iglesia1-3.jpgPensemos que ha sido sólo para simplificar nombres demasiados largos. Del 4 al 25 de octubre se ha celebrado el Roma lo que casi todos los medios de comunicación han llamado “II Sínodo de África”. Su nombre exacto es en realidad: “II Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos”.

La diferencia en las preposiciones “de” o “para” no es secundaria. Señala cuál es el papel otorgado a la Iglesia africana en la asamblea sinodal. ¿Se le permite a la Iglesia africana hablar de su realidad, replantear su forma de vivir el cristianismo y dar sus aportes a la Iglesia universal? ¿O se pretende que la Iglesia africana escuche a la Iglesia romana y no “saque los pies del plato”?

Al igual que hace 15 años, cuando se celebró la I Asamblea Sinodal para África, también ésta se ha celebrado en Roma. El lugar no es algo casual. El “dueño de casa” siempre va a poder marcar contenidos, tiempos, conclusiones…

Un poco de historia

El norte de África fue uno de los lugares donde el cristianismo se hizo presente en los primeros siglos con más fuerza. Allí se celebraron numerosos Sínodos africanos ente los años 220 y 534, especialmente en la ciudad de Cartago. Luego se impuso la centralización dentro de la Iglesia y se siguieron celebrando algunos sínodos diocesanos. Se puede afirmar que en África nacen los Sínodos como una forma de vivir la colegialidad y la diversidad dentro de la Iglesia.

En el siglo pasado, y en consonancia con lo que se fue gestando en el Concilio Vaticano II, la Iglesia latinoamericana empezó a buscar su propio rostro. La Asamblea de Río de Janeiro (1956) fue el primer paso de una serie de Conferencias Episcopales continentales donde la Iglesia ha ido buscando su propia identidad en la realidad de América Latina. Es un camino marcado por muchos conflictos, pero que nadie ha conseguido parar. Medellín, Puebla, Santo Domingo, Aparecida, son hitos en el camino de la Iglesia latinoamericana.

Roma pensó que no se podía permitir que las Iglesias de África o de Asia le crearan conflictos semejantes. Así nacieron las “Asambleas Especiales del Sínodo para África y Asia” y se determinó que su sede fuera el Vaticano.

Un tema importante y una pobre preparación

La I Asamblea Sinodal para África tenía como tema central “la evangelización”. A partir de los aportes sinodales, Juan Pablo II publicó el documento “La Iglesia en África”.Un documento que no ha llegado a la inmensa mayoría de las comunidades cristianas africanas y, como consecuencia, ha tenido muy poca repercusión en el caminar de la Iglesia africana.

Para esta II Asamblea se eligió un tema que afecta y tiene profundas resonancias en la vida diaria de los africanos: “La Iglesia Africana al servicio de la reconciliación, la justicia y la paz”.

Desde Roma llegó un primer documento de trabajo (Lineamientos). Este documento debía ser trabajado por las comunidades locales, hacer una síntesis a nivel diocesano y otra a nivel nacional. Una consulta que no se realizó en la mayoría de los lugares. De hecho el documento no fue traducido a la mayoría de las lenguas africanas, por lo que las comunidades y los laicos se vieron imposibilitados de dar su opinión.

El 19 de marzo, durante su visita a África, Benedicto XVI entregó a los obispos el “Documento de Trabajo”, base de las discusiones de la Asamblea celebrada en Roma.

Voces proféticas

Cada Padre Sinodal tenía 5 minutos para hablar. Debía llevar bien resumido lo que quería decir y hacía imposible un diálogo. Teóricamente éste debería darse en la segunda parte donde se reunían en grupos por lenguas.

Sin embargo se pudieron oír voces proféticas, como la del cardenal de Costa de Marfil, Bernard Agré, arzobispo emérito de Abidján, quien comenzó explicando que «las jóvenes naciones de África han tenido que recurrir a los bancos internacionales y a otros organismos financieros para realizar los numerosos proyectos encaminados a su desarrollo«. Ahora bien, denunció, «con mucha frecuencia, los dirigentes incapaces no han desconfiado lo suficiente. Y han caído en las trampas de esos hombres y mujeres que los iniciados llaman ‘los asesinos financieros’, los chacales apoyados financieramente por organismos avezados en los mercados desleales, que tienen como fin enriquecer los organismos financieros internacionales, hábilmente sostenidos por sus estados o por otras organizaciones sumergidas en el complot del silencio y de la mentira«.

«Las ganancias asombrosas van a parar a los asesinos financieros, a las multinacionales y a algunos poderosos nacionales, que sirven de tapadera a los negociadores extranjeros«, constató. De esta forma, «la mayor parte de las naciones continúan sumergidas en la pobreza y en las frustraciones que engendra», explicó el cardenal.

Mensaje Final

Al terminar la asamblea, los participantes dieron a conocer un “Mensaje Final” con el título “¡África, levántate!”. En la mayoría de sus 42 puntos, el documento “peca” de mirar más hacia el interior de la Iglesia que a la dura realidad de continente que la desafía.

No faltan momentos de “lucidez evangélica”, cuando por ejemplo afirma: “A los grandes poderes de este mundo les dirigimos una súplica: tratad a África con respeto y dignidad. África desde hace tiempo reclama un cambio en el orden económico mundial en cuanto a las estructuras injustas acumuladas que pesan sobre ella. La reciente turbulencia en el mundo financiero demuestra la necesidad de un radical cambio de reglas. Pero sería una tragedia si las modificaciones se hicieran sólo en interés de los ricos y una vez más en perjuicio de los pobres. Muchos de los conflictos, guerras y pobreza de África derivan principalmente de estas estructuras injustas” (n 32).

O también: “La consecuencia está a la vista del mundo entero: pobreza, miseria y enfermedades; refugiados dentro y fuera del país y en ultramar, la búsqueda de praderas más verdes lleva a la fuga de cerebros, emigración clandestina y tráfico de seres humanos, guerras y derramamiento de sangre, frecuentemente hechos por encargo, la atrocidad de los niños soldados y la indecible violencia hacia las mujeres. ¿Cómo se puede estar orgullosos de gobernar sobre un caos semejante?”(n.37).

El Sínodo ha terminado, pero el trabajo está por empezar. Si lo reflexionado y hablado por los obispos en Roma no llega a las comunidades cristianas, se quedará en un documento más. Si se pone en manos del pueblo puede convertirse en una herramienta importante para que la Iglesia en África sea más cercana.