Mayoría silenciosa

Hace tiempo que no llamo a salir a las calles. Claro, el invierno, dirán algunas personas. Frío, lluvia, viento… son condiciones muy malas para, encima, salir a la calle y manifestarse por nuestros derechos. Y, sin embargo, en el frío invierno de Burgos –ciudad de mi familia política, por cierto– lo han hecho. Y no solo lo han hecho sino que, gracias a ello, han conseguido que el Gobierno municipal dé marcha atrás en sus planes de enriquecer a unos pocos a costa del espacio público de unos muchos. Y en invierno, también en Madrid, muchas mareas blancas en la calle que han unido al personal médico con los pacientes, con enfermeros y enfermeras y, en general, con toda aquella persona que se relaciona de una u otra manera con la sanidad, han conseguido parar la privatización de unos hospitales, aunque no se sabe aún con qué consecuencias. Aún faltan muchas otras conquistas (stop a la ley Wert, no a la privatización salvaje de los servicios sociales, no al desmantelamiento de las administraciones locales…). Así que de eso de quedarse en casita, manta, sofá y caldito, ni hablar.

¿Queréis caldo? Pues tomad dos tazas esta parece ser la actitud que los que manejan los hilos de esta crisis –políticos de casi todos los pelajes y grandes empresas y bancos, organismos supranacionales como el FMI– han tomado en estas postrimerías de la misma. Viendo que se acaba, que parece que ya se apuntan algunos timidísimos índices de recuperación, parece que han decidido apretar, acelerar, aprovechar la ocasión, que se acaba y ya no van a tener excusas para bajar sueldos, recortar prestaciones, privatizar lo esencial. Es como lo de Mafalda y la sopa. A Mafalda no le gusta el caldo, pero su madre le da dos tazas y le obliga a comerla y nos obligan a tomarlo. Mafalda se rebela, grita, protesta, reniega incluso del cariño de su madre (le parecerá triste, Raquel, pero en momentos así, mamá es tan solo un seudónimo). Una vez Quino, el dibujante y padre de Mafalda, confesó que la sopa era la metáfora de todas aquellas cosas «que había que tragarse siempre», refiriéndose a los regímenes militares que asolaban esa parte del mundo conocida como Cono Sur (Argentina, Chile, Uruguay…). Hoy la sopa seguimos tragando, querámosla o no, en los dictados neoliberales a ultranza de la Troika y sus hombres de negro, portavoces de eso que llamamos “mercado” y que no tiene rostro, ni cuerpo, pero que su mano invisible, que decía Adam Smith, llega a todas partes y hace que las cosas funcionen con eficacia (con eficacia para unos pocos diría yo).

Hablaba el otro día de esto con una compañera: de los recortes, de las apreturas de tuerca, de las nuevas condiciones laborales, de la falta de oportunidades, de la desilusión, de la sensación de que con esta crisis han ganado mucho unos pocos…. Ella, resignadamente, me decía que sí, que tenía razón, que estaba todo muy mal, pero que había que comer y, por lo tanto, había que callar y pasar por el aro.

¿Quieres caldo? Toma dos tazas y no protestes… o, como cantaba mi abuelo, “cuando un fraile se enfada dicen los demás, una boca menos y una ración más”. Y yo me acordé entonces de Mafalda, de su aversión a la sopa y de que ella no se callaba nunca. Y de lo que le gustaba la calle a Mafalda.

Dice el Ministerio de Fomento que este año el inicio de la primavera será el 20 de marzo, a las 17h 57m. Me hace gracia tanta precisión, pero bueno, lo cierto es que el jueves comienza la primavera… y la mejor manera de celebrarlo es saliendo a la calle a saludarla, a disfrutarla y a recibirla. El 22 de marzo, sábado en Madrid, confluirán una serie de marchas que han sido convocadas a lo largo y ancho del territorio y que pretenden reunir a más de un millón de ciudadanos y ciudadanas para seguir diciendo que así no, que no estamos contentos, que queremos otras respuestas a la crisis, que no queremos sopa en primavera y que, si nos la dan, al menos, protestaremos.

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