Teología de la vida y desde la vida

Día sí y casi día también nos despertamos con una sorpresa del papa Francisco. Solamente por recordar algunas de ellas, hacer mención, en primer lugar, de la que quizá más impacto produjo en su momento, no solo entre la gente en general, sino de manera especial entre las personas que solemos calificar o conocer como gente de Iglesia. Había dicho ya cosas muy fuertes en el plano de la denuncia sobre el terrible drama que estaban y continúan viviendo un ingente número de personas como consecuencia de la pobreza (mejor llamarlo miseria, para ser más exactos), las guerras y la persecución por motivos diversos.

Respecto a esta cuestión, Francisco no vaciló en ningún momento, no se fue por las ramas ni tampoco se conformó con dar unos consejos más cercanos al misticismo que a la cruda realidad de la vida. A todas personas, pero de manera especial a quienes nos llamamos cristianos, nos pidió y nos sigue pidiendo abrir las puertas de nuestras vidas para compartir lo que somos y lo que tenemos con quienes carecen de lo más necesario: pan, casa, trabajo, paz, etc. Pero no se ha quedado con lo que, en teoría, pueden significar estas palabras; las ha concretado en realidades puras y duras mal que nos pese y, posiblemente, nos cueste aceptar. “Abrid vuestras iglesias, vuestros conventos, santuarios, etc.; más aún si están vacíos y acoged a toda esa gente que huye del horror y busca una vida más digna”.

En segundo lugar, Francisco ha afrontado un tema “más que tabú” para la Iglesia como es el aborto; tanto es así que era uno de los pecados conocidos como “reservados” por parte de la Iglesia. Pues bien, ha proclamado a bombo y platillo que, durante el jubileo del año de la misericordia (8 de diciembre de 2015 – festividad de Cristo Rey de 2016) todas las personas que hayan cometido tal delito pueden ser declaradas perdonadas por parte de cualquier sacerdote.

Denuncias del Papa FranciscoPor último, las nulidades matrimoniales, que hasta ahora tanto ha dado que hablar a la gente, de manera especial entre quienes tenían poco o nada que ver con la Iglesia. Negocio y favoritismo hacia los ricos y famosos era lo más suave que se acostumbraba a oír en el lenguaje común de la calle. Pues bien, como es sabido, Francisco ha manifestado a través de un “Motu proprio” la necesidad y urgencia a la hora de agilizar la nulidad del vínculo matrimonial que, dicho sea de paso, acostumbran a solicitarlo aquellas personas para quienes el sacramento del matrimonio tiene un sentido importante debido a su fe. No es, precisamente éste, el caso de quienes contrajeron un día matrimonio canónico por costumbre o por razones parecidas y decidieron romperlo. En la mayor parte de casos se acaba recurriendo al divorcio civil, ¡y punto!

Dicho esto, yo me pregunto si no debiéramos haber hecho todo esto ya hace mucho tiempo, desde siempre, salvando la mentalidad de los tiempos, lógicamente. ¿Por qué esperar a que lo haya dicho el papa en este caso? ¡Suerte que el Espíritu Santo “bufó” en su momento en esta dirección y nos dio a Francisco porque, en caso contrario, pienso que aún estaríamos en las andadas!

Tengo el convencimiento de que lo único que ha hecho Francisco es poner en práctica el Concilio Vaticano II, concretamente la constitución “Gaudium et Spes” (la Iglesia en el mundo actual) que, en su gran mayoría, habían convertido en letra muerta los papas que le precedieron. Sin pretender hacer ningún tipo de juicio, creo que Juan Pablo II estuvo mucho más preocupado por la “verdad” (dígase ortodoxia “oficial”) que por aquello que proclama dicha constitución en su inicio: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo”.

@ZapateroJ

Joan Zapatero
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