Mayo del 18

Han pasado 50 años de aquella movida que conocemos como Mayo del 68. Hace medio siglo, lo que comenzó como una protesta estudiantil en Francia contra empresas estadounidenses que participaban en la guerra de Vietnam y que no era sino un reflejo de las movilizaciones pacifistas en los EEUU se convirtió en un referente generacional de protesta y cambio, de movilización ciudadana y creatividad.

El mundo occidental estaba harto de los engaños de empresas y políticos. Kennedy había sido asesinado unos pocos años antes dejando un berenjenal importante (crisis de los misiles de Cuba, Watergate…), las empresas participaban alegremente de una guerra muy lejos de sus sedes y sus oficinas y se enriquecían con la venta de armas, suministros al ejército y demás parafernalia que llevan las guerras (un día de estos escribiré, lo prometo, sobre las bondades económicas de los conflictos bélicos).

La clase media norteamericana consumía y consumía sin pensar en las consecuencias medioambientales de su despilfarro y derroche: electrodomésticos, coches, comida rápida, mientras recibía cada vez con mayor frecuencia los ataúdes cubiertos por la bandera de las barras y estrellas de sus jóvenes combatientes en Asia. Un pequeño grupo de hippies, con sus largos pelos y sus flores, su música y su libertad soñaba un mundo de paz, concordia y felicidad: como decía uno de los iconos de la época (Lennon), “había que dar una oportunidad a la paz”.

Y la juventud francesa, llevada por este espíritu de hermandad mundial, levantó un día barricadas de adoquines y se negaron a hacer exámenes en la universidad, como respuesta a que su gobierno hubiera encarcelado a los que protestaban por la mezcla de intereses económicos en la guerra. La Sorbona se cerró y la cosa se lió. La cosa fue creciendo y contagió a la clase obrera industrial, a los periodistas, a las amas de casa. Huelga general, ocupación de la Universidad, organización en comités…

Han pasado 50 años, tuvimos nuestro 15M hace poco, pero las cosas siguen igual sino peor: mayo del 18 nos trae noticias de guerra desbocada y descontrolada en Siria. De innumerables muertes en el Mediterráneo y de persecuciones a quienes intentan que esa tragedia sea algo menor. Mayo del 18 nos trae, una vez más, políticos que mienten, puertas giratorias, impunidad. Se ha descubierto en el Pacífico una isla de basura plástica tan grande como Francia, ¿no vamos a hacer nada?

Termino mi columna de este mayo con alguna de las frases de aquel otro mayo. Son apócrifas y anónimas, tomadas de aquí y de allá gracias a ese Gran Hermano que es Google. Quieren ser homenaje y recordatorio, provocación primaveral.

  • Sed realistas, exigid lo imposible
  • Están comprando tu felicidad. Róbala
  • La barricada cierra la calle, pero abre la vía
  • La acción no debe ser una reacción sino una creación
  • Cambiar la vida. Transformar la sociedad
  • En los exámenes, responda con preguntas
  • No puede volver a dormir tranquilo aquel que una vez abrió los ojos
  • Olvídense de todo lo que han aprendido. Comiencen a soñar
  • Las paredes tienen orejas. Vuestras orejas tienen paredes
  • Queda decretado el estado de felicidad permanente

Autoría

  • Carlos Ballesteros

    Nací en Madrid, cosecha del 69. Fui a la Universidad donde me licencié en eso que llaman la Ciencia de la Casa (Ekos-Nomia) eso sí, rama empresarial. Luego de mi paso por el movimiento asociativo juvenil, colaboré, con otros cuantos, en la fundación del restaurante de comercio justo Subiendo al Sur, fui secretario de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo, fundé el Grupo de Apoyo a Proyectos de Economía al Servicio de las Personas, fui patrono de la fundación educativa FUHEM. Mi aventura actual es ayudar a crecer junto a/con Marta dos proyectos: Martín, dos años y siete meses cuando escribo esto y Miguel (9 meses). Pero no nos quedamos sólo en ello. Viajamos por el mundo; hemos creado Amigos de Nyumbani, una ONG de apoyo a un proyecto de niños con VIH en Kenya; participamos en otra ONG de nombre el Casal; vivimos en la sierra de Madrid, en un pequeño pueblo a los pies de La Pedriza en el que tratamos de apoyar y dinamizar su inexistente vida cultural a través de una asociación.

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