La herida abierta de la Amazonía

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portada2-3.jpgPor primera vez en su historia, los pueblos indígenas de la Amazonía peruana se alzaron, de norte a sur, para defender sus derechos, para reclamar lo que es suyo, para que su voz traspasara la cordillera andina y llegase a los centros de poder político y económico del Perú.

Lo sucedido durante el último año en la selva amazónica peruana se estudiará en el futuro como un antes y un después en el papel socio –político que tienen los pueblos indígenas. A veces los periodistas tenemos la tentación de usar calificativos y giros retóricos muy rimbombantes para resaltar aquello sobre lo que escribimos. En este caso, no creo exagerar, sobre todo porque estas primeras conclusiones las confirman quienes están diariamente al pie del cañón de las reivindicaciones de los pueblos indígenas. La importancia de este movimiento de protesta y lo que tiene de verdaderamente histórico estriba en que se extendió por toda la selva, llegó al último rincón de la Amazonía peruana y, finalmente, consiguió algunos de sus objetivos.

Lo que está sucediendo en la selva amazónica, peruana o brasileña, tiene el gran telón de fondo de la explotación de los recursos naturales. Primero fueron los caucheros, luego los madereros, siguieron los buscadores de oro y más tarde llegaron las grandes empresas de hidrocarburos, entre ellas las españolas. En definitiva, una historia de depredación del gran pulmón del planeta. Pero lo que muchos siguen sin tener en cuenta es que, junto con la flora y la fauna, también viven hombres y mujeres desde hace cientos de años.

“Los pueblos indígenas nunca fueron tenidos en cuenta por el poder político y económico”, comenta Jacqueline Binari, una joven abogada de etnia machiguenga. El caso de Jacqueline es interesante ya que es muy difícil que una chica nacida en un pueblo del Alto Urubamba, en el sureste de la selva, haya llegado hasta aquí. La ayuda de los misioneros dominicos españoles fue fundamental y ahora Jacqueline trabaja para una de las mayores federaciones de pueblos indígenas. “Lima y la costa peruana siempre le dieron la espalda a la realidad de la selva, sólo cuando se han dado cuenta de la importancia económica de sus recursos es cuando existimos, pero sólo para explotar nuestra tierra”, sigue Jacqueline.

La Iglesia peruana también parece en cierta medida reproducir ese esquema socio-político del país. Quienes más han levantado la voz contra la situación de explotación de la selva es la Iglesia amazónica. Los nueve obispos de la Amazonía peruana crearon en 1974 el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP) para la promoción de la población marginada de la selva, especialmente de los indígenas amazónicos. En su quehacer institucional, el CAAAP ha hecho hincapié en un modelo de promoción humana y desarrollo en que no sólo unos pocos se beneficien, sino que tome en cuenta a todos y a la dimensión humana en toda su integralidad. En su trabajo con los pueblos indígenas de la Amazonía peruana ha apostado por la inclusión de la propiedad de la tierra, del trabajo y del conocimiento, con posibilidad real de un desarrollo verdaderamente humano.

Cada día, la web del CAAAP (http://www.caaap.org.pe/) incluye noticias, comentarios, documentos y opiniones orientadas a la defensa de la Amazonía y sus pobladores. El mismo día que escribo esto recoge las recomendaciones de la ONU de que no se hagan más explotaciones petrolíferas en la selva sin el consentimiento de los indígenas y se hace eco de un informe del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD) de Naciones Unidas que considera que en Perú el derecho de los pueblos indígenas a ser consultados no es respetado plenamente, saluda la derogatoria de los decretos legislativos que afectan a la Amazonía e insta al gobierno a implementar de urgencia una comisión investigadora independiente sobre los hechos de Bagua del pasado 5 de junio.
Por tanto, se puede afirmar que hay una Iglesia en la que comunidades cristianas, misioneros y obispos reman en la misma dirección en la defensa de los intereses de los pueblos indígenas peruanos. El español Francisco Gónzález, dominico y obispo del Vicariato de Puerto Maldonado, no es menos tajante a la hora de explicar la situación: “sólo les interesan las riquezas que contiene la selva y no les importa barrer por completo a los seres humanos que la habitan”.

Otro dominico, el misionero Ricardo Álvarez, antropólogo y discípulo de Lévi-Strauss, también señala la importancia histórica del movimiento indígena e insiste en que la clave es la formación, conseguir que muchos jóvenes de la selva accedan a estudios superiores y contrarresten con argumentos de peso las injusticias permanentes que se dan en la selva. El padre Ricardo ejerce de tutor de los alumnos nativos, becados por las misiones con la ayuda española, que hacen sus estudios superiores en Lima. Desde el convento de Santa Rosa, en Lima, este veterano misionero y autoridad en el campo de la antropología amazónica, no ceja en su empeño de animar a los jóvenes de las distintas etnias a que estudien, se formen y, así, puedan ayudar a sus comunidades de origen.

Los dominicos también han creado recientemente el Centro Cultural “José Pío Aza”, desde el que se fomenta y apoya la investigación sobre los pueblos y las culturas amazónicas.

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