Por Álvaro Mota Medina

El pasado mes de septiembre se celebró en Madrid la Escuela de Pastoral con Jóvenes, un espacio formativo nacido de la colaboración y comunión entre congregaciones religiosas, delegaciones diocesanas y movimientos. Este año, con el lema “Elige lo +”, puso su atención en el discernimiento, uno de los ejes del Sínodo sobre la juventud que se celebra estos días en Roma. Entrevistamos a Koldo Gutiérrez, miembro de la coordinadora de la EPJ y director del Centro Nacional Salesiano de Pastoral Juvenil.

PREGUNTA: ¿Qué es la Escuela de Pastoral con Jóvenes?

RESPUESTA: Como su nombre indica es una escuela y, por tanto, tiene un componente formativo. El tema son los jóvenes, la pastoral juvenil. En ella colaboran distintas instituciones y se asume la perspectiva de que los jóvenes tienen un protagonismo determinante en su desarrollo.

El salesiano Koldo Gutierrez habla sobre la pastoral juvenilP: ¿Qué ha supuesto personalmente para ti?

R: Desde que llevo colaborando con este proyecto, unos ocho años, me ha supuesto encontrarme con otras instituciones de pastoral juvenil, lo que me lleva a contrastarme con otros puntos de vista, independientemente del propio. Esto genera, por una parte, una sorpresa, porque uno descubre que hay otras maneras de hacer.

Normalmente nos cerramos mucho en nuestros ámbitos, nuestros planteamientos. Por este motivo la escuela supone un enriquecimiento, pero trabajar de esta manera exige también un esfuerzo de adaptarse a otros, de no estar siempre escurriendo los propios puntos de vista. Me ha llevado al conocimiento de otras instituciones y a valorarlas positivamente.

P: Cuando uno mira la Pastoral Juvenil a veces siente que hay dos ligas: la diocesana, en la que parece que las parroquias y los movimientos siempre luchan contra la dificultad y la escasez que nos da la realidad, y la de las congregaciones religiosas que, muchas veces vinculadas a colegios, parecen gozar de otra fortaleza y de mayores números y recursos ¿Cuál es la aportación de la EPJ en la relación de ambas?

R: Uno de los mensajes fundamentales de la Escuela es el de poner en relación, el de la comunión entre instituciones y congregaciones y movimientos junto con la línea más diocesana de las delegaciones de juventud de las diócesis. Esta perspectiva siempre la ha tenido, con mayor o menor éxito.

No es un elemento exclusivo nuestro porque hay otras experiencias que van en la misma dirección. En la liga diocesana se está viendo un gran esfuerzo de dar respuesta al trabajo con jóvenes, de hacer una verdadera pastoral juvenil, pero esta liga tiene otros intereses, pues la pastoral de una diócesis engloba mucho más que el ámbito de juventud. Por eso, puede dar la sensación de que tenemos más recursos en el contexto de las congregaciones y colegios. A pesar de eso, como digo, hay un gran esfuerzo en las diócesis en hacer una pastoral juvenil cada vez más consistente y más unida y, sin duda, el Departamento de Juventud de la Conferencia Episcopal lo visibiliza.

P: El proyecto de la EPJ empezó con el famoso Fórum de Pastoral con Jóvenes celebrado en 2008, un espacio que reunió a realidades muy diversas en un tono rompedor y de vanguardia que ponía su mirada en el mundo y la juventud de aquel momento ¿cómo ha cambiado la PJ en este tiempo?

R: Sin duda que el Fórum supuso un momento importante. Cuando ocurren acontecimientos así tiene uno la sensación de que se juntan muchos elementos. Confluye un número grande de gente con una misma inquietud y genera entusiasmo. El Fórum supuso esto, pero hay que unirlo a otros caminos de esos años. La Jornada Mundial de la Juventud de 2011 dio esa sensación y también supuso un punto importante.

Estaba claro que los jóvenes en la Pastoral Juvenil hacían que distintas personas nos uniésemos apostando por la misma idea, el mismo proyecto, la misma inquietud pastoral. El Departamento de Juventud de la Conferencia Episcopal ha cogido ese guante. Su mensaje es de comunión. Se siente un hilo conductor.

P: ¿Cómo crees que se podría recuperar en la EPJ ese carácter rompedor y de vanguardia de los inicios?

