En el mes de noviembre pasado, desde la red FACIAM de la que forma parte la Fundación Luz Casanova con quien vengo trabajando desde hace años, convocaba un desayuno de trabajo con medios de comunicación. El objetivo principal era visibilizar y dar voz a las personas sin hogar, invisibles para la sociedad en muchas ocasiones. Queríamos que ellos nos contaran sus historias.

Empezó hablando Santiago, de 65 años. Le habían desahuciado de su casa en el centro de Madrid. Había estado trabajando toda la vida, pero ahora se había quedado sin casa y dormía en el aeropuerto, en la T4 porque no podía pagarse una pensión. “El día es muy largo para quien vive en la calle, estás todo el día dando vueltas sin saber a dónde ir”, nos dijo.

Mari Cruz vino a Madrid después de un divorcio. Cuidaba a una anciana que murió. Se quedó sin trabajo con más de 40 años. Gastó sus ahorros en una pensión y se fue endeudando. Terminó en la calle. “Fui a los Servicios Sociales cuando estaba en la calle. Me dirigieron al Centro de Día de la Fundación Luz Casanova. Y también me facilitaron una habitación. Gracias al Centro me he recuperado como persona. Me siento bien porque me siento apoyada” contó.

Los casos más dolorosos los escuchamos de la voz de Maikel y María dos personas transgénero que fueron rechazadas por sus familias y terminaron en la calle. María es una mujer con estudios llegada de América Latina. Se cubre el rostro con unas grandes gafas oscuras y el pelo le tapa prácticamente toda la cara. No quiere que la reconozcan. Tiene miedo a la violencia que ya ha vivido en otras ocasiones.

Maikel es un joven de 25 años. Se quedó huérfano a los 19. Vivía con su padre y la mujer de este con quien no se entendía. Se fue de casa y terminó en la calle de parque en parque. Quería estudiar, pero sólo contaba con la pensión de orfandad de 250 euros.

Maikel y Maria están en Fundación de San Martin de Porres y eso les hace sentirse más seguros y acompañados. “En la fundación se encargan de hacernos sentir que no estamos solas, que tenemos un hogar y yo me siento más protegida” añadió María.

El mes de noviembre acabó con una exposición de esculturas y poemas realizados por personas sin hogar y que se pudo ver en Madrid en Centro Centro. El título de la Exposición era “Enfocar de nuevo”, enfocar de nuevo para cambiar nuestra percepción de las personas sin hogar, de las personas que viven en la calle. Son personas como cualquiera de nosotras, que un día les vino un mal revés: una pérdida de trabajo, un desahucio, un divorcio, una enfermedad desencadenante de todo …. Y se vieron abocadas a la calle.

Hoy en el calor de mi hogar, desde esta Mecedora primera del año, me sale un grito convertido en súplica para que ningún ser humano se vea obligado a vivir una situación de calle, porque esto es posible, sólo basta que haya una voluntad política y que nuestros políticos se ocupen de lo verdaderamente importante: el día a día de las personas.

Porque es posible: este 2019 #NadieSinHogar