¿Para cuándo?

He pertenecido durante 26 años a una parroquia en buena línea con el Vaticano II. Era ilusionante. Pertenecíamos a diversas clases sociales. Los parroquianos nos consideraban la guinda de la vida parroquial. Los párrocos que la animaban motivaban la naturalidad, la igualdad, la fraternidad. Nos ofrecían un Jesús cercano, misericordioso, que compartía, que sentía, que sabía esperar…

En ese ambiente, con tareas en común, se fue desarrollando entre nosotros la empatía, la amistad y, me atrevería a decir, la igualdad y la fraternidad.

Se retiró el sacerdote mayor por enfermedad. Enviaron a uno con aires de “rebelde”. Le acogimos y le acogieron. Le gustaba caer bien y notamos que quería ofrecer algo nuevo, pero no estaba preparado. Pronto descubrimos sus “celillos”, pues descubrió que éramos maduros en la fe, que bastantes le daban sopas con honda en actitud cristiana y en preparación. Él hacía su trabajo y dejaba hacer, pero descubrimos que no era trigo limpio. Por fin le sacamos que le enviaron allí para cargarse el estilo de la parroquia. Pronto decidió marcharse. Ya ha encontrado una parroquia importante, pero muy tradicional. Esperamos que se sienta feliz. Yo por motivos de familia, tuve que trasladarme, pero sigo en sintonía con los hermanos acudiendo a algunas celebraciones, a pesar de los 60 km.

Acabo de leer el libro de José Antonio Pagola “Jesús. Aproximación histórica”. Leyéndolo me ha hecho recordar bastante de mi experiencia en esa parroquia. El Jesús histórico se parece mucho al Jesús que descubrimos en esa parroquia. Me pregunto: ¿por qué a ciertos sacerdotes les molesta que los laicos sean más maduros en la fe que ellos?, ¿por qué los sacerdotes más inteligentes y comprometidos se han secularizado?, ¿por qué ocupan los puestos de poder siempre los más conservadores, los que tienen más nostalgia del pasado?, ¿por qué no ocupan parte del poder aquellos que darían respuestas nuevas a los problemas nuevos?

Con el Vaticano II nuestra iglesia se adelantó a los tiempos dando respuestas acertadas a los nuevos tiempos. Creo que el Papado pasado y el actual han hecho como la mujer de Lot, mirar para atrás. ¿Por qué será?

El neoliberalismo y el socialismo están caducos, no tiene respuestas muy válidas a las nuevas situaciones. ¿Para cuándo el “cristianismo de Jesús” va a ofrecer algo diferente que no sea la rutina vaticana?

No perdamos más oportunidades. Ya que nuestra iglesia se apoya en los conservadores, ofrezcámosles las directrices y la preparación de los teólogos marginados. Así podremos decir que somos “sal de la tierra” y “levadura”. De lo contrario, ya llevamos 1.700 años y siempre estamos donde mismo y a peor.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.