R: El elemento de vanguardia está bien y fue necesario pero lo importante es lo otro, el camino que se impulsó e inició.

El Papa suele decir que quien piensa que lo tiene todo claro con los jóvenes y la pastoral quizá nunca llegue a dar un paso. Los jóvenes siempre traen cosas nuevas, nuevos dinamismos.

Hay un elemento en el Instrumentum Laboris (documento preparatorio del Sínodo de los Obispos sobre Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional) en el que se habla de los jóvenes y el pluralismo. Dice que para los jóvenes el pluralismo es su hábitat natural. Donde nosotros vemos dificultades, ellos ven oportunidades. Es lo que traen los jóvenes, una manera distinta de situarse ante la misma realidad.

P: ¿Qué le sobra y qué le falta a la Pastoral Juvenil en España?

R: Como los sociólogos dicen, no existe la juventud, existen jóvenes. No existe la cultura, sino las culturas. Por lo tanto, podemos decir que no existe la Pastoral Juvenil. Existen pastorales juveniles. La conclusión es que a cada una le sobrarán y faltarán unas cosas distintas.

Lo que sí se puede decir es que hay una misión común, los jóvenes, y una orientación, que es la mirada a Jesús y su Evangelio. En esas vías está puesto todo. Las traviesas que sujetan esas vías son la comunión, la participación y el protagonismo juvenil.

Y, sin duda, está el lenguaje. Nuestro problema muchas veces es de lenguaje, la comunicación de aquello que yo quiero contar.

Otra traviesa es la alegría y la esperanza, que son una constante en la enseñanza del Papa Francisco. La alegría y la esperanza son temas del Espíritu. Una pastoral juvenil más alegre será necesariamente una pastoral juvenil más espiritual.

P: Si nos asomamos a la juventud actual, asistimos a un momento especial en la toma de conciencia y sensibilidad con respecto a ciertos temas, como la inclusión de la diversidad y la necesidad de revindicar el papel de la mujer, con puntos de inflexión como el pasado 8 de marzo.
Da la sensación de que la Iglesia siempre va con retraso con estos temas y eso aleja a muchas personas jóvenes de ella ¿por qué siempre nos cuesta subirnos al carro de causas tan importantes que mueven el corazón de la gente?

R: Como cualquier realidad humana, la Iglesia es compleja. Posiblemente tiene un lenguaje propio que es el discernimiento de las realidades, un discernimiento que lleva su tiempo. No es simplemente sumarse a carros, sino saber lo que tiene que hacer en el momento concreto de la historia. Lo que está claro es que el mundo está con muchas novedades, que son preguntas abiertas para la Iglesia y en las que tendrá que discernir lo mejor posible lo que Dios quiere para ella en este momento de la historia.

P: El pontificado de Francisco está siendo, sin duda, una primavera, pero a veces da la impresión de que, tras muchos gestos, no se están dando cambios estructurales lo suficientemente grandes en la Iglesia y las voces y sectores más abiertos parecen más callados y tranquilos ¿Es fácil ser vanguardia con el Papa Francisco o nos estamos durmiendo?

R: La autocomplacencia siempre es negativa. La autorreferencialidad es negativa. Eso nos lo dice el magisterio de Francisco. La mirada que él pone es siempre una mirada externa a uno mismo. Salir, mirar afuera…porque afuera está la vida, está la realidad, está lo que acontece. Estamos en camino, no hemos llegado a ningún sitio.

P: ¿Qué resultados esperas del Sínodo que se está celebrando estos días en Roma?

R: El objetivo, que es hermoso (“acompañar a los jóvenes en la alegría del amor y rejuvenecer el rostro de la Iglesia”) es importante pero el camino no lo es menos. Ojalá que esto traiga la cercanía de la Iglesia a todos los jóvenes (todos significa todos). En ese mismo camino uno tiene que percibir que esto está aconteciendo.

P: ¿Cuál es la Iglesia que sueñas?

R: La del Evangelio. Cogiendo las palabras de los obispos a los jóvenes en el Concilio Vaticano II, una Iglesia que mira con buenos ojos a los jóvenes, una Iglesia que quiere rejuvenecerse porque dentro está Jesús. Una iglesia que aliente el compromiso y la transformación de este mundo según el Evangelio.