los que fueron elegidos a fines del 2020 y 28% son invitados; es decir, 75% no tiene vínculos partidarios sólidos. Pero lo más grave es que la mayoría de ellos no tiene ninguna intención de buscar acuerdos con el Ejecutivo que permitan superar las múltiples crisis que afronta el país.

No parece haber indicios de que la situación descrita líneas arriba mejore sustancialmente, por lo que tememos que este sea el marco en el que Castillo desempeñará su labor en el próximo año.

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