Confieso que día a día el desasosiego, la impotencia, la incredulidad ante lo que vivimos se apoderan de mi mente y la paralizan. Me pregunto por dónde empezar: ¿por los “manguis poderosos”, por la desfachatez de los mentirosos, por el silencio cómplice tan arraigado? O, quizá, será mejor empezar por las constantes burlas a la transparencia en todos los ámbitos, por el régimen absolutista que impera en los mercados y las finanzas que, sutilmente, se ha instalado en nuestras sociedades para quedarse; o por la incapacidad sin límites de muchos de nuestros supuestos representantes políticos, los cuales ni sirven ni nos sirven para defender los intereses de la ciudadanía. Políticos que “ni están ni se les espera” y que, mensualmente, reciben unos sueldos y emolumentos de difícil justificación. Por no hablar de la (presunta) monumental estafa de 340 multinacionales que utilizaron Luxemburgo para no pagar los correspondientes impuestos.

No acaba aquí la crónica de los desatinos. Desde hace algo más de un año, la Unión Europea y los Estados Unidos negocian un acuerdo de libre comercio, la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (The Transatlantic Trade and Investment Partnership –TTIP-), “un acuerdo que pretende eliminar aranceles sobre bienes y restricciones sobre servicios, abrir mercados públicos y facilitar las inversiones en ambos sentidos. Debe fomentar el comercio transatlántico, reducir costes y precios y crear crecimiento y empleo a ambos lados del Atlántico”. Hasta aquí los buenos propósitos; sin embargo, desde hace unos meses las siglas TTIP han adquirido protagonismo en las redes sociales y muy pocos medios de comunicación están poniendo nombre y apellidos a tan supuestas buenas intenciones comerciales. Los medios “oficiales” callan.

En las redes sociales se está denunciando la falta de transparencia de las negociaciones desde el inicio, porque, si bien en junio de 2013 el Consejo de la UE definió las directrices de la negociación que debía efectuar la Comisión, tal documento ha permanecido clasificado, es decir secreto, hasta el 9 de octubre de este año, fecha en que ha sido desclasificado. Dar a conocer a la ciudadanía el mandato de la negociación es el resultado de reiteradas protestas llevadas a cabo en toda la UE y a través de las redes sociales, amén de sonoras manifestaciones en muchas capitales europeas para denunciar la opacidad de unas negociaciones que, si llegan a término, van a tener importantes repercusiones en la vida de millones de personas, tanto en la UE como en Estados Unidos, en términos de recortes de derechos y libertades.

¿Cómo se puede negociar un acuerdo de semejante envergadura sin tener en cuenta a las personas afectadas, a la ciudadanía europea y estadounidense? ¿Por qué los representantes políticos han ocultado información a la ciudadanía? ¿De qué estamos hablando? Es la sumisión del poder político al económico. En opinión de Ignacio Ramonet, hay mucha prisa para cerrar el tratado antes de que finalice el mandato de Barack Obama, porque, para Washington, este acuerdo tiene un carácter geoestratégico, es una herramienta decisiva frente a la subida del poder de China y de las demás potencias del grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, la India y Sudáfrica).
Con tales mimbres, me permito traducir libremente las siglas TTIP como “Tanta Tiranía Imposible de Prever”.