La censura del cardenal Rouco

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Varios medios de comunicación, tanto escritos como hablados, han informado de que el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, ha dado la orden de que no se difunda el comunicado realizado por la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) y la JOC (Juventud Obrera Católica) sobre la reforma laboral. Ante esta decisión la verdad es que no sé qué siento más, si indignación o tristeza.

Aunque posteriormente se ha tratado de justificar el hecho diciendo que no era un documento de la Diócesis de Madrid, ni un texto oficial –una vez más parece que la Iglesia sólo es la jerarquía-, lo cierto es que siento pena por la decisión del cardenal Rouco. Su postura, además de su propia ideología conservadora, está en relación con que buena parte de la financiación de la Iglesia dependa de los presupuestos del Estado. No hay que ser críticos, no vaya a ser que los “recortes” también nos afecten.

Me gustaría preguntarle si este comunicado tiene algún “problema” con la fe, con el dogma, con la verdad, con la tradición de la Iglesia… Entonces, ¿por qué cesura lo que ha escrito alguien que es tan Iglesia como él? También le reprocharía, reconociendo incluso que es austero y trabajador, que es fácil llegar todos los días a casa sin tener que preocuparse de la hipoteca; de los recibos de la luz, el agua, el gas, el teléfono; el precio del transporte o la gasolina; lo que han subido los alimentos; la educación de los hijos, buscarles una salida; la desatención a la pareja por horarios desquiciados, sin olvidar el temor a que mañana me puedo quedar sin trabajo o la angustia de que mañana sigo sin encontrar un empleo.

¿Alguna vez se detendrá a pensar el desprestigio que decisiones como ésta pueden estar acarreando a la Iglesia, pueblo de Dios? Indignación o tristeza. Sigo sin saber qué es más fuerte.

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