Josep Maria Carbonell: «La Iglesia debe convocar y unir a un país cada vez más dividido y ser, repito, signo de unidad»

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pag4-5_temadeportada_carbonell_web.jpg 1. ¿Cuál es su lectura de lo que sucede en Cataluña en estos momentos y las salidas posibles?

Lo qué está sucediendo actualmente en Cataluña es la expresión, en amplios sectores de la población, de un profundo malestar –ampliado por la crisis económica y el paro– ante determinadas políticas y actitudes de gobernantes del Estado en contra de Cataluña. Desde el 2003, cuando Cataluña empezó su proceso de revisión estatutaria, las campañas sistemáticas en contra han sido muy fuertes y, normalmente, lideradas por el PP y sus medios afines más radicales: el recurso contra el Estatut, votado en referéndum (y aprobado –con recortes muy significativos– en el Congreso), la campaña contra el modelo lingüístico educativo (“se persigue a los que no hablan catalán”), la insistencia en que “Cataluña se aprovecha de los pobres españoles”, cuando, desde cualquier óptica razonable, hay un déficit fiscal de entre 4.500 y 11.000 millones que llevó al gobierno catalán a ser la primera comunidad en aplicar los mayores recortes presupuestarios, hace ya cuatro años, ante el profundo malestar de la población.

Pero también lo que está sucediendo en Cataluña es utilizar todo esto para encontrar un culpable –España- de todas nuestras limitaciones, errores, corrupción y recortes presupuestarios, especialmente duros en sanidad, educación e infraestructuras. Y todo ello empujado por un aparato mediático impresionante que, en zonas interiores de Cataluña, es hegemónico y en donde el mínimo e imprescindible pluralismo mediático brilla por su ausencia. La división entre la Cataluña soberanista en zonas interiores y la otra Cataluña (catalanista, federalista o, como ahora algunos quieren imponer, unionista) en zonas urbanas y populares es cada día mayor.

2. ¿Qué cree que debe y puede hacer la Iglesia catalana en esta coyuntura?

Ante esta situación, la Iglesia está actuando con la debida prudencia. La Iglesia debe convocar y unir a un país cada vez más dividido y ser, repito, signo de unidad. Debe mantener el equilibrio entre ser una Iglesia de todos y ser una Iglesia comprometida con su pueblo, el catalán. Debe ser una Iglesia que rehúya la tentación de un neo-nacional-catolicismo pero que sea capaz de inculturarse a fondo en la realidad nacional catalana. Una Iglesia que critique a aquellos que defiendan la unidad de España como “bien moral” y aquellos que quieran excluir de la Iglesia catalana a aquellos que no profesen el soberanismo. La catalanidad de la Iglesia no debe identificarse con aquellos que ahora han descubierto que el único camino de “salvación” de Cataluña es la independencia. La catalanidad de la Iglesia tampoco puede entenderse sin defender la condición nacional de Cataluña, su lengua e identidad.

Y todo esto no es nada fácil, como no es nada fácil la situación política en Cataluña. Nos encontramos en un momento histórico donde la rauxa se ha impuesto al seny, como en otros momentos históricos de nuestro país. Espero que el sentido común vuelva tanto a Cataluña como a los gobernantes del PP que han sido los mayores culpables de esta situación de desencuentro y ruptura.

Josep Maria Carbonell, Decano de la Facultad de Comunicación Blanquerna (Universidad Ramon Llull) y Presidente de la Fundación Maragall

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