50 años (2)

A un pobre dale un pez. Ésta es la solidaridad caritativa.
A un pobre dale un pez que desgrave a Hacienda. (Y así enviaremos pastillas contar la acidez de estomago a Africa).
A un pobre no le des un pez, sino una caña pero…
Que compre la caña en nuestro país.
Que de todas formas sus cañas no podrán competir con nuestros barcos
Que luego podamos explotarlo con nuestras máquinas instaladas en su país sin necesidad de pagar impuestos

«La Solidaridad no era esto», de Paco Inclán

Continúo la serie de reflexiones sobre los 50 cumpleaños, esta vez felicitando y reflexionando sobre el papel que una ONGd muy vinculada emocionalmente a muchos de los que tenemos algo que ver en el mundo de la cooperación al desarrollo: Manos Unidas.
Nacida como instrumento de la Campaña contra el Hambre, a iniciativa de un grupo de mujeres de acción católica, creo que el papel y el lugar de Manos Unidas en la construcción de un mundo mejor y más justo es innegable. A pesar de todas las criticas, desacuerdos y desavenencias, que las hay.

Mis primeros recuerdos de esta organización son dobles: las colectas en la iglesia que de vez en vez se hacían, con el típico sobrecito para echar tu donativo en la cesta y los carteles y charlas y actividades en mi colegio (ya os lo he contado a menudo, de curas, pero muy avanzados para la época). El más nítido fue un ayuno propuesto por Manos Unidas, al que fui con mi padre, teniendo yo unos 12 años. Una tarde, en el comedor del cole, unas 50 personas entre profesores, padres, madres y alumnos cenamos un mendrugo de pan y agua mientras se proyectaban unas diapositivas (no existía el power point) y charlábamos e imaginábamos otro mundo posible. Recuerdo que al volver a casa pregunté por la cena y mi padre me tuvo que volver a explicar (cabeza dura) el sentido de lo que habíamos vivido.

Mis siguientes recuerdos son utilitarios, pues los uso a menudo. En mis charlas y conferencias suelo citar un slogan, nacido también de esta organización. “Cambia tu Vida para cambiar el mundo”, mensaje de la campaña de 1997, engloba toda una filosofía, una forma de entender la cooperación y el desarrollo que pasa por lo de la caña y el pez y los peces que nos comemos los que podemos. También he usado mucho esa atrevida campaña publicitaria, con apariencia de venta de juguetes en las que se anunciaba, en blíster de plástico cual muñeca de hipermercado y con un slogan pegadizo y comercial, un niño cargador de ladrillos o una niña prostituida… Son mensajes contundentes y creativos que construyen aquí en el Norte.

Y buceando aún más en el baúl me llegan, como flashes, un dispensario que visité en Kenya, en Kitingela, financiado por Manos Unidas; Charo, Putxe, Miguel, Francis, Luís, Jose Luís…; el boletín en el que a veces escribo, los calendarios, el concurso de carteles…

Creo que Manos Unidas ha sido -y quiero creer que todavía es- atrevida en los mensajes y en las formas, educadora y educativa, con una concepción moderna del desarrollo, con una clara visión del mismo… a pesar incluso de quién está detrás de ella, pues no veo yo a la Conferencia Episcopal muy avanzada en estos temas (ni en otros).

Por ella han pasado muy buenos equipos de personas que hoy, después de episodios poco agradables por los que esta organización pasó, continúan trabajando por un mundo mejor en otras organizaciones, otras iniciativas: Manos Unidas probablemente fue para ellos una verdadera escuela que marcó una impronta y una forma de entender la cooperación que hoy se considera muy válida y se reconoce su huella en los otros múltiples proyectos en los que actualmente están trabajando o colaborando.

En un sector atomizado en el que hay múltiples ofertas para ser solidario, hace años que Manos Unidas decidió identificarse como una ONG católica de voluntariado. Una apuesta valiente en un mundo en el que otras muchas ONGs se declaran “asépticas” y sin vinculación ideológica o religiosa alguna, al menos públicamente. Puede que esta declaración de intenciones provoque rechazo e incluso huida de algunos potenciales socios y voluntarios a los que la palabra “católica” o la frase “de voluntariado” les (nos) provoque sonrojos y escalofríos, pero hay que reconocer que tienen las cosas claras y las dicen.

Personalmente no soy socio de Manos Unidas. No me identifico con su línea marcadamente dependiente de una jerarquía decisoria con la que no me siento cómodo ni con la que coincido en algunas de sus visiones del desarrollo. Pero reconozco su labor, su trabajo, su importancia y su valía y por eso desde aquí quiero felicitarla por estos 50 años.

ballesteros@cee.upcomillas.es

Carlos Ballesteros
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