Oración para pedir la pobreza evangélica

GetAttachment4-3.jpgSEÑOR JESÚS, que dijiste:
Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos:
¡cómo te agradezco que hayas abierto en la Pobreza
el camino de la Sabiduría y de la Libertad!
Los pobres en el espíritu aman la vida por la vida,
y creen en el amor por el amor.
Los pobres en el espíritu no quieren ser más de lo que son,
y aceptan ser lo que son,
sin comparaciones, apariencias ni disimulos.
Los pobres en el espíritu se saben deudores de todos,
y servidores de todos al mismo tiempo.
Los pobres en el espíritu reconocen sus límites y carencias
como llamada constante a tener necesidad del “otro”.
Y, sobre todo, los pobres en el espíritu
han descubierto en su propio corazón un vacío de tamaño tal
que sólo puede llenarlo la experiencia de un amor
infinito, universal, eterno y gratuito.
¡Cómo te agradezco, Jesús de Nazaret,
el testimonio inapreciable de tu Pobreza,
ofrecida a todos como camino de Paz y de Abrazo,
de reconstrucción de la vida humana y de encuentro
con lo mejor que hay dentro de cada uno de nosotros!
¡Cómo te agradezco que hayas roto con tu Vida y tu Palabra
los lazos de la ambición, las trampas de la seguridad,
y la enorme mentira de una felicidad
buscada en exclusiva para sí mismo y para “los míos”!
Tú, Jesús de Nazaret, eres mi amada Pobreza, porque me has dado
la inmensa riqueza de saber que el Padre me ama.
Tú me has mostrado el camino del Abandono
como experiencia de un vivir que siempre se renueva
en el gozo inagotable de las pequeñas cosas
y nunca se pierde en la noche sin esperanza
de nuestros fracasos y frustraciones.
Tú, amigo de los pequeños y de los que sufren,
me has hecho comprender que la vida sólo es humana,
cuando es vida compartida, vida solidaria,
vida entregada al bien de todos
en la construcción de la Fraternidad Universal.
Y que sólo los pobres en el espíritu,
los pobres que han elegido ser pobres,
los pobres que han encontrado su riqueza en ti,
pueden contagiar a los demás la fe en un Dios cercano,
un Dios que salva compartiendo nuestras miserias,
un Dios Amigo de la Vida
y Hermano de todos los que esperan la venida de su Reino.

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