Los gestos del corazón

Se acercan días señalados que nos recuerdan con esperanza que todo puede ser leído distinto desde la promesa sempiterna de un Dios infinitamente enamorado y afectado por su creación. Tanto envoltorio, tanto despliegue publicitario que convierte el principal anuncio en letra pequeña, a la que acostumbramos no leer y asentir con la cabeza aceptando las condiciones de entrega y de uso, es decir, que todo queda a responsabilidad del “consumidor”.

Tal vez se trate de eso, de leer lo que pasa tan desapercibido, de recordar lo esencial de los detalles, de ilusionarnos porque nos toca el corazón…

Recientemente he visto una película, “Navidad S.A” que trata de no comercializar las profundas convicciones de la humanidad, de salvaguardar la esperanza de un mundo lleno de inercias e intereses. “El mundo necesita creer y soñar con la Navidad”.
Me resisto a “des-creer”, a “des-ilusionar”, a “des-encantar”, a “des-actualizar” el camino hacia la posada de Nazaret, donde todo comenzó (o por lo menos donde el Dios-Todo-Poderoso se mostró Dios-Todo-Niño). Un Dios que quiere acampar, que no quiere estar en las alturas o en las talladas imágenes, que quiere regalar su corazón en cada corazón, que siente el frío de estos días y de tantas vidas ateridas en la intemperie (física y socialmente). El Dios de la Vida, el Dios de la Historia, el Dios de Emaús que quiere crecer hombre y mujer, al mismo tiempo, con deseos de vida. La vida es el don de cada día, el sueño y tarea de cada nuevo amanecer por vivirla en plenitud.

Es lo que se nos ha contado siendo peques, es lo que hemos contado a nuestros peques, es lo que necesitamos recordar con corazón de peques.

Tenemos días para sentirnos pequeños, recordar los relatos de las esperanzas compartidas y desear regalar gestos del corazón que hacen de cada encuentro un singular anuncio de hermanada navidad.

Un cálido abrazo de un niño en adviento

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