No es un título que uno imaginaría proveniente de un comunicado oficial de Naciones Unidas, ¿verdad? Bueno, pues lo es. Para ser exactos, es el inicio de un llamamiento conjunto de los jefes de las cinco principales agencias humanitarias de la ONU a favor del pueblo de Siria.

Esta columna se la voy a ceder a ellos. Porque es la primera vez que se produce un llamamiento de este tipo. Porque no se me ocurre causa que cumpla mejor el propósito de este espacio que ese drama que transcurre ante nuestra indiferencia (que no desconocimiento). Porque escucho en la radio hablar a niños sirios refugiados en Jordania y no puedo dormir. Porque son ya más de dos años de conflicto, más de 70.000 muertes (incluidas las de miles de niños), más de cinco millones de desplazados…

Tampoco parece lenguaje habitual de Naciones Unidas el decir que “después de todo esto, todavía parece haber un escaso sentimiento de urgencia entre los gobiernos y las partes que podrían poner fin a la crueldad y la matanza en Siria”. Imagino las vueltas que ha tenido que dar este comunicado. La de temores que habrá tenido que vencer. Lo frustrados que tienen que estar para llegar a un lenguaje tan duro dirigido a los que, al fin y al cabo, son sus propios jefes.

Los firmantes hablan de sí mismos como “los dirigentes de los organismos de las Naciones Unidas encargados de hacer frente a los costos humanos de esta tragedia” y me imagino lo que les apetece decir, precisamente a esos jefes. Les piden, de hecho de forma muy explícita, que cumplan con su responsabilidad, ni más ni menos. Que actúen de una vez por todas, que ellos ya no pueden más.

“Nuestros organismos y aliados humanitarios han estado haciendo todo lo posible. Con el apoyo de muchos gobiernos y personas hemos ayudado a albergar a más de un millón de refugiados. Hemos ayudado a proporcionar acceso a los alimentos y otras necesidades básicas a millones de desplazados por el conflicto; al agua y al saneamiento a más de 5’5 millones de personas afectadas en Siria y en los países vecinos; y a los servicios básicos de salud a millones de sirios, incluyendo vacunas para más de 1’5 millones de niños contra el sarampión y la poliomielitis.

Pero sigue siendo insuficiente. Las necesidades están aumentando al tiempo que disminuye nuestra capacidad de intensificar las actividades, debido a la seguridad y a otras limitaciones prácticas dentro de Siria, así como a las limitaciones de financiación. Estamos peligrosamente cerca, tal vez en cuestión de semanas, de la suspensión de algún tipo de apoyo humanitario”.

Y fíjense especialmente en esta parte final:

“Nuestro llamamiento no es hoy en favor de más recursos, pese a que son necesarios. Estamos apelando a algo más importante que los fondos. A todos los involucrados en este conflicto brutal y a todos los gobiernos que pueden influir en ellos:

En nombre de todos los que han sufrido tanto y de muchos otros cuyo futuro pende de un hilo: ¡basta! Aúnen y utilicen su influencia, ahora, para salvar al pueblo sirio y salvar a la región del desastre”.

Ya les dije que les iba a ceder esta columna. Por más que lo intente, lo puedo decir más alto, pero no más claro. ¿Escuchará alguien?