“Del sufismo y del amor”

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Un hombre reza en el oasis de Bahariya (Egipto). “Oh, Amado, tómame. Libera mi alma. Lléname con tu amor” (Rumi)

Sufismo. Amor, belleza, contemplación, consciencia de Dios, embriaguez del amado… Dice Annemarie Schimmel de esta experiencia espiritual en su libro Las dimensiones místicas del Islam (Pliegos de Oriente, Trotta, 2000). De la mística en general, una vivencia religiosa presente en las diferentes religiones -y contraponiéndola a cualquier tipo de ortodoxia y fundamentalismo- el profesor de la Universidad Carlos III Juan José Tamayo dice: “La experiencia religiosa auténtica, profunda, radical, está tan alejada del fundamentalismo como de la idolatrías. La experiencia que mejor y más auténticamente expresa la vivencia religiosa es la mística, valorada por creyentes y no creyentes… No conozco ninguna guerra de religión, ninguna actitud excluyente, ninguna actitud condenatoria para con sus hermanos que tenga su origen en la mística. La mística constituye uno de los lugares privilegiados de la experiencia religiosa”.

La mística, en este caso la mística islámica, el sufismo, es la experiencia radical de encuentro con Dios y la experiencia del Amor, con mayúsculas, que está relacionado con el amor y el respeto hacia lo que nos rodea, hacia la creación, hacia los seres humanos, con veneración y gratuidad; toda una experiencia de encuentro con Él (el único, el hacedor, la luz, el guía, el sustentador, el refugio, el benévolo, el dispensador de gracia, el justo, el que es paz en sí y proporciona seguridad…) y con los otros, los bellos hallazgos amorosos que dan la vida. Es el alma encontrándose con el bienamado y tal radicalidad es un viaje también en el que, en palabras de Rumi, “no hablo de cuerpo y alma, ya que pertenezco al alma del Amado” y esto supone, complementándolo con Ibn Arabi, que “el Amor es el credo y la fe”. Cultivar “la semilla del Amor”. Dice Yunus Emre, “Estar enamorado del amor con amor es ganar un alma, sentarse en el trono de los corazones”.

El sufismo es la experiencia radical de encuentro con Dios. Es toda una experiencia, por mor de ese encuentro, de conocimiento y de purificación del alma y del corazón. Es ejercicio luminoso (que, por otro lado, saca de las tinieblas, de la desorientación, que concluye en el encuentro con Él). Es una vía y una búsqueda que se realiza en ese amor de Dios y a Dios, en el encuentro del alma con Dios. Una travesía llena de humildad y desprendimiento. De purificación y de sanación. De contemplación, admiración y recogimiento también. Y alcanzar el éxtasis a través de la experiencia, de la bondad y del desapego de lo mundano. La cumbre de la espiritualidad. Encuentro con Allah y liberación.

Conexión con Dios, unidad divina y admiración

Y hete aquí el tasawwuf (consciencia de Dios, profunda espiritualidad, generosidad, renuncia, actos de esfuerzo o mûyahada y amor hacia Allah; todo ello con el objetivo de la purificación del alma (nafs) y del corazón (para alcanzar la pureza o safa) y de llegar a esa consciencia de Dios y a la conexión con Él); y el tawhid, la interiorización de la unicidad divina (¡qué bien lo describió el argelino Alaui!), de la unidad y unicidad de Dios (único y uno solo y sólo, no como, por ejemplo, en el cristianismo, que declara la existencia de la trinidad, uno y trino), reconocimiento que ya viene expresado en la profesión de fe, la Shahada, (“No hay más Dios que Allah”); y en la unidad de lo real (wahdat al-wujud), del ser, de la creación (de la que Él es hacedor); y en la conciencia y la memoria (dhikr) continua de esa unidad/unicidad (tawhid). “Dios es solo un Dios único… Suyo es todo cuanto hay en los cielos y todo cuanto hay en la tierra; y nadie es tan digno de confianza como Dios” (Corán 4: 171). Rumi dice, “¿Cuál es el secreto? Dios es Uno”.

Sobre el wahdat al-wujud, se trata de un concepto defendido por Ibn Arabi y que ha sido utilizado o sugerido por otros sufíes como Rumi que, sin embargo, desde ciertos ámbitos del islam (incluido cierto sufismo) no se comparte y se tilda de panteísmo (algo que seguramente no sea así). “Nuestro Masnawi es la tienda de la Unidad Divina. Salvo el Uno, todo lo demás que veas en él es un ídolo”, Rumi, que nombra y recuerda constantemente la unidad. Pero, «la infinita morada del Ser Infinito está por todas partes, en la tierra, en el agua, en el cielo, en el aire. Firme como un rayo el asiento del buscador está instalado en el vacío. Él que está dentro está fuera. Lo veo a Él y nada más”, Kabir.

Se trataría, más bien, del reconocimiento de la mano de Dios en la creación y estaría íntimamente relacionado con la contemplación (de la obra del hacedor), la admiración (de las maravillas), la chispa divina en el espíritu (ruh) y el recogimiento. La contemplación es, además, de manera paralela, ensimismamiento en Él, recogimiento e interiorización; un estar atentos a los reclamos por parte de Dios, a la llamada y al dejarse ser buscado. “En la creación de los cielos y de la tierra y en la sucesión de la noche y el día hay, ciertamente, mensajes, para los dotados de perspicacia y que recuerdan a Dios de pie, sentados y cuando se acuestan y median sobre la creación de los cielos y de la tierra (…) No creaste nada de esto sin un significado y un propósito” (Corán 3: 190-191).

Los sufíes destacan la apuesta por buscar el significado de lo creado, la belleza en su obra y respetarla (mas no adorarla, porque lo único digno de adoración es Dios y lo demás sería idolatría) y a reconocer que Dios es uno y es el único; sin perder de vista (para eso está la memoria, el dhikr) la excelencia y la unicidad de Dios, que es un Dios separado (del mundo) y no encarnado (como sí lo es el Dios de los cristianos). Uno y único a quien adorar.

En el próximo artículo completaremos diversos aspectos de la mística de estos «locos por Dios y por el Amor». «Y cuando me alejo del Amado (Bienamado) mi corazón se llena de miseria» dice Rumi.

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