Reflexiones para ejercer la ciudadanía en tiempos convulsos

“EL ARTE DE EJERCER LA CIUDADANÍA”. Reseña.
Autores: Carlos Berzosa, Emilio José Gómez Ciriano, Francisca Sauquillo
Prólogo de Federico Mayor Zaragoza
Editorial Icaria

El subtítulo del libro resume en pocas palabras el contenido del mismo: Reflexiones y conversaciones sobre derechos humanos en un tiempo convulso. Ciertamente, corren malos tiempos para el reconocimiento real y efectivo de los derechos básicos y fundamentales de las personas

La primera edición de “El arte de ejercer la ciudadanía” fue presentada el pasado mes de diciembre, en Madrid, al calor de la celebración del 75º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos cuyo texto debería ser conocido y reconocido en todo el planeta.

En el prólogo, Federico Mayor Zaragoza, quien fuera, entre otros muchos cargos, director general de la UNESCO entre 1987 y 1999, asegura que la humanidad vive momentos muy complicados y que es necesario “aprender a vivir juntos, recordando que el plural del yo es <<nos-otros>>”. Todas las personas estamos llamadas a ser actores y no meros espectadores en la acción política. Debemos ir forjando un mañana basado en el principio ético por excelencia y la raíz de los derechos humanos: todas las personas somos iguales en dignidad.

Afirma Mayor Zaragoza que para ello necesitamos “saber para prever, prever para prevenir” porque hoy, más que nunca, debemos participar en la toma de decisiones, ejercer la ciudadanía con el objetivo de contribuir a la adopción de medidas políticas, económicas, culturales, medioambientales… basadas en principios éticos reconocidos universalmente. Apuesta por una ciudadanía participativa, porque “es tiempo de acción” y debemos actuar con apremio ante “la gravedad de la crisis mundial que se ha alcanzado”.

Carlos Berzosa, catedrático de Economía Aplicada, resumiendo su extenso currículum,  escribe el primer capítulo del citado libro, titulado “El contexto socioeconómico neoliberal y su repercusión en el ejercicio de la ciudadanía”, en el que dedica especial atención a los derechos económicos, sociales y culturales, derechos que, por lo general, son poco reconocidos en los países empobrecidos debido, como señala el autor, a la carencia de recursos, la mala distribución de la renta, sistemas impositivos injustos y gasto público reducido.

El catedrático realiza un pormenorizado análisis de los precedentes históricos de la Declaración Universal de Derechos Humanos reflejando los avances que se han producido desde el siglo XVIII: el auge y declive del estado de bienestar, “uno de los mayores logros alcanzados por el capitalismo en el siglo XX”; las consecuencias del neoliberalismo y de la crisis económica de 2008 en cuanto a vulneración de los derechos humanos; los cambios en el sistema impositivo; el aumento de la desigualdad; el crecimiento y el desarrollo humano; la globalización, con especial atención a la globalización financiera y a la crisis económica de 2008.

Las conclusiones de Carlos Berzosa son claras: “La mayoría de la población mundial no disfruta de los derechos humanos, las dictaduras y los autoritarismos se sustentan en la eliminación de derechos políticos y sociales; incluso en los países con sistemas democráticos los derechos sociales han sufrido una merma considerable como consecuencia de las políticas neoliberales, lo que ha redundado en una mayor desigualdad”.

Frente a ese panorama sombrío, Berzosa vislumbra algunas luces esperanzadoras desde el Derecho con el surgimiento de una nueva disciplina: la justicia ecológica. No se trata de nuevas normas para proteger el medio ambiente, sino de reconocer los derechos de la naturaleza y potenciar los derechos humanos.

El segundo capítulo lo firma Emilio José Gómez Ciriano, profesor titular de la Universidad de Castilla-La Mancha e incansable activista. Se titula “Derechos, ciudadanía y comunidad en un entorno hostil: claves y reflexiones”, en el que lleva a cabo un análisis de la cultura del individualismo y la meritocracia, así como sus consecuencias en el ámbito comunitario y, por ende, en la democracia.

En un mundo interconectado nos encontramos con la paradójica situación de personas aisladas, desligadas de su entorno social y comunitario, lo que requiere, según el autor, tomar en consideración los efectos nocivos del paradigma neoliberal que favorece las situaciones de aislamiento y soledad.

Con la irrupción de internet se ha producido un cambio transcendental no solo en las relaciones interpersonales, sino también en el ejercicio de los derechos y su transgresión, acentuado con la utilización -en auge- de los algoritmos. Los espacios de internet van creando “zonas virtuales de confort” que desvirtúan el encuentro y la comunicación interpersonal. En consecuencia, afirma el autor, el individualismo sale reforzado, las personas se alejan unas de otras y se va creando una sociedad “desvinculada”.

¿Cómo recuperar la comunidad y los derechos? Emilio José Gómez propone una estrategia de concienciación en derechos que vaya calando en la sociedad y basada en tres elementos: la educación y formación en derechos humanos; la incorporación real y efectiva en las legislaciones nacionales de los textos internacionales de derechos humanos ratificados por los Estados, tanto de los derechos civiles y políticos como los derechos económicos, sociales y culturales. Por último, propone promover la aplicación real y efectiva del enfoque de derechos y la perspectiva de género en todas las políticas públicas.

El tercer capítulo lleva por título “Derechos humanos de cuarta generación”. Su autora, la abogada, política y activista Francisca Sauquillo, en una de sus reflexiones se refiere a la posibilidad de dar paso a la consideración de “nuevos derechos” a los que llama derechos de  ”cuarta generación”, si bien se encuentran todavía sin un acuerdo unánime en el mundo académico. En opinión de Francisca Sauquillo, “fundamentalmente estos derechos pretenden la igualdad entre personas, proteger el planeta, asegurar la prosperidad para todos, conseguir la paz y hacer una alianza basada en la solidaridad”. Entre los derechos de cuarta generación”, señala los derechos medioambientales, los informáticos, el derecho a una muerte digna, el derecho al aborto terapéutico, al cambio de sexo o el derecho a la memoria democrática.

Los autores del libro manifiestan su preocupación por la complejidad del contexto actual y el deterioro de la conciencia ciudadana, cuando, precisamente, es más necesario que nunca ejercerla desde la perspectiva de los derechos humanos por el vínculo existente entre la protección de los derechos y el ejercicio de la ciudadanía.

Autoría

  • Mª Teresa de Febrer

    Nací a mediados del siglo pasado en el Mediterráneo. Estudié Derecho y contemplé un amplio horizonte de posibilidades, pero el descubrimiento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos marcó mi rumbo, personal y laboral. Ya jubilada, intento compartir mi cosecha vital y abrir nuevos surcos para la siembra y el reconocimiento de los derechos humanos.

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