Carta abierta el presidente de Freixenet. Ya nada será como antes.

Estimado Sr Presidente de una de las compañías líderes en ayudarnos a celebrar estas entrañables fechas como manda la tradición:

No se ofenda ni se moleste porque haya elegido para escribirle un periódico confesional, cristiano, pues escribirle en uno de esos medios laicos o sin ideología confesa no tendría ningún sentido, dado que el tema del que le quiero hablar tiene una trascendencia vital y fundamental para poder celebrar la Navidad, que en el fondo es una fiesta que sólo los cristianos creyentes sabemos cómo celebrarla. Además, es que estoy seguro de que este periódico me va a publicar sin ningún problema –siempre que no me pase de extensión- lo que quiero decirle, mientras que dudo que otros medios lo hagan. Así pues, vamos al grano.

Estoy indignado con usted. Bueno, con usted personalmente no, sino con la decisión que ustedes han tomado, signo y reflejo de los tiempos en que vivimos. Este año no habrá burbujas nuevas en un claro guiño a la crisis. Leo en la prensa que ustedes lo han justificado tras constatar que el momento actual “reclama moderación”, y que han decidido insistir en los valores de “esfuerzo, calidad, ambición y espectáculo”, que ya reflejaba su anuncio de 2008. Piénselo un poco más despacio por favor. Están rompiendo con una tradición de más de 30 años, desde aquel lejano 1977 con Liza Minelli, por la que año tras año han pasado actores famosos, directores de cine, modelos… en fin, todo un mundo de lujo, glamour y burbujas doradas que hoy, en 2009 queda interrumpido y nos deja a los españoles (y al resto del mundo) sin un elemento fundamental de la Navidad.

Aprovecho pues esta carta abierta a usted, representante y símbolo de lo que deben ser unas navidades como Dios manda, para abrir y compartir esta reflexión que, al menos a mí, me resulta muy preocupante: las navidades se están acabando. Que este año no haya burbujas doradas no es sino la constatación de que algo está poco a poco cambiando en nuestras navidades, que cada vez más van camino de la extinción. Hace unos años nos quitaron al calvo de la lotería ¡y ahora esto! ¡Así como va a celebrar uno estas entrañables fiestas!

Como sigamos así, dentro de nada nos van a quitar, con la coartada del derroche energético y el cambio climático, las luces de las calles (que en mi ciudad, por cierto, ya están instaladas desde finales de octubre); con la excusa de la neutralidad, la laicidad y la no politización de las fiestas, el mensaje del Rey; con la justificación del excesivo consumo, el derroche y el exceso de gasto, los escaparates de El Corte Inglés y resto de comercios; con la defensa de la vida sana y el ataque a la obesidad, diabetes, colesterol… los turrones, corderos, la comida de la empresa…¡Así no hay quien celebre nada!

Entiendo que en este año II de la crisis todos pensemos en apretarnos el cinturón tras las comilonas y las fiestas…¡pero dejarnos sin burbujas! Cada vez que lo pienso me entristezco y me indigno más. ¡Lo último (no quiero ni imaginármelo) seria que El Almendro no volviera a casa por Navidad! Entonces sí que todo habría acabado.

Espero, de todas formas, que estas navidades sin burbujas nos hagan a todos más sencillos, menos apegados a la tradición que año tras año repetimos sin sentido. Para los que aún creemos en la Navidad sin cava ni cordero, sin papas noeles ni cortesingleses, algo bueno tiene que tener la decisión que han tomado en Freixenet de recordarnos que se pueden vivir unas navidades sin burbujas nuevas. Han inventado ustedes el lujo reutilizable, al hacernos brindar este año con burbujas ya usadas. Gracias.

¡Feliz Navidad!
ballesteros@cee.upcomillas.es

Autoría

  • Carlos Ballesteros

    Nací en Madrid, cosecha del 69. Fui a la Universidad donde me licencié en eso que llaman la Ciencia de la Casa (Ekos-Nomia) eso sí, rama empresarial. Luego de mi paso por el movimiento asociativo juvenil, colaboré, con otros cuantos, en la fundación del restaurante de comercio justo Subiendo al Sur, fui secretario de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo, fundé el Grupo de Apoyo a Proyectos de Economía al Servicio de las Personas, fui patrono de la fundación educativa FUHEM. Mi aventura actual es ayudar a crecer junto a/con Marta dos proyectos: Martín, dos años y siete meses cuando escribo esto y Miguel (9 meses). Pero no nos quedamos sólo en ello. Viajamos por el mundo; hemos creado Amigos de Nyumbani, una ONG de apoyo a un proyecto de niños con VIH en Kenya; participamos en otra ONG de nombre el Casal; vivimos en la sierra de Madrid, en un pequeño pueblo a los pies de La Pedriza en el que tratamos de apoyar y dinamizar su inexistente vida cultural a través de una asociación.

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