Cada vez más latinoamericanos entienden que únicamente a través de la construcción de una sólida organización popular, que se empeñe en fundar un continente libre y soberano.

El 28 de noviembre de 1975, bajo la minuciosa supervisión de la CIA y la atenta coordinación del FBI, en América Latina se instaló el “Plan Cóndor” que tenía como objetivo manifiesto eliminar las actividades de las guerrillas.

En la práctica, además de promover la tortura, desaparición y asesinato a decenas de miles de personas, este Plan trajo aparejado la aparición por doquier de gobiernos cívicos militares que hicieron trizas las garantías constitucionales y añicos a los derechos humanos; la apertura de indiscriminada de las importaciones y la consecuente bancarrota de cientos de empresas locales; y un aumento exponencial de la deuda de la región con organismos financieros internacionales.

Hoy en día el Cóndor continúa sobrevolando la democracia latinoamericana y, como en aquél entonces, encuentra un confortable nido en las elites latinoamericanas carroñeras que buscan su propio beneficio en desmedro de la mayoría de la población del continente. 

Así por ejemplo, los organismos de inteligencia de los EE UU -entre otros- buscan instaurar a Guaidó como mandatario de Venezuela. Este intento de interferir en la vida de un país soberano se sustenta en la falacia de que no existe democracia en el país cuando, en verdad, en mayo del 2018 Maduro fue elegido presidente por el voto popular en elecciones que estuvieron monitoreadas por diversos organismos internacionales. La realidad muestra que el interés de esta intromisión radica, principalmente, en que las empresas transnacionales buscan apropiarse de las abundantes reservas de petróleo del país.

Por su parte Argentina, hoy en día, es el país más endeudado de la región ya que volvió a recurrir al FMI y le solicitó un préstamo de cifras siderales. Sin embargo estas divisas, con las que infructuosamente se intentó frenar la estrepitosa subida del dólar y la consecuente devaluación del peso argentino, solamente beneficiaron al sistema financiero que tuvo fabulosas ganancias en los últimos años y, como contrapartida, cada vez más «nadies… que no tienen cara, sino brazos… que cuestan menos que la bala que los mata» continúan cayendo en la pobreza y el desempleo.

Por último el presidente brasileño, que es un ex integrante de las fuerzas militares del país, tiene trabajando consigo a centenares de militares, retirados o licenciados, para ocupar cargos públicos, que comandan ministerios u ocupan cargos de alta jerarquía. Y, para la sorpresa de gran parte del continente, el mandatario dispuso recientemente que se conmemorara el último golpe cívico militar ocurrido en el país que -según su perspectiva- tuvo como finalidad recuperar y reubicar a Brasil.

En este escenario cada vez más latinoamericanos entienden que únicamente a través de la construcción de una sólida organización popular, que se empeñe en fundar un continente libre y soberano, se podrá ahuyentar definitivamente a éste Cóndor que nuevamente sobrevuela las endebles democracias latinoamericanas dejando a su paso desazón, hambre y desolación.