Una vez más he tenido la suerte de participar en los encuentros de Mujeres que Transforman el Mundo. Es su 8ª edición y he podido estar en gran parte de ellos. Cada año me asombro del recinto donde se realizan y aplaudo la idea que tuvo la entonces concejala de Cultura y hoy alcaldesa de Segovia, Clara Luquero, de convertir una cárcel donde intentaron silenciar a las mujeres represaliadas, en su mayoría mujeres republicanas, en un lugar donde dar la voz y hacerse eco de la realidad, dolorosa en muchísimos casos, de las mujeres en el mundo.

Ningún año me ha decepcionado. Este tampoco. El encuentro comenzó con un diálogo entre la periodista de RNE  Marta Gómez Casas y la también periodista argentina Ingrid Beck. Ingrid participó en los comienzos del movimiento #NiUnaMenos, que tuvo su origen el 11 de mayo de 2015 cuando el cuerpo de Chiara Páez fue encontrado enterrado en el jardín de su novio, Manuel, de 16 años. Chiara tenía 14 años y estaba embarazada de algunas semanas. La periodista Marcela Ojeda tuiteó: “Actrices, políticas, artistas, empresarias, referentes sociales… mujeres, todas, ¿no vamos a levantar la voz? Nos están matando”.

A partir de entonces, a través de las redes sociales, nació este movimiento que convocó a una movilización el 3 de junio de 2015 y que reunió a 300.000 personas frente al Congreso de la Nación en Buenos Aires y a otras cientos de miles en muchas ciudades  del país. Todas unidas bajo un mismo grito: #NiUnaMenos.  Beck finalizó su intervención diciendo: “Yo creo que los Estados tienen una deuda con nosotras. Modestamente, creo que estamos haciendo una revolución. Y es global”.

La periodista de TVE Pilar Requena charló con Isatou Jeng, de Gambia. Nos habló de la clitoridectomía. No era la primera vez que oía hablar de este tema y sabía que una de las consecuencias de esta práctica era la exclusión del placer sexual de por vida. “Me hicieron una ablación total cuando tenía 6 meses. Me enteré a los 3 años, cuando asistí a una ceremonia que se le iba a practicar a otra niña. Y puedo decir que conlleva consecuencias devastadoras de por vida”. Fue muy estremecedor cuando oímos, por primera vez para muchas de las personas que allí estábamos, el dolor que supone realizar el acto sexual cuando has sufrido la ablación. No es que te excluyan del placer, es que te condenan de por vida al dolor. Me sorprendió la fuerza y la valentía de Isatou Jeng, así como sus convicciones: “La educación es la llave para tomar decisiones informadas sobre nuestra vida y la única esperanza para el futuro”, afirmó.

El encuentro tuvo muchísimas más cosas imposibles de reseñar en este pequeño espacio. Me quedo  con lo que de Isatou Jeng dijo al público para acabar: “Me llaman la radical. Si ser radical significa ayudar a otros a cumplir sus sueños y devolver la esperanza, entonces lo soy. Tenemos derecho a soñar, a soñar en grande, porque tenemos el potencial para conquistar el mundo. Así que ve, y hazlo”.