El Evangelio de Juan narra cómo Nicodemo va a ver a Jesús en secreto y le pregunta qué puede hacer para entrar en el Reino de Dios. Jesús le dice que solo aquel que nazca de nuevo podrá hacerlo. Asombrado, Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?». Jesús le dice: «El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es».

Así que aquí nos tienen a la gente que hacemos Alandar inmersas en el trance de nacer de nuevo. Siguiendo con la metáfora evangélica, con este último número impreso, dejamos el mundo de la carne/papel para adentrarnos en el mundo del espíritu/Internet. No sabemos si llegaremos al Reino, pero tenemos el convencimiento de que vale la pena seguir caminando en pos de él.

Nuestra experiencia de despojamiento no es única en estos días. Todos y todas estamos dejando atrás cosas y gentes en estos días de distancia social y miedo. Todos y todas tememos por el convencimiento de haber abandonado el seno materno de un viejo mundo y estar descendiendo por el útero hacia un nuevo mundo. El planeta gime con el dolor de este parto y, aunque esperamos que la era alumbre un corazón, lo cierto es que no sabemos cómo será la vida al otro lado de la pandemia.

Lo que sí creemos necesario es que nuestra sociedad global muera a muchas cosas para volver a nacer más justa, humana, esperanzada, amable. Es necesario que muera a la riqueza indecente de unos pocos construida sobre la opresión de unos muchos. Es necesario que muera la consumición de los recursos del planeta en la hoguera de las vanidades del consumo desenfrenado. Es necesario que muera a las identidades cerradas basadas en el miedo al otro (que, en el fondo, siempre es miedo a uno mismo).

Y esta nueva vida que viene, ¿qué les gustaría ver? ¿Greta Thunberg secretaría general de la ONU? ¿Las armas nucleares extirpadas del planeta? ¿África dueña de sus recursos naturales y recibiendo como inmigrantes a ingenieros europeos?

Tal vez si nos atrevemos a soñarlas con fuerza algunas de esas utopías se hagan realidad. Nosotros estamos dispuestos a arriesgarnos. ¿Y ustedes? ¿También? Entonces, vengan, renazcan con nosotros, sean también Nicodemos